Desde el Paseo Bravo, sobre todo Reforma, hasta llegar al zócalo poblano, el paso estaba cerrado. El gentío, los vehículos y el excesivo número de elementos de seguridad se habían apoderado del primer cuadro de la ciudad. El motivo: la participación de la agrupación boricua Calle 13, que la noche del martes reunió a 20 mil almas que se desbordaron de la plancha del zócalo para ocupar las calles que circundan el Centro Histórico.
Directo y sin escalas, la agrupación viajó desde Argentina para presentarse el martes en la undécima edición del Festival Internacional de Puebla (FIP) y poner a bailar a todos, con celular y cámara en mano, para captar hasta el más mínimo detalle.
Residente y Visitante llegaron puntuales y abrieron la noche con el tema No hay nadie como tú, y desde entonces la euforia se apoderó de lagente, que enfurecidamente, al ritmo de los acordes de los nueve músicos de Calle 13, se balanceaba de un lado a otro.
Apenas había transcurrido la primera canción cuando dos chavas que eran presa de la seducción oportuna de la masa fueron pasadas en hombros al frente del escenario, en el área destinada a prensa, y donde también permanecían, ajenos, el secretario de Cultura, Alejandro Montiel, y el secretario de Desarrollo Social, Javier López Zavala.
La agrupación interpretó La cumbia de los aburridos; luego se aventó un melódico rap, vino Fiesta de locos, La perla, dedicada a los barrios de Latinoamérica, La Jirafa, El tango del pecado y al grito de Residente: “¡Puebla vive! Mi sangre, vamos a brincar un poquito... estamos vivos, cabrones”. La fiesta se hizo. Esto provocó el lanzamiento de zapatos, cuadernos, incluso una almohada que rebotaba de una esquina a otra entre el tumulto.
Con Un beso de desayuno, subió a una chica del público, a quien le cantó al oído, mientras el resto gritaba a coro: “quítate la playera, papito”. “Ya tengo las tetillas a punto de caer; no sabía del frío”, expresó enfundado en unos pants y una rala camiseta blanca.
De fondo, una monumental pantalla dividida en secciones, para los que no lograron ocupar los primeros lugares. La valla metálica, que dividía el escenario del público, apenas resguardó los empujones de los fans que pretendían llegar a su ídolo.
Para la mitad del recital, sin duda, la organización y los elementos de seguridad eran rebasados por la energía de los asistentes. El saldo superaba los 15 desmayados, dos convulsionadas y Víctor López, de 18 años, procedente de Tlaxcala, que había sido alcanzado por el filo de una navaja.
Emulando al movimiento zapatista, Residente incitó al público, mayoritariamente joven, “el pueblo manda y el gobierno obedece”, y los vítores en apoyo se dejaron escuchar, al unísono.
Y llegaron las primeras declaraciones políticas: “el alcalde de Puerto Rico no dice lo que está pasando allá, hay que informar y no desinformar. No hay que temer, además qué me podría pasar, nada, sólo que me metan un plomazo”, expresó ácidamente.
Después: “George Bush es el peor presidente que ha tenido Estados Unidos, y al que no le guste se puede largar pal’carajo. El tema de Pal’Norte va pa’toda la gente que se va de su país para trabajar otras tierras. Aquí todos somos residentes, con el corazón en la mano se lo dedico a todos los migrantes del mundo. A ver si no fallan los pinches micrófonos”.
El concierto estaba apunto de culminar, eran las 9:30 de la noche, y “apenas me estoy levantado. Si lo hago, ya se jodieron en toda la noche”. A ritmo pegajoso de hip hop, tocó Atrévete y, aunque excitada, la masa pidió más, él y Visitante abandonaron el escenario, tras la entrega de un reconocimiento de la Secretaría de Cultura por participar en el FIP.
Eso no importó: el público quedó saciado de hora y media de buena música creativa y alternativa. Los chavos abandonaron el zócalo con un buen sabor de boca y comentarios, como “qué bueno que estuvimos aquí. Esto será histórico”. La leyenda de Calle 13 apenas se está escribiendo.