Llama la atención el hecho de que en los tres talleres llevados a cabo en Cuetzalan para realizar el ordenamiento territorial, una de las mayores preocupaciones sea la forma en que se entregan los recursos del programa federal Procampo. Esto se debe a que en la región existe un fuerte rentismo, ya que los propietarios de la tierra, grandes propietarios en algunos casos, no son quienes la trabajan, sino los medieros, pero ellos reciben el beneficio federal y además el monto del alquiler de esas tierras, en dinero o en especie. Esto mismo se denunció en Reyeshocpan. La tierra no es de quien la trabaja.
Hay varias versiones de lo que quiere decir Reyeshocpan, una de las siete juntas auxiliares de Cuetzalan. La más común afirma que significa “camino de los reyes” o “camino a los reyes; derivado de esta última se dice que era el camino a Reyes de Vallarta, la población principal de un municipio vecino. Es la tercera mesa de trabajo para el ordenamiento territorial de Cuetzalan que lleva a cabo la UAP.
Es la junta auxiliar más pequeña, pero la que mayor número de asistencia reunió: 192, la mayoría con sus vestidos indígenas de domingo, todos hablando náhuatl. Como una concesión, responden en castellano las preguntas de los talleristas del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder), pero no dejan de intercambiar comentarios en mexicano.
Hoy hace calor, a diferencia de las semanas anteriores, que no dejó de llover; y la constante evaporación de suelo produce un ambiente de temazcal que a nadie parece molestar. En la mesa 1, coordinada por Mónica Olvera y Argelia Arriaga, enumeran siete comunidades integrantes de la junta, entre ellas, Tepetitan, un pueblo que alcanza a adivinarse en el espléndido panorama de la sierra que hoy se puede disfrutar hasta que el río Zempoala se pierde en el Apulco.
Desastre histórico
El señor Nicolás Francisco Gerónimo nació en Yohualichan, pero se fue a vivir a Tepetitan, porque de allá es su mujer; “yo bajaba para allá a ayudar a hacer las escuelas que el huracán destruyó, ya no me acuerdo si en 1955 o 56; mucha gente se murió al lado del río y acá arriba hubo también muchas casas que se cayeron, y las escuelas con techo de palma volaron. Entonces se reconstruyeron en Tepetitan y el pueblo comenzó a crecer, hoy tiene como 3 mil habitantes”. Es una reubicación espontánea del año 1955, luego de que el huracán Janette azotara la región produciendo grandes daños, lo que prueba que la furia meteórica en la región no es reciente.
En la mesa que coordina Alejandra López reiteran lo dicho en la sesión inicial: dos grandes problemas les preocupan, la reducción en la disponibilidad de agua –lo que resulta muy llamativo por ser Cuetzalan uno de los dos lugares en los que más llueve en el país, unos 4 mil milímetros promedio al año– y la paradoja de que se les apresa a los indígenas del lugar por cortar un árbol, pero se permite que grandes madereros metan maquinaria para talar importantes extensiones de monte.
En estas dos mesas el aire corre porque hay pocos muros, pero en el aula nueva de más arriba el calor es insoportable, y a pesar de ello la discusión de los problemas productivos no mengua. Lluvia Gómez y Ambrosio Castañeda la conducen. Las informaciones y propuestas fluyen en ella, pero la producción de café orgánico ocupa buena parte de la mañana.
Es sobrecogedor ver este escenario participativo, bilingüe y multicultural en el que predominan los colores de los indígenas nahoas. En la mesa que coordina Samuel Contreras, también en un aula nueva, el tema forestal predomina, y pareciera ser la preocupación más recurrente en esta comunidad; mientras, en la que conducen Argelia y Mónica, ha despertado una discusión sobre quiénes trabajan más, los señores o las señoras; como suele suceder, no hay acuerdos en la materia, pero tampoco es ya un tabú hablar aquí del problema.
En el recinto de la clínica, también reducidísimo para el número de participantes, la temática es la salud, y el médico Rafael Pagán anota los comentarios sobre la calidad del servicio, la ausencia de atención local adecuada y el poco respaldo oficial. Susana Rappo no tiene dificultad en estimular la discusión, fluye casi sola.
El presidente auxiliar de Reyeshocpan, Nazario Diego Téllez, fue presidente de la cooperativa Tosepan Titataniske. Es de suponerse que buena parte de la población ha pertenecido a la organización desde hace tiempo, y ello se refleja en la dinámica del trabajo que se desarrolla: muy puntual el inicio de la sesión, muy numerosa la presencia, muy participativa la concurrencia, mucha asistencia para servir el café y los alimentos. Inclusive se cuenta con la asistencia de los dirigentes históricos y los jóvenes de la Tosepan.
Álvaro Aguilar, fundador de la organización, celebra que se esté llevando a cabo este ordenamiento territorial, porque “hay muy serias amenazas contra Cuetzalan y su población”, ya que hay intereses muy grandes que pretenden apropiarse de los mejores terrenos para hacer desarrollos empresariales que no tienen nada que ver con los cuetzaltecos. “Se habla incluso de un plan de ordenamiento del Totonacapan que integra estas pretensiones”, desplegado por los gobiernos federal y estatal y que ya ha producido conflictos locales.
