El conocimiento que los seres vivos poseen del medio que les rodea se inicia con la adquisición de información a través de los receptores sensoriales. Los mecanismos de transducción sensorial permiten convertir los estímulos, tanto externos como internos, en actividad nerviosa. El sistema nervioso utiliza esta actividad nerviosa para interpretar el mundo exterior. Escuchamos con el cerebro y no con el oído, vemos con el cerebro y no con los ojos, de igual forma, amamos con el cerebro y no con el corazón o con el hígado como antiguamente señalaban dirían algunas civilizaciones.
El amor romántico se caracteriza por estar dirigido hacía una sola persona. Es un sentimiento complejo donde se involucran componentes eróticos, emocionales, cognitivos y comportamentales. El estudio del amor romántico es la investigación sobre el sentimiento que conforman estos componentes. Algunos, como el erótico, pueden actuar independientemente; sin embargo, no así los otros componentes, todos ellos son una parte integral del amor romántico. Los estímulos visuales juegan un papel prominente en el despertar y mantenimiento del amor romántico1.
El enamoramiento está asociado a estados de euforia, a la focalización de la atención intensamente sobre la persona preferida, a pensamientos obsesivos sobre él o ella, y a la dependencia emocional. El amor romántico produce angustia y una unión emocional frenética con la persona amada. Esto viene acompañado con un aumento vertiginoso de energía2. El estado eufórico y la atención focalizada han orientado a los investigadores a sugerir que el sistema de motivación y recompensa del cerebro humano están involucrados en el amor romántico. Todo indica que este sentimiento está fuertemente ligado al sistema dopaminérgico de recompensa.
Se han descrito tres sistemas dopaminérgicos principales en el cerebro:
a) El sistema nigro–estriado, donde los cuerpos celulares se hallan localizados en la sustancia nigra y sus axones proyecta hacia el neoestriado (núcleo caudado y putamen). Como parte del sistema extrapiramidal se encuentran los otros dos sistemas dopaminérgicos.
b) El sistema mesolímbico y mesocortical, que se origina en el área tegmental ventral del mesencéfalo, y envía sus axones hacia estructuras estriatales, límbicas y corticales
c) El sistema tuberoinfundibular, con fibras relativamente cortas que nacen en el hipotálamo (núcleo arcuato y periventricular) y terminan en la hipófisis (lóbulo intermedio) y la eminencia media3.
Desde hace mucho tiempo se ha sabido que el núcleo caudado (región en forma de C que se encuentra cerca del centro del cerebro) participa en la dirección de los movimientos corporales. Sin embargo, hasta hace poco no se había descubierto que este enorme motor forma parte del sistema de recompensa del cerebro, la red mental que controla la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para conseguir recompensas4. El caudado nos ayuda a detectar y percibir recompensas, discriminar entre varias y esperar una de ellas. Genera la motivación para conseguir una recompensa y planifica los movimientos específicos para conseguirla. El caudado también está asociado al acto de prestar atención y al aprendizaje.
Otra área importante del sistema de recompensa del cerebro, que participa directamente el amor romántico, es el área ventral tegmental (AVT). El AVT es la veta madre de las células que generan dopamina. Con sus extensiones (axones) en forma de tentáculos, estas células nerviosas distribuyen la dopamina a numerosas regiones cerebrales, incluido el núcleo caudado. La descarga de dopamina en estas regiones cerebrales ocasiona una acción concentrada además de una energía intensa, una motivación centrada en conseguir una recompensa y sentimientos de euforia e incluso de manía.
Estudios neurocientíficos han catalogado a los neurotransmisores presentes en el cerebro que parecen estar directamente relacionados con la experiencia del amor. Entre ellos se encuentran la dopamina, la norepinefrina, la serotonina, oxitocina, la vasopresina y el factor de crecimiento neuronal5. Además, de estar involucradas en las sentimientos de amor las hormonas estrógeno y testosterona, ésta última es importante que se encuentre en niveles adecuados, tanto en hombres como en mujeres, para un comportamiento sexual satisfactorio6. La dopamina, la norepinefrina y la serotonina comúnmente se encuentran más identificadas con la fase de atracción de la relación de pareja. La oxitocina y la vasopresina parecen estar mucho más identificadas con las uniones de largo plazo y con las relaciones más estrechas.
Los niveles elevados de dopamina en el cerebro producen una gran concentración de la atención, así como motivación inquebrantable y una conducta orientada a un objetivo. Además, este neurotransmisor ha sido asociado con el aprendizaje de los estímulos novedosos. La intervención de la dopamina en el amor romántico puede incluso explicar por qué los hombres y las mujeres enamorados se vuelven tan dependientes de su relación amorosa y por qué ansían la unión emocional con su amado. La dependencia y el ansia son síntomas de adicción, y todas las adicciones importantes están asociadas con altos niveles de dopamina7. Directa o indirectamente, casi todas las drogas afectan a un mismo recorrido cerebral, el sistema de recompensa mesolímbico, activado por la dopamina8. El amor romántico estimula partes de este recorrido con la misma sustancia. Los neurólogos Andreas Bartels y Semir Zeki, utilizando la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (IMRf), encontraron que muchas de las áreas del cerebro que se activan en el consumo de cocaína y heroína son las mismas que se activan en los sujetos enamorados9. La imagen del IMRF registra el flujo del cerebro. Cuando las células del cerebro estén activas requieren mayor flujo de sangre para así poder obtener oxígeno. Los flujos sanguinos son registrados en la imagen pudiéndose identificar, de esa forma, las áreas que se encuentran activadas.
El inicio de un amor romántico intenso se asocia a regiones cerebrales que tienen que ver con metas y recompensas, y lejos de ser una emoción específica, el amor romántico se puede caracterizar mejor como una motivación o un estado orientado a metas que con lleva varias emociones diferentes, como lo serían la euforia y la ansiedad. El amor romántico se produce, entonces, por una constelación de sistemas neuronales que convergen en regiones dispersas del núcleo caudado, donde, a su vez, existe un mapa combinatorio flexible representando estímulos motivacionales y memoria, dependiendo del individuo y el contexto.10
1 NeuroReport, (2000) Vol 11, No 17, p. 3829–3834
2 Human Nature(1998) 9:2352
3 Simón Brailowsky, Las sustancias de los sueños, ed. Fondo Cultura Económica, (2008), México, p. 77–79.
4 Journal of Neurophysiology (2000), 84: 3072–3077
5 FEBS Lett. (2007), Volume 581: 2575–2579. PMID 17531984
6 Journal of Endocrinology, (2005) Volume 186 pages 411–427.
7 Helen Fisher, Por Qué Amamos, séptima ed. Taurus (2009), México p 70–71
8 Science, (1997), 278 (5335): 45–47
9 NeuroReport, (2000) Vol 11, No 17, p. 3829–3834
10 Journal of Neurophysiology (2005), 94:327–337
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