Los grupos de los partidos pequeños que a través de una alianza han alcanzado el poder entran en un proceso de confusión cuando está a punto de concluir el periodo por el que fueron electos y tienen la posibilidad de competir para prolongar su mandato.
Los procesos electorales intermedios no se les complican porque es el mecanismo a través del cual se ordenan los grupos emergentes y los grupos institucionales, lo que permite incorporarse a la administración pública y la cercanía con el poder.
La decisión de la continuidad al considerar un patrimonio partidista, bajo la lógica que cedieron sus derechos a un político ajeno a su partido, pero fueron sus siglas con las que se obtuvo el triunfo, obliga a ceder la sucesión a un militante puro.
La aparente unidad que proporcionaban los escasos recursos, posiciones y dinero público, se trastoca y todos aquellos que han participado de la administración pública se consideran con el derecho de reclamar un lugar en la decisión.
El interior de los partidos se descompone, las células comienzan a moverse de forma muy desorganizada y poco a poco van decantándose hasta formar unidades primarias de identidad con algún liderazgo.
El proceso interno para la definición del Consejo Político del Partido Acción Nacional mostró las fisuras y el peso significativo que tiene la palabra “presidente”, lo que permitió que el concepto de partido tomara significado.
Esta circunstancia inocula al PAN de un virus que como en los demás partidos se convierte en el elemento central del fracaso y con ello no logrará la ratificación del gobierno para el mismo partido.
La candidatura al gobierno del estado en el PAN queda en sólo dos posibilidades, un candidato del presidente de la República o uno del mandatario local, lo que hace que las propuestas sean mutuamente excluyentes.