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Viernes, 13 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ENTREPANES 

Lo demás es pura vanidad

 
ALEJANDRA FONSECA

 

Con cariño y gratitud a José Luis Crespo

 

Lo importante es saber si hay vida antes de la muerte”. Parafraseo la afirmación de Eduardo Punset en entrevista con Arturo Rueda para Cambio. Tremenda frase. Días antes, mi amigo de hace muchos años, José Luis Crespo, me hizo una visita, y fue hasta que leí la entrevista de Punset, que entendí qué había pasado.

A José Luis lo conozco desde hace 23 años cuando empecé a trabajar en la administración municipal del Lic. Guillermo Pacheco Pulido. Entré directamente a la Sindicatura que entonces comandaba uno de los hombres que más admiro, mi maestro, Lic. Alejandro Antonio Carcaño Martínez, Síndico Municipal. Me mandó llamar para atender el fenómeno social de la prostitución que se había convertido en un conflicto. Las oficinas se encuentran en Palacio Municipal, corazón del Centro Histórico de Puebla, y seguido pasaba y paseaba por los portales donde José Luis tomaba café y nos saludábamos, llegando a compartir mesa y tertulias.

El miércoles pasado, 4 de noviembre, me encontraba en el Panteón de la Piedad. Soy la Coordinadora. Era medio día y un auxiliar administrativo me dijo que un señor quería verme y hablar conmigo. Respondí que lo hiciera pasar a la vez que salí a recibirlo. Fue una sorpresa encontrar a José Luis Crespo quien, enfermo y debilitado, me saludó con afecto. Venía con su esposa quien ahora lo acompaña y apoya ahora de manera cotidiana. Su señora me comentó que ya no salía, pero que había insistido en visitarme, lo que me hizo sentir muy halagada.

Camina con pasos cortos apoyado en un bastón. Ese día lo abracé y le ofrecí asiento en un cómodo sillón frente a mi escritorio. Me dijo que no, que su visita sería breve por lo que me quedé parada a su lado, junto a su esposa.

–José Luis, me da mucho gusto verte. ¿Cómo estás?, le pregunté con afecto.

–No me puedo ir sin decirte...

–¿En qué puedo servirte?

–No se me olvida.

–Soy toda oídos.

–Que tienes las piernas más espectaculares que he visto en mi vida.

(Silencio estupefacto)

–Me envaneces sobremanera, José Luis.

–No me quería ir sin decírtelo. Y ya me voy.

Lo acompañé a la puerta donde su esposa me comentó que está delicado, que ya no puede salir solo. Nos despedimos con un fuerte abrazo y un beso.

Grata y gran sorpresa. Lección de vida: no hay que irse con  pendientes. Sea una palabra, una frase, por banal o trivial que parezca, no hay que irse sin decirla.

En este contexto unos días después leí la frase de Punset. Fue una respuesta felizmente coincidente. Gracias José Luis, más que por envanecerme, me enseñas que así se actúa. En vida. Es en vida. Porque, precisamente, lo importante, como dice Punset, es que haya vida antes de la muerte. Lo demás es pura vanidad.

 
 
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