Hace 50 años y unos cuantos meses más que Fidel Castro arrebató el poder a Fulgencio Batista en Cuba. Era ese un momento de suprema tensión entre las potencias que libraban la llamada “guerra fría”, iniciada tan pronto concluyó la Segunda Guerra Mundial.
Fidel Castro había arribado tres años antes a Cuba en el yate “Granma”, procedente de México y al desembarcar en la isla fue atacado por el ejército y dado por muerto por el régimen de Batista. Para Febrero de 1957 las noticias sobre su muerte se derrumbaron cuando se publicó una entrevista del líder guerrillero con el periodista del New York Times, Herbert Matthews. A pesar de los desmentidos del régimen isleño la veracidad de la nota se confirmó mediante la publicación de fotografías del periodista con el guerrillero.
El 1 de enero de 1959 el “ejercito” revolucionario tomó la Habana y puso en fuga al dictador Batista. De eso hace ya medio siglo. A medio siglo de distancia Fidel Castro sigue vivo, permanece como el poder tras el trono y como guía moral de los destinos de una revolución que parece perder el músculo día con día, simultáneamente con la pérdida de vitalidad de su líder perpetuo, y esto a pesar de haber logrado sobrevivir a décadas de bloqueo económico norteamericano, a una invasión “paramilitar” fallida y al derrumbe del “socialismo real”.
Hace 50 años un gobierno “comunista”, pro comunista, pro–soviético, o como se le quiera llamar se asentaba a 90 millas de la Florida. A las puertas del imperio norteamericano. Y desde ahí amenazaba con incendiar a toda América Latina. Colombia, Bolivia (con el Che), Uruguay, Chile, Guatemala, Colombia, Venezuela, Perú, entre otros países, al igual que México se vieron invadidos por movimientos insurgentes de todos tipos y colores. El mundo parecía girar velozmente a la izquierda.
Ninguno logró el triunfo por la vía armada. Solamente el presidente mártir, el presidente ingenuo, el doctor Salvador Allende, llegó al poder por la vía del voto pero sucumbió ante el otro poder, el poder de los intereses políticos y económicos conjurados en su contra.
¿Cuántos miles, millones de muertos costó la aventura socialista en América latina? El Plan Cóndor, puesto en marcha por los gobiernos de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, encerró en una trampa para ratones a miles de guerrilleros y combatientes civiles de estos países que perecieron sin dejar huella ni rastro. La Guerra sucia en México y Centro América llevó a los mismos resultados. En Colombia ha sobrevivido una guerrilla anacrónica y trasnochada que ya se encuentra en vías de extinción.
Las dos potencias, los dos imperios, el Oriental y el Occidental dirimían sus diferencias y disputaban por los territorios preparándose para la hegemonía mundial.
Los pro–capitalistas auguraban su triunfo, en aras de la libertad. Sus adversarios pronosticaban .con absoluta seguridad– el advenimiento del socialismo, por medio de la dictadura del proletariado, porque así lo había determinado el análisis de la historia. Historia que, vista desde el pasado, permitía una proyección irremediable hacia el futuro.
Miles de jóvenes vieron en la llegada de Fidel Castro el inicio de un futuro más justo, más igualitario, menos opresor, para millones de indígenas y mestizos que desde la Conquista Española han sufrido a una sociedad racista discriminadora, opresora, terriblemente desigual. Con sus esperanzas perdieron también sus vidas o su libertad. Si vivieran hoy no podrían creer que en los Estados Unidos gobierne un presidente negro, y que haya gobiernos socialistas moderados en Chile, Brasil, Ecuador, Venezuela, Bolivia. Eso mientras en la antigua Unión Soviética gobierna un dictador, ex comunista, y que mantiene un régimen económico netamente capitalista, mientras toda la Europa Oriental ha dejado de pertenecer a la antigua y ahora inexistente Unión Soviética desde hace ya 20 años. Cuatro lustros, casi una generación, Los jóvenes que hoy votan, los hombres y mujeres que actualmente inician su vida profesional y familiar, no conocieron ese imperio socialista que, simultáneamente a la entrevista MatthewsCastro lanzó al espacio el primer satélite artificial, el Sputnik, que asombró al mundo en 1957.
Ni a ese Nikita Kruschev, el premier soviético que puso al mundo al borde de una guerra nuclear por haber mandado cohetes nucleares a Cuba y que en un juego maestro de ajedrez político, aterrador, frío, calculador hasta el punto del paroxismo, logró arrancarle al presidente Kennedy un acuerdo para no intervenir militarmente en Cuba, el cual ha permitido al régimen castrista sobrevivir tanto tiempo. Más que a la misma Unión Soviética.
En 1959, hace 50 años, parecía iniciarse, en Cuba, el derrumbe del imperialismo norteamericano. Hace 20 años, en 1989, se iniciaba el derrumbe del imperialismo soviético con el derrumbe del Muro de Berlín. Los países de la Europa Oriental, antaño miembros del Pacto de Varsovia y con economías socialistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pertenecen actualmente a una Unión Europea, capitalista, e imposible de imaginar como tal hace un cuarto de siglo. Una Unión Europea que era imposible de prever, y mucho más de pronosticar, por aquellos que se decían interpretes del curso futuro de la historia mediante la utilización de un método supuestamente científico. ¿Podremos acaso adaptarnos a los cambios cada día más veloces de la historia, de la ciencia, del pensamiento humano?