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Viernes, 6 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Celebrar la vida, romper barreras y acabar con nacionalismos, la meta de Omar Torrez

 

Omar Torrez  n  Foto Abraham Paredes
ALONSO FRAGUA

Sus dedos son los mensajeros de una generación de grandes de la guitarra. En sus discos y recitales, el oído se deleita con reminiscencias de Hendrix y Santana, por sólo mencionar a los más conocidos. Su voz y sus movimientos sobre el escenario tampoco se quedan fuera de este torbellino de referencias y emociones; en Rich man (Hombre rico), de su álbum Corazón de perro, las letras, el tono y la técnica vocal, y los riffs –si bien menos energéticos y estridentes– hacen una conexión directa con Jimi, ése mismo de Voodoo Child y Purple Haze.

Sin embargo, Omar Torrez no es sólo rock duro y recuerdos de antaño. Es también un sonido fresco y, muy a tono con los tiempos, una combinación de geografías, culturas y estilos. Desde el blues del Delta del Mississippi y la rumba flamenca de la península ibérica, hasta las nostálgicas sonoridades de los fríos moscovitas y las calurosas cadencias afrocaribeñas del calipso.

Luego de sus presentaciones en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato y el Teatro de la Ciudad del DF, el guitarrista chicano que ha pisado el escenario junto a Buena Vista Social Club, Jethro Tull y Tom Waits concluye su primera gira por México con tres recitales en el estado que vio nacer a su padre. Primero, dos en el zócalo de la Angelópolis dentro del pasado festival “La muerte es sueño”, y uno más, en el zócalo de San Pedro Cholula, el domingo 8 de noviembre.

“Mi padre nació en Puebla y creció en Cholula, en San Pedro. Estudió en el Benavente y luego en la universidad de Puebla (la UAP). Yo vengo a Cholula tres o cuatro veces al año, por dos o tres semanas, pero ésta es mi primera vez de gira por acá”.

“La gente del sello discográfico aquí en México sabía que mi padre creció en San Pedro, así que hicieron esa fecha realidad. Tengo una casa en la avenida Hidalgo, cerca del zócalo, así que estaremos tomando tequila después del recital”, cuenta entre risas Omar, en un inglés mezclado con algunas frases en español, mientras firma uno más de los varios discos que la gente adquirió tras su segunda presentación en “La muerte es sueño”.

Muy cerca de él hay conversaciones en español, inglés y lenguas eslavas, sostenidas por sus compañeros del proyecto Omar Torrez Band: el bajista cubano, Carlitos del Puerto Jr.; el baterista de Chicago, Donald Barrett (o Daniel Barreto, como lo bautizaron durante la gira); el guitarrista bosnio, Mario Butcovich, amigo musical y personal de Omar desde hace una década y quien acompañó a la banda en parte del recorrido por México; y sus demás amigos del este de Europa que platican con su representante Masha Tsiklauri.

“Yo crecí muy diferente a muchos ‘americanos’, en Seattle, Washington, donde mi padre estudio después de la universidad de Puebla. Muchos de mis amigos eran inmigrantes o estaban locos, así que para mí era muy normal tener amigos extranjeros.

“Nunca encajé en un estilo de vida ‘normal’. Recuerdo que una fiesta de cumpleaños había una amigo ruso, un bosnio, algunos croatas y mexicanos, un italiano, un alemán y solamente un gringo. No encajo en la sociedad estadounidense; no tengo nada en contra de ella porque todas las sociedades tienen algo hermoso, pero simplemente no encajo.

“Amo la cultura rusa, por ejemplo, que es muy cercana a la mexicana. Sí, los rusos y los mexicanos no se parecen físicamente pero en otras cosas son muy parecidos. Saca una botella de vodka y después de un rato sacarán una guitarra y se pondrán a cantar, de la misma forma que los mexicanos con una botella de tequila”.

 

El regreso a Aztlán

 

A pesar de la mezcla de culturas, el origen de Omar y la sonoridad de varias de sus composiciones le imprimen un sello chicano a su música. Durante su recital del zócalo poblano, uno de sus números fue la canción popular mexicana Llorona, que respetó la letra original casi por completo, con un par de variaciones en la pronunciación. En otro combinó varias melodías del guitarrista mexicano Julio Revueltas, además de la más inmediata y fácil relación con Carlos Santana en algunas de sus canciones, como New day, del álbum Dynamisto.

–¿Pondrías a Omar Torrez Band dentro de la categoría del movimiento chicano?

–En términos de técnica es parte del movimiento chicano, sí. En términos ideológicos no, porque yo no pienso en nacionalidades; odio los nacionalismos. Creo que los nacionalismos son una herramienta de las clases ricas para oprimir a las clases trabajadoras; una forma de darles una bandera y una razón para pelear por sus bancos.

“Yo amo las cosas bellas de la vida, a las mujeres y a la comida, pero el hecho de que mi padre fuera poblano hace que muchas cosas que me gustan sean poblanas. Mi padre me cocinaba mole poblano, así que crecí con esas cosas. En ese sentido sí soy parte del movimiento chicano. Tengo sentimientos mexicanos por la comida, por la música y por la esencia del arte y la cultura mexicana”.

–¿Cuál es la meta de tu música y de este proyecto? ¿Unir a las personas, tal vez?

–Claro. Unir a las personas, destruir fronteras, matar a los nacionalismos. Ayudar o ser parte del movimiento que es sinónimo de las cosas buenas de la humanidad: arte, cultura, arquitectura, gastronomía, música, amor.

“Suena casi ingenuo pero lo digo en serio. No digo que voy a cambiar el mundo, pero quiero ser parte de un movimiento que dé fuerza a la gente. Me gusta pensar que soy parte de un movimiento que no cree en fronteras, en barreras entre naciones.

“Por otro lado, una meta de mi música es ser un salto hacia dentro de México; nadar en sus sabores y en sus colores. Hacer algo mexicano pero internacional a la vez. Ya sabes, ésa es la meta”.

Para el recital de este domingo, Omar promete la misma riqueza sonora y búsqueda de unión, con la diferencia de que el bosnio Mario Butcovich no aportará su guitarra acústica al proyecto. No obstante, John Wakefield será parte de la banda nuevamente, luego de estar enfermo durante algunas presentaciones mexicanas. Así, las percusiones, pianos y “diferentes herramientas” de Wakefield aportarán un sonido más industrial, finaliza Omar Torrez con una sonrisa, antes de firmar otro autógrafo y brindar con tequila con sus amigos de todas nacionalidades.

 
 
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