Aguilar estima que es muy importante que el ayuntamiento y su titular, Manuel Morales, estén trabajando para sacar este instrumento adelante y con él establecer la plataforma necesaria con la cual despegar las mejores potencialidades de los pobladores de este lugar, que cuenta con más del 70 por ciento de gente indígena, básicamente nahoa.
La cultura nahua tiene su expresión más importante en la Sierra Nororiental y en particular en este municipio, indica Aguilar, y se ha conservado mucho mejor que en otros lugares gracias a la resistencia y organización comunitaria. Dice también, por ejemplo, que algunas de las plantas del lugar se han difundido a todo el mundo, como una pimienta de altísima calidad, y que eso merecería que los habitantes los aprovecharan más e incluso que se le clasifique como originaria del lugar.
Los coordinadores generales indican un receso para repartir los itacates que produjeron los integrantes de la administración de la junta auxiliar y la Tosepan. Las muchachas de la mesa de acreditación, Brenda Rodríguez y Mariana Guzmán, y los ingenieros encargados de filmar y fotografiar, Carlos Tovar y Vicente Nolasco, pliegan velas y se suman a la concurrencia. Alejandra Meza, coordinadora del grupo de talleres, y Erwin Slim, el representante del ayuntamiento e incansable promotor del ordenamiento, dan un respiro a sus trabajos de coordinación para comer el contenido que encierran unos hermosos atadillos de hoja de plátano: huevo duro, un trozo de carne y enchiladas, todo muy bueno, acompañado por agua de jamaica y los jarritos que Erwin transporta de una comunidad a otra, con muy buen café; “es de Tosepan ese café”, presume Mayolo Rodríguez , uno de los coordinadores de la cooperativa. Beto Hernández, operador del Cupreder, va de un lado ayudando a los organizadores, pero reserva también para sí un par de itacates.
Conclusiones
Las conclusiones empiezan a presentarse; son extensas. Nadie se mueve a pesar de que el calor arrecia hacia las 3 de la tarde. Primero en castellano y enseguida en mexicano. Es de celebrarse la diversidad cultural respetada y aprovechada por todos.
Manifiestan sus posturas respecto de la contaminación con herbicidas que ha deteriorado el crecimiento de quelites, de especies vegetales y animales muy importantes; la contaminación de escurrimientos y cuerpos de agua; la permisividad de las autoridades para que grandes taladores corten muchos árboles de cedro, caoba, carboncillo y otros hasta haberlos convertido en esta parte de la sierra media en casi una rareza, mientras meten a la cárcel a los habitantes de estas comunidades a veces hasta por llevar leña. Hablan de organizarse mejor para evitar estas actividades “avaladas por la Semarnat”, señalaron varias veces, y, por el contrario, plantean que es necesario agregar valor a estas maderas haciendo muebles y otros productos en las mismas comunidades.
El listado de problemas y propuestas es conciso pero abundante. Preocupa mucho la intromisión de personas y dependencias con la pretensión de quitarles sus terrenos o el agua, “que cada vez es más escasa”, recuerdan una y otra vez. Algunos mencionan que esto se debe a que aguas arriba hay muchas desviaciones de los ríos que alimentan los pueblos. Pero también les agobia el elevado precio de las llamadas telefónicas, el ausentismo de los profesores –a pesar de que hay unos 700 en Cuetzalan, asegura uno de ellos–, y la mala o nula atención médica.
Otra preocupación es el abandono del campo por los jóvenes, por efecto de la falta de oportunidades, del avasallamiento de la cultura externa, de la televisión. La manipulación de los programas federales Oportunidades y Procampo es denunciada aquí también, como en los anteriores talleres.
Creen posible que todos estos problemas sean corregidos desde un ordenamiento del territorio, a condición de que seriamente sea considerado como un instrumento de ellos mismos, hecho y defendido por las comunidades.
Una apreciación
Presenciar esta asamblea produce una sensación excepcional, algo así como estar arriba de un techo de dos aguas, desde el que se puede rodar para un lado o para el otro. O es una reunión del pasado, un cuadro que va a desaparecer muy pronto; o es el inicio de algo que sirva para mejorar su territorio, lo que es decir su vida y su cultura. Se ven los cuellos y los rostros morenos salir de sus blanquísimas indumentarias, las mujeres con sus dorados collares y sus tocados de encaje encima, o los sombreros sobre sus peluqueadas cabezas de los señores. Y pienso que es un privilegio estar aquí, entre los guardianes de la historia originaria de estas tierras con su forma tradicional de verse como parte de la naturaleza y no usarla simplemente, a la manera occidental, como una suma de mercancías para el cambio. Podrían ser los actores de un futuro que mejoraría las cosas para ellos y para todos.