El gobierno federal anunció el fin de la recesión, señalando que en el tercer trimestre se había crecido en 2.7 por ciento con relación al segundo trimestre del presente año, y como consecuencia de ello derivan que se crecerá 3 por ciento en 2010. Algunos dirigentes empresariales han dicho que “si ya se tocó fondo, el despegue va a ser indudable”.
Las estadísticas publicadas hasta ahora por el Inegi sobre la actividad económica dan sólo información hasta el mes de agosto, y los primeros ocho meses del año muestran una caída de 8.57 por ciento en relación a igual periodo de 2008, a pesar de que el mes de julio muestra un crecimiento de 2.8 por ciento en relación al mes anterior, pero el mes de agosto muestra una caída de 2 por ciento en relación a julio. Así, el tercer trimestre de 2009 puede mostrar un crecimiento de 2.7 por ciento en relación al segundo trimestre, y de ahí se deriva que el mes de septiembre mostrará una caída anualizada en relación al mismo mes de 2008 de 8.7 por ciento, y reflejará una caída de 3.9 por ciento en relación al mes anterior, por lo que no hay de que alegrarse, ni decir que la recesión ha sido superada, ni mucho menos que el despegue va a ser indudable.
La economía no tiene condiciones endógenas, ni exógenas de crecimiento. El mercado interno sigue contraído, y no hay perspectivas de que repunte, dados los altos nieles de capacidad ociosa, como la caída del empleo y de los salarios reales. A ello se suma el alza de impuestos del IVA y del ISR anunciados para el próximo año, como la caída del gasto corriente y de inversión pública, lo que contraerá más la demanda interna.
Los factores externos no tienen perspectivas de actuar en forma positiva. Prosigue la volatilidad del precio del petróleo, y las exportaciones petroleras y no petroleras siguen cayendo, al igual que las remesas. La economía estadounidense no se recuperará fácilmente, dados los altos niveles de endeudamiento que tienen las familias, lo que las llevará a tener que restringir su consumo por varios años, para poder cubrir el reembolso de sus deudas, dado que no se vislumbra incremento de empleo y de salarios reales que mejore su poder adquisitivo. Asimismo, el gasto deficitario del gobierno de dicho país irá disminuyendo en los años subsecuentes, lo que mantendrá restringida la demanda y su actividad económica, por lo que no tenemos perspectivas de que se dinamicen nuestras exportaciones, ni que aumenten las remesas, ni la entrada de inversión extranjera. Ello debería llevar a las autoridades federales y al Congreso, a repensar y modificar la estrategia seguida hasta ahora de crecimiento hacia fuera, dado que no hay perspectivas de que vuelva a dinamizarse el mercado externo. La crisis de los años treinta del siglo pasado nos llevó a volcarnos hacia el mercado interno, a fin de disminuir la vulnerabilidad externa y alcanzar dinámicas más autosustentadas.
La economía nacional no saldrá de la recesión al proseguir la política de apertura comercial y financiera, así como la política monetaria y fiscal restrictiva y un tipo de cambio no competitivo. Los tratados de libre comercio favorecen más la entrada de mercancías al país (las cuales desplazan a la producción nacional y presionan el déficit de comercio exterior), que las exportaciones, dada nuestra baja competitividad y la restricción del mercado externo. Al seguir tal política, continuará filtrando hacia importaciones la demanda existente, la cual no genera efectos multiplicadores internos a favor de la producción, del empleo y del ingreso, por lo que seguirá contraída la actividad económica. Asimismo, el libre movimiento de capitales obliga a mantener altas tasas de interés y políticas fiscales restrictivas de disciplina fiscal, lo cual mantiene deprimida la actividad económica. El presente contexto de incertidumbre está propiciando fuerte salida de capitales, lo que está descapitalizando más a la economía nacional, además de llevarla a un sobreendeudamiento externo para satisfacer la demanda especulativa. De ahí, que al proseguir con las políticas de libre mercado y de “estabilización” macroeconómica, la economía seguirá recreándose en la crisis, por lo que el gobierno y la cúpula empresarial no tienen que echar las campanas al vuelo.
Nada ha cambiado para salir de a crisis. No será por arte de magia que ello se logre. Ni tampoco hay que esperar que la economía de Estados Unidos salga de la crisis, para que lo mismo acontezca en el país, pues nos quedaremos esperando. Mucho menos saldremos de la crisis con el paquete económico aprobado en el Congreso, sino por el contrario, éste actuará en forma pro–cíclica, ya que contraerá la demanda interna.
Los partidos mayoritarios que aprobaron el paquete de ingresos 2010, ahora están llamado a realizar una convención fiscal. Cabe señalar que la problemática del país va más allá de lo fiscal. Hay que debatir también la política monetaria, la de tipo de cambio, así como los tratados de libre comercio, al igual que la libre movilidad de capitales, y el funcionamiento del sector bancario y financiero, ya que todo ello nos ha llevado a la crisis profunda que enfrentamos. Las directrices del debate deben colocar en el centro el crecimiento hacia el mercado interno, sustentado en el desarrollo del sector agrícola e industrial, y en el pleno empleo, y a partir de ahí, definir la política macroeconómica, como la política comercial y financiera que viabilicen el mayor encadenamiento productivo, así como la autosuficiencia alimentaria, el incremento de empleo y salarios reales.
La política económica debe responder a las demandas y reclamos nacionales, y no a los intereses de los dueños del dinero como ha sido hasta ahora. Se requiere de voluntad y fuerza política para reconstruir un proyecto de nación incluyente. A cerca de 100 años de iniciada la Revolución Mexicana, aun dista mucho la construcción de un proyecto nacional que satisfaga las necesidades básicas de las grandes mayorías.