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Viernes, 6 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

Dos estrategias frente a la crisis/ l de ll

 
José C. Valenzuela Feijóo 1

1. Introducción: algo sobre

el desempeño neoliberal

 

Podemos entender la actual crisis como el coronamiento de una etapa: la que corresponde a la vigencia del estilo neoliberal en el país. Por lo mismo, puede ser útil empezar con un breve vistazo al desempeño económico del neoliberalismo.

¿Cómo podemos evaluar el comportamiento de una economía? En términos muy sencillos y evitando (por razones de espacio), discusiones que pudieran ser útiles, podemos manejar tres criterios:

a) los ritmos de crecimiento del PIB por habitante: ¿altos, medios, bajos? En que los ritmos altos de crecimiento se evalúan más positivamente

b) la evolución de la distribución del ingreso. En que una distribución del ingreso menos regresiva se supone favorable

c) el grado de autonomía de la economía nacional. En que una menor dependencia externa y mayor control nacional de los procesos de producción (lo que no equivale a rechazar algún tipo de apertura externa), se entiende como algo positivo.

Si consideramos el periodo neoliberal mexicano (desde 1982 a la fecha), en las tres dimensiones indicadas, el resultado es muy negativo. La dependencia externa se ha acentuado, la distribución del ingreso se ha tornado más regresiva y la economía (PIB por habitante), casi no ha crecido. Conviene detenerse mínimamente en el aspecto del crecimiento.

Entre 1981 y 2009, el PIB crece al 1.77 por ciento promedio anual. Entretanto, en el período previo (1960–1981, años en que opera la industrialización sustitutiva), la tasa media anual es del 6.67 por ciento. Es decir, en la fase neoliberal, el ritmo de expansión equivale a casi la cuarta parte de la fase previa. En ésta, el PIB se duplica al cabo de 11 años; en la neoliberal, al cabo de 40 años. En lo que se refiere al PIB por habitante, suponemos que la población crece al 2.8 por ciento anual en el período 1960–1981. Luego, entre 1981 y el 2009, el incremento demográfico cae al 1.65 por ciento promedio anual. Por lo mismo el PIB per–cápita crece al 3.87 por ciento (19601980) y a un misérrimo 0.12 por ciento en la fase neoliberal: para duplicarse deberían transcurrir ¡casi 600 años! 2. La situación es tanto más escandalosa si se considera que durante el primer quinquenio del nuevo siglo el excedente económico gira en torno a un 85 por ciento del Ingreso Nacional y de tal excedente apenas un 14 por ciento (o menos) se aplica como acumulación3. En suma: mucha explotación, alto despilfarro, escasa acumulación y estancamiento económico.

En el plano ideológico, el neoliberalismo sí ha logrado un amplio éxito. Ha operado como ideología dominante y ha penetrado incluso en los grupos progresistas y de izquierda4. Entre otros tantos núcleos doctrinarios, podemos mencionar:

a) la noción de un capitalismo esencialmente estable y ajeno a crisis y desequilibrios mayores 

b) la idea o dogma de que sólo un presupuesto fiscal equilibrado es sano para la economía, “en cualquier tiempo y lugar”

Lo cierto es que crisis y oscilaciones cíclicas siguen operando y llegan a asumir, como en la actualidad, un nivel sólo inferior a la gran crisis de 1929–1933. En el capitalismo, siempre opera el sube y baja de las oscilaciones cíclicas. Hay fases de auge (o crecimiento) y fases de recesión: puntos de crisis y puntos de recuperación. En que la fase de auge engendra las condiciones de la crisis y la fase de recesión engendra las condiciones de la recuperación y de un nuevo auge. En este movimiento, hay un punto a subrayar: el movimiento, el cíclico y el de crecimiento tendencial, están endógenamente determinados

En ocasiones, surgen los denominados “ciclos perversos”. ¿Qué se debe entender por “ciclo perverso”? En el curso cíclico normal, la fase recesiva genera las condiciones que posibilitan la emergencia de un nuevo auge. Pero, de vez en vez, esto no sucede: la recesión deja de cumplir sus funciones “positivas” o de “regeneración” del sistema. Si, así son las cosas, la economía nos está indicando que la recuperación de la dinámica de la acumulación (y de la valorización del capital) exige cambios de orden mayor, de tipo estructural, que la simple fase recesiva no es capaz de satisfacer. Lo cual, también significa que estamos a las puertas de un cambio en el patrón de acumulación. Es decir, la economía empieza a presionar por avanzar a un nuevo patrón de acumulación.

¿Qué significa un cambio en el patrón de acumulación? En términos muy simplificados, en el cambio de un patrón de acumulación podemos identificar las siguientes dimensiones básicas:

a) cambios en las formas de producción, de apropiación (distribución) y de utilización del excedente económico

b)Cambios en el modo del relacionamiento económico externo

c) cambios en el sistema político: en el bloque de poder y en los mecanismos de dominación. O sea, en la relación clase dominante versus clases subordinadas.

