Es obvio que en cualquier situación presidida por la razón del más fuerte, las más débiles son las primeras víctimas y las más numerosas. Así, mientras la razón de quienes asumen que atender a las mujeres es un asunto menor, de quienes argumentan que la igualdad entre hombres y mujeres es un tema ya agotado, de quienes plantean la desaparición de la Comisión de Equidad y Género, quienes no vislumbran la importancia de dotar de recursos públicos a la ley estatal que garantiza a las mujeres una vida libre de violencia, de quienes desde los puestos de toma de de-cisiones vivan tan alejados de las realidades que viven las mujeres que sufren violencia, seguirán perpetuándose los abusos, las injusticias y la falta de reconocimiento por las aportaciones so-ciales, culturales, políticas y económicas que las mujeres brindamos a la sociedad.
Así, las mujeres no podemos también permanecer indiferentes, no podemos permitir que el miedo nos siga paralizando, no podemos seguir poniendo la otra mejilla, no podemos permitir que la visión de los más fuertes siga prevaleciendo, no podemos cerrar los ojos cuando, por ejemplo, las cifras que refiere el presidente Felipe Calderón en su Tercer Informe de Gobierno, so-bre las llamadas recibidas en la línea 01 800 911 25 11 Vida sin Violencia, las mujeres en busca de auxilio realizaron 59 mil 166, es decir, el 89.8 por ciento y 6 mil 746, el 10.2 por ciento, fueron hechas por hombres; reportando que la violencia fue generada sobre todo por el esposo o la pareja, siendo el hogar el principal ámbito de ocurrencia.
Las mujeres tenemos mucho por hacer y decir contudentemente a quienes tienen la razón de la fuerza, porque las cosas pueden cambiar si estamos decididas a luchar por nuestro futuro y a transformar las tragedias que se encuentran detrás de una llamada telefónica. Forjarnos ese carácter firme de mujer que sue-ña con la igualdad de género, en-trelazando nuestras realidades y darnos la mano para exigir nues-tros derechos.
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