He de decir las cosas tal cual son: nuestra sociedad poblana es extremadamente hipócrita, con un doble discurso. Sé que lo que estoy diciendo resultará la confirmación hasta aburrida de un saber popular, que de tan sabido, resulta reiterativo; o a lo mejor, vulnero hasta las más íntimas fibras de un sentimiento de patriotismo regional que determina que el pueblo poblano fue elegido por los dioses, y que de tan guapos se parecen a los de 300 y de tan guapas a las vaqueritas de Dallas. Los habrá que digan que los mamucos son los de la ciudad y que qué culpa tienen todos los que vienen o viven en el interior del estado: “nosotros no somos iguales que los de la ciudad, invadida de chilangos…” Pues lo siento, pero ahora le tocará a todos, aunque como de costumbre en este espacio, especialmente a esa Puebla mocha y bien lengua larga que generalmente predica con el ejemplo (de lo que no se debe hacer).
Resulta que por diferentes calles y avenidas de esta ciudad trazada por los mismísimos ángeles, han aparecido anuncios espectaculares de antros de baja denominación, con mujeres que incitan al pecado y que nos dejan babeando embrutecidos por la sabrosura. Se trata de publicidad para los famosos tables dances, o como dirían mis cuates de la Buenos Aires en México, pelódromos. Por si fuera poco, camiones de diversas rutas llevan en la parte trasera la misma publicidad, para que la masturbación nos acompañe doquiera que vayamos. La verdad es que, de no ser por la falsa moral, los dobles o triples discursos, no podríamos entender semejante barbaridad. Y no me refiero a que es malo que aparezcan anuncios de esos antros: mientras no violen las leyes, no anuncien el consumo de pornografía infantil, y no se obligue a nadie a entregar el cuerpecillo, no veo mayor problema. La barbaridad está en la doble moral, en el buscar a toda costa que nuestros jóvenes resistan la tentación del maligno y eviten agarrarse la tortita mutuamente, y a la vez, permitir sin ningún empacho que exista esa publicidad. Las hermanas de la veladora, las del divino predicado, o las piadosas de María (por supuesto no Magdalena, esa era bien cusca), han permanecido calladas. No se ven manifestaciones en el puente de Ciudad Judicial exigiendo que quiten a las mega sabrosas de ciclópeo espectacular que hay ahí, y tampoco he visto que se embarre a huevazos de indignación los camiones con esa publicidad. Por el contrario, lo que sí se ven son linchamientos en el discurso e inquisiciones en lo legal a esas mujeres “impías” que realizan abortos y toman anticonceptivos. Incluso los medios tan religiosos últimamente han callado el caso. Por cierto, tampoco he visto que los defensores de los derechos de las mujeres hagan algo al respecto. Quizá sea que el gusto por las chicas del tubo trasciende partidos e ideologías.
Lo que pasa es que lo que están dañados son el diálogo, el respeto y el sentido común. Una sociedad más informada, por fuerza tiene mayores oportunidades para enfrentar todos los problemas que se le presenten. Yo recomiendo retomar la lectura de una vieja conocida de generaciones pasadas igualmente calenturientas: la grandiosa Xaviera Hollander. Hace muchos años ya, por azares del destino que uno no puede comprender, me hice de un texto de esta mujer, de pura chiripada, y sin realmente buscarlo: lo cierto es que ni siquiera había oído hablar de ella. Xaviera –de origen holandés– después de haber ejercido la prostitución con deleite, consiguió una columna en la prestigiosa revista Playboy –sin importar que sea una revista porno, no cualquiera publica en ella– donde orientaba a los lectores –mayoritariamente hombres– sobre las posibilidades de la sexualidad. El libro Xaviera Super Sexo compila varias de esas colaboraciones. Quitando el origen tanto de la autora como de sus publicaciones, lo cierto es que se trata de una excelente guía para acercarnos a nuestra propia sexualidad, de manera sencilla, divertida y hasta didáctica, pues al describir procedimientos y lo que se espera de ellos, bien pudiera resultar un manual para leer en pareja. Es probable que se me tilde de enfermo y calenturiento, y que se comente que estoy propiciando con esta lectura la entrada de la lujuria en todas las casas. Lo dudo, estoy convencido de que si las personas y las parejas pudieran entender su propia sexualidad, habría un cambio de mentalidad; lo que es más, ello llevaría a los padres a orientar mejor a sus hijos, y por ende, ya no habría la necesidad de legislar en contra del aborto ¡pues nadie abortaría! Vean qué fácil y qué barato, con leer un texto todo lo que se puede avanzar. Sé que leer a Xaviera no habrá de resolver los problemas en torno a la sexualidad en nuestro país. Pero estoy seguro que una sociedad que deja pasar unas, y otras –las menos graves– las condena, es una sociedad que eventualmente se dejará seducir por el maligno, que no se esconde en la inocencia de dos adolescentes entendiendo sus cuerpos y su vida; reside, eso sí, en la mano que arroja la primera piedra y en lo que ocasiona que exista tanto pelódromo en esta ciudad. Bien dicho: de limpios, jariosos y glotones están llenos los panteones.