Para el caso que nos preocupa –la actual crisis–  la hipótesis que manejamos señala que la presente va más allá de una crisis cíclica: también se trata de una crisis estructural y que exige un cambio en el patrón de acumulación. Los cambios precisos a esperar los examinaremos más adelante.

 

II. Cambios básicos

que se pueden esperar

 

Si recabamos en la experiencia histórica (por ejemplo, la de la gran crisis del 1929–1933) y los rasgos y problemas de la situación actual, podemos pronosticar:

a) Cambio en el patrón de acumulación imperante en EEUU (la super–potencia

hegemónica). A favor del gran capital industrial productivo y en contra del gran capital financiero–especulativo, operando con un mayor contenido democrático tanto en términos de la distribución del ingreso como de los derechos sociales. Algo que parece haber captado el presidente Obama.

b) Desplazamientos significativos en la correlación internacional de fuerzas. Primero, entre las grandes superpotencias que disputan la hegemonía mundial. En este caso, el cambio sería a favor de un poder mundial más compartido por EEUU, a favor de Europa, Japón y China. Se acaba la “era de Bush” en la que el dominio político–militar de EEUU era incontrarrestable y se ejercía con soberbia y sin ningún escrúpulo.

c) Cambio en los nexos centro–periferia a favor de una “dependencia negociada”. En nuestro caso, lo que primordialmente interesa es la relación entre América Latina y Estados Unidos. Y lo que postulamos es que se abre la posibilidad de un relacionamiento menos desfavorable a la región.

d) En la periferia latinoamericana, desahucio del modelo neoliberal a favor de un patrón más nacional y democráticoburgués. Se debe advertir: tales cambios exigen que la variable política se mueva en consecuencia. De lo contrario, quedarán como meras posibilidades que no se realizan.

 

III. La crisis en la periferia

y el ajuste neoliberal

 

Como suele suceder, la crisis penetra en la periferia por el canal del sector externo: como descenso abrupto de las exportaciones del país dependiente5. Como en vg. Estados Unidos tiene lugar un descenso en los niveles de actividad económica, este país reduce sus importaciones. Y como una parte de éstas provienen de México, la resultante es un fuerte descenso en las exportaciones del país6. Según INEGI, hacia julio del 2009, el descenso anual llegaba a un 34.7por ciento7.

Lo cual, no significa ausencia de culpas, pues el modelo neoliberal provoca una dependencia y fragilidad extremas de las economías dependientes.

Al caer las exportaciones cae la demanda global y si otras cosas no cambian (de la demanda global), el Ingreso Nacional debe descender hasta lograr el ajuste del balance de pagos. Pero éste es sólo un primer momento. Luego, como consecuencia del primer golpe (en las exportaciones) viene un descenso inducido en la inversión privada y el consumo de las familias. Lo que vuelve a deprimir aún más a la economía. Un tercer momento que ahonda la recesión viene provocado por la política fiscal. Al descender la actividad económica caen los ingresos tributarios. Frente a lo cual, el gobierno reacciona reduciendo su gasto. Con lo cual, ahonda aún más la recesión. Los pasos principales se muestran en el diagrama 1.

Este tipo de ajuste, en el contexto actual, lo podemos denominar “ajuste neoliberal”. En él se mantienen los nexos estructurales externos (no se altera la función de importaciones) y el ajuste se da por la vía de la reducción en los niveles del Ingreso Nacional. Y por la misma magnitud de la caída en las exportaciones y en el financiamiento externo, se puede suponer con toda legitimidad que el descenso necesario en el Ingreso Nacional que exigen las nuevas condiciones del sector externo, será extremadamente fuerte. Lo cual, a su vez, se debe traducir en una importante merma de los niveles de ocupación que genera el sistema.

 

Bibliografía

1 Departamento de Economía, UAM–I.

2 Los datos son calculados a partir de INEGI, Cuentas Nacionales, diversos años. Para el 2009, suponemos un descenso de 7.0 por ciento en el PIB.

3. Ver J. Valenzuela Feijóo, “Estancamiento y crisis en el México neoliberal”, UACH, México, 2007. El aumento del excedente va asociado a una drástica elevación de la tasa de plusvalía (que llega a girar en torno a un 6.0), lo que a su vez se explica, básicamente, por el descenso del salario real.

4. En universidades y medios académicos, ha llegado a implantar una verdadera dictadura ideológica: lo que se ha denominado “pensamiento único”.

5. Según señala una fuente oficial, “la correlación observada entre los ciclos del PIB de México y Estados Unidos fue superior a 0.8 en el período 19962008”. Ver SHCP, Paquete económico para el ejercicio fiscal 2010, Criterios generales de Política Económica, pág. 15. México, sept., 2009.

6. Un ejemplo ilustrativo es el de la industria automotriz: “como reflejo de la crisis de la industria automotriz estadounidense, la producción mexicana de vehículos se contrajo un 42.3 por ciento en el período que va de enero–abril de 2009 con respecto del mismo período del año anterior, y la exportación un 40.7 por ciento.” Cf. Cepal, “Estudio económico de América Latina y el Caribe, 20082009”, pág. 8. Santiago de Chile, 2009.

7. Inegi, Comunicado 236; 24/08/09.

 
 
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