Una pregunta que habrá que hacer a los diputados federales por Tlaxcala es por qué se insiste tanto en cobrar a la informalidad y no a los grandes capitales. Ante la falta de trabajo, el autoempleo se ha convertido en la solución.
Los legisladores insisten en que la base gravable debe hacerse hacia abajo y no hacia arriba, y al no ponerse de acuerdo optan por sacrificar a los cautivos: la clase media, porque sobre esa se tiene control, son los que ya pagan impuestos.
Por qué a los blanquiazules les es más fácil gravar al trabajo que al capital, será que apenas están construyendo el propio y visualizan su futuro como grandes empresarios gubernamentales.
Será que a los parlamentarios les cuesta mucho trabajo pensar por sí mismos que prefieren que otros les digan qué a hacer, porque eso les permite estropearle la vida a la población, a sus votantes, sin sentir cargo de conciencia.
En las campañas, los azules se desviven por convencer que su lucha es por los intereses de la ciudadanía a la que aspiran representar, el problema es que no saben cómo hacerlo y optan por aprobar todo lo que les llegue y realizan gestión social, para aparecer a los ojos del ciudadano como “buena gente”.
Las buenas conciencias de los panistas les han llevado a aprender que todo lo resuelve el mercado y lo que no la asistencia social. Todavía no han descubierto que la economía es algo más que eso.
Mucho menos comprenden por qué el Estado está para trabajar por la gente, por la población, por la ciudadanía, en la búsqueda de que prevalezca el interés público por el individual o de grupo.
Los diputados prefieren aparecer como dadivosos antes que como comprometidos. Por ello la vida es como la campaña. Un mundo de ficción en el que lo único que importa es no pensar. Es más fácil obedecer.