La necesidad de ganar más dinero para el sustento familiar y su gusto por las artesanías tlaxcaltecas le llevaron a involucrarse en este giro comercial.
Primero inició un negocio propio en el tianguis que cada sábado se instala en la Plaza Xicohténcatl de la ciudad capital y desde hace tres años trabaja en una tienda instalada en ese mismo lugar donde de lunes a viernes atiende a visitantes del interior del estado, nacionales e incluso internacionales.
María Elena Santillán es originaria de Puebla, pero su infancia y adolescencia transcurrió en el Distrito Federal y desde hace 22 años radica en Tlaxcala capital, por lo que “me siento hija de Xicohténcatl”.
El trabajo de María Elena ha rendido frutos, pues sus tres hijos se graduaron como proteccista dental, médico e ingeniero naval, así que “ahora ellos ya no están en Tlaxcala, cada uno ha hecho su vida en otro estado y yo trabajo en este negocio para sostenerme”, relata esta persona de actitud afable.
–¿Tiene usted estudios de nivel superior?–, se le inquiere.
–Sólo cursé hasta el quinto semestre de la carrera de Administración de Empresas en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), pero metí la pata y me tuve que casar, aunque me hubiese gustado terminar mi carrera para ser una profesionista, responde María Elena.
–¿Cómo se mezcla usted en el giro de la venta de artesanías?–, se le inquiere.
–Hace 13 años inicié con esta actividad a través de un pequeño espacio que tenía en el tianguis de la Plaza Xicohténcatl, ahí vendía “móviles de barro” –campanitas que se colocan a la entrada de las casas–, alhajeros y floreros.
–¿Y ahora por qué trabaja en este negocio?
–Por necesidad (económica) y porque conozco a los dueños del establecimiento. Les pedí trabajo y ahora laboro de lunes a viernes en este lugar.
–¿Le gusta su empleo?
–Claro, porque en este negocio puede uno admirar la diversidad de artesanías que hay no sólo en Tlaxcala, sino de Puebla, pues aquí también vendemos piezas y productos que son de interés de los visitantes.
A pesar de que hay una amplía demanda por los productos artesanales de Tlaxcala, en la ciudad capital sólo hay seis negocios que se dedican a este giro en donde los compradores pueden adquirir desde un lapicero a base de madera de 12 pesos hasta pinturas que llegan a costar hasta 2 mil 800 pesos.
Los visitantes a este negocio pueden adquirir blusas de pepenado, talavera de San Pablo del Monte, figuras elaboradas a base de maíz de Españita, madera tallada de Tizatlán, alegría de San Miguel del Milagro, objetos de barro de Tenanyecac, prendas textiles de Contla de Juan Cuamatzi como vestidos, blusas, bufandas, así como bolsas, carteras y tazas con imágenes de inmuebles representativos del estado.
Incluso, en el establecimiento donde trabaja María Elena se comercializan dulces típicos de Tlaxcala y Puebla, licores de diversas frutas y café de Huauchinango, Puebla, así como juguetes tradicionales hechos a base de madera como trompos, yoyos, escaleras y perinolas.
María Elena destaca que la variedad de artesanías que comercializa este establecimiento es superior a la que la gente puede encontrar en Casa de Artesanías, pues los dueños van a comprar los objetos o las piezas hasta las localidades de los creadores.
Incluso, Elena destaca que con el paso de los años ahora ya hay artesanos que acuden de manera directa al establecimiento a ofrecer sus piezas, con lo cual se les apoya a colocar lo que producen.
–¿Tiene demanda entre la gente este tipo de productos?
–La gente compra artesanía durante todo el año, aunque como en todo giro comercial hay épocas de mayor demanda.
María Elena destaca que hay turistas o clientes que les preguntan dónde se elaboran las artesanías, con la finalidad de que posteriormente acudan de manera directa a esos lugares a adquirir las piezas, las prendas o los objetos que producen los creadores de la entidad.