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Lunes, 9 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Ecología
 
 

Cemex prometió desarrollar a Cuauhtinchan, pero sólo dejó una sequía: pobladores

 
JAVIER PUGA MARTÍNEZ

Hace siete años que comenzó a dejar de llover en el municipio de San Juan Cuauhtinchan, ubicado a unos 20 kilómetros al oriente de la capital del estado. Lo que en un principio fue una sospecha por parte de los campesinos se volvió una dura realidad cuando los investigadores de la Universidad Autónoma de Puebla confirmaron que la operación de la planta de Cementos Mexicanos había modificado el clima en la región.

De acuerdo con el análisis elaborado por el Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) de la UAP, la extracción de piedras calizas de la Sierra de Amozoc por parte del consorcio cementero está acabando con los cerros que hasta hace poco retenían la humedad que provenía del Golfo de México, misma que caía sobre la zona en forma de lluvia.

Ahora, las nubes simplemente siguen de largo y es el campo el que padece la falta de agua durante la temporada de lluvias en verano.

A esto se suma que la empresa suele expedir por las noches gases a la atmósfera que contienen partículas pesadas de residuos pétreos, mismos que impiden la condensación del agua y, por lo tanto, su precipitación.

Para el campesino Refugio Romero, la situación es cada vez más complicada, pues el ciclo agrícola que acaba de concluir fue el peor que recuerda en sus 60 años de existencia: de las tres hectáreas que sembró, cree que no obtendrá ni media tonelada de maíz para su familia y sus animales. Esperaba que por lo menos fueran 10.

Anteriormente se apoyaba con agua de riego, pero ahora ya ni eso. “Toda se la chupa la cementera”, señaló.

Esta fue una de las expresiones que se pudieron recabar por este diario durante un recorrido realizado este fin de semana como parte de la visita al campo que investigadores de Icomos México y Puebla, del INAH, de Conaculta, de la UAP y de diferentes organizaciones civiles realizaron al municipio como parte del foro “Protección del Patrimonio Poblano: Plan Piloto Cuauhtinchan 2020”, organizado por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades.

¿Cuánta agua extrae Cemex del subsuelo? Ni siquiera los investigadores universitarios lo saben, pero en lo que coinciden los campesinos con los académicos es que el consorcio debe regresar el agua que ocupa, pues es bien comunal, y la ley así lo exige, a través de la instalación de plantas de tratamiento.

“Cuando Cemex llegó nos prometieron que iba a haber desarrollo y progreso para todos, que el municipio iba a crecer, pero sólo nos dejó una sequía que se está haciendo interminable”, relató el labriego.

Esta expresión de desesperación quizá no sea para menos: de acuerdo con datos de la Fundación “Amigos de Cuauhtinchan”, se estima que más de la mitad de los jóvenes del municipio está en  Queens, Manhattan y otras zonas de la ciudad de Nueva York y cada vez son más los que están esperando terminar la secundaria para migrar; la matrícula del bachillerato se reduce cada ciclo escolar.

“Los jóvenes que regresan de Estados Unidos pierden su identidad, porque aquí ya no hay mucho que ofrecerles, sólo encuentran falta de oportunidades, falta de agua, de alimentos y mucho cemento”, afirmó Cecilia Margaona, presidente de esa fundación.

 

Poblanos, en la limpieza

Los habitantes de las comunidades de Santa Rita Pardiñas, Santa Cruz Alpuyeca, Alpatlahuac y Almoloya no pueden disimular su molestia cuando se les pregunta por qué no trabajan en Cemex.

“No nos quieren ahí más que para hacer la limpieza pero ya ni eso, porque contrataron a una empresa; lo mismo para la seguridad. Dicen que no estamos capacitados, que no sabemos hacer nada, pero aquí prometieron mucho para que se les vendieran los terrenos y dejáramos instalar la planta”, relata uno de los vecinos.  Uno de los lugareños que logró trabajar en Cemex, cuando recién fueron inaugurada las instalaciones, hace 15 años, pero que salió de ahí en un presunto despido injustificado por el cual entabló un pleito legal, afirmó que la rotación de personal era excesiva por lo que el consorcio decidió traer gente de otros estados del país que sí estaba calificado para la operación de la maquinaria.

Los más de 150 empleados de la planta llegan todos los días entre las 7 y 8 de la mañana en autobuses de primera clase rentados por Cemex y son originarios de Nuevo León –las oficionas centrales de Cemex están en Monterrey–, Jalisco, Guanajuato, Veracruz y otros entidades. Ni siquiera habitan en Cuauhtinchan o en Tepeaca, sino que rentan casas o se hospedan en hoteles en la ciudad de Puebla, a donde son regresados por la tarde en los mismos autobuses.

La trasnacional mexicana tiene sus propios planes de expansión en la zona, producto de la inversión de 460 millones de dólares que fue anunciada hace tres años para abrir una nueva línea de producción.

Entre esos está la apertura de una nueva carretera a través de una cañada natural que se llama Cerro Partido, que no sólo es una reserva importante de encinos blancos –especie arbórea en peligro de extinción– sino que ahí se encuentra el lugar en el que de acuerdo con el arqueólogo del INAH Miguel Medina Jean, existen indicios para ubicar el sitio exacto donde se fundó Cuauhtinchan hace mil 500 años, en lo que la tradición oral y los códices marcan como el encuentro del jaguar y el águila, un lugar de suma importancia tanto para los pobladores como para el legado cultural e histórico del país.

Sin embargo, lo que más preocupa a los académicos y a los habitantes es la compra de 680 hectáreas de tierra a través de un particular, quien utilizó la táctica de comprar las tierras que estaban alrededor de los que se negaban a vender para dejarlos aislados. El precio por metro cuadrado: 15 pesos.

Existen dos versiones del uso de toda esa extensión de terreno: una, que será usado para la expansión de Cemex y de su planta; la otra, que fue adquirida por la competencia de los regiomontanos: la cementera Cruz Azul.

Ambas empresas tienen instaladas sus plantas en el corredor biológico de las calizas, como se conoce a las serranías de Amozoc y de Tlacotepec, lugares inmejorables para la extracción de la materia prima para la fabricación del pegamento pues la piedra se encuentra prácticamente sobre la superficie, lo que reduce al mínimo costos los operativos por extracción.

 

“El INAH debe hacer su trabajo”

Para Cecilia Margaona, el INAH debe hacer su trabajo, que es proteger, a través del registro, los 65 sitios arqueológicos y los miles de monumentos y piezas históricas con que cuenta Cuautinchan, identificados desde los años 70, pero sin reconocimiento de esta institución federal. Sólo esto permitirá una mejor convivencia entre la empresa y los habitantes del municipio.

“El INAH no puede decirnos que es la sociedad civil la que tiene que hacer esta labor, o delegarlo todo al trabajo de los síndicos municipales. Que haga lo que tiene que hacer y ya.

“No nos oponemos al desarrollo, y qué bueno que una empresa como Cemex sea productiva, pues alguien debe generan empleos, pero debe haber un orden y una mejor distribución de la riqueza”, indicó.

Recordó que todas las empresas que cotizan en la bolsa de valores deben tener una política de responsabilidad social, pero en el caso de Cemex ésta no existe, ya que simplemente no se refleja en el municipio.

 
 
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