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Miércoles, 4 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 INVESTIGACIÓN Y MEDICINA 

 Los virus estacionales y las infecciones respiratorias

 
Rafael H. Pagán Santini

 

Las diferentes agencias de salud en el hemisferio norte se están preparando para lo que dicen podría ser un invierno difícil debido a la posible segunda ola de la influenza AH1N1, y a su vez, a la combinación de esta con otras infecciones propias de la estación. El diagnóstico oportuno y el tratamiento eficaz siguen siendo la regla de oro por excelencia para asistir clínicamente a una persona.

Cuando hablamos de virus estacionales nos referimos a infecciones virales que ocurren más fácilmente como consecuencia de las condiciones climáticas de una estación determinada; por ejemplo, el virus de la influenza mantiene su inefectividad en bajas temperaturas y poca humedad. Esto no es así para todos los virus. En el caso de los virus que producen infecciones en vías respiratorias, tanto el virus de la influenza como el virus respiratorio sincitial (VRS) y de algunos tipos de adenovirus, la predominancia es durante los meses de invierno.

Las infecciones por estos tipos de virus pueden presentar un pico en la prevalencia durante los meses de enero a marzo en el hemisferio norte. Los virus de parainfluenza tipo 1 y 2 se diseminan más fácilmente durante los meses de otoño y parte del invierno. Las infecciones por el virus de parainfluenza tipo 3 son más probables que ocurran durante la primavera. Dos de las cepas de la familia de los coronavirs, la OC43 y el 229E, son epidémicas durante el invierno y algunos meses de la primavera. Los coronavirus son causante de un tipo de infección letal que produce el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, acrónimo en inglés). El causante del resfriado común, el rhinovirus, puede diseminarse durante todo el año, especialmente durante el verano y los primeros meses de otoño.

Aunque es muy difícil hacer generalizaciones sobre una variedad tan grande de virus, cuando se trata de infecciones de vías respiratorias, la mayoría de las veces la infección ocurre por el contacto con las secreciones nasales. Ya sea que el virus se encuentre en gotas pequeñas o en gotas grandes que flotan en el aire, o que las partículas virales se encuentren en superficies no porosas, como en el caso de los fómites (objetos capaces de cargar organismos infecciosos), la vía de transmisión es el contacto con las secreciones nasales. En algunos casos las heces fecales también pueden ser una vía importante de transmisión.  

En la práctica es muy difícil distinguir cuál virus es el que está ocasionando la infección. Por principio, cuando alguien presenta síntomas catarrales, a menos de que el virus estacional que está ocasionando la epidemia sea muy contagioso, deberemos sospechar primero en el más común. El rhinovirus es el responsable de entre 50 y 80 por ciento de los resfriados comunes1. El malestar general que se produce por su infección nos hará gastar innecesariamente en antibióticos, gastaremos en medicamentos para aliviar los síntomas, bajará nuestra productividad y nos pondrá en riesgo de contraer serias complicaciones respiratorias.  

La mayoría de la información médica coincide en señalar que el catarro común se caracteriza por afectar las vías respiratorias superiores, presentando con frecuencia síntomas generales como dolor de garganta (puede convertirse en faringitis), debilidad, dolores musculares y en las articulares, dolor de cabeza, con tos (generalmente seca y sin mucosidad), estornudos y congestión nasal. La persona que está resfriada probablemente pueda sentir una sensación desagradable de frialdad, pero es poco usual que desarrolle una fiebre significativa. En algunos casos más graves puede complicarse con pulmonía, que puede resultar mortal, especialmente en niños pequeños y sobre todo en ancianos.

Debido a que la mayoría de las infecciones por virus que afectan las vías respiratorias puede presentarse con algunos, sino es que con todos los síntomas del catarro común,  identificar algunos síntomas diferentes puede ayudar a reconocer la enfermedad. La presencia de fiebre alta y persistente, la dificultad para respirar, la presencia de ruidos roncantes o silbantes en la respiración, la inflamación de los ganglios linfáticos del cuello, la expectoración muco–purulenta o cualquier otro síntoma o signo no común, obliga la búsqueda de un diagnóstico diferencial. Por ejemplo, la faringitis acompañada de conjuntivitis bilateral y fiebre pueden ser ocasionados por el adenovirus, especialmente el tipo 3 y 7. Si los síntomas catarrales se presentan con faringitis, inflamación en los ganglios linfáticos del cuello y aumento del tamaño del hígado y del bazo, así como de fiebre, se puede pensar en una infección por el virus Epstein–Barr (VEB).   

Por lo general, el espectro clínico de la infección por el virus de la influenza AH1N1 es de resolución auto–limitada. La aparición repentina y súbita de síntomas catarrales, primordiales con fiebre, tos, estornudo, rinorrea, garganta irritada o faringitis, dolor de cabeza, malestar general, diarrea o vómito, debemos pensar en una infección por el virus AH1N1. Recordemos que el comportamiento clínico de esta infección es similar a otras infecciones por virus de influenza; sin embargo, la fiebre alta y persistente y la dificultad para respirar son señales de complicación. Toda complicación requiere atención de urgencia.

En la población infantil, la laringe, la tráquea y los bronquios son blancos del ataque del virus parainfluenza. Como muchas de las infecciones de vías respiratorias superiores los síntomas de esta infección pueden comenzar exactamente igual que el resfriado común; sin embargo, a los dos o tres días de iniciados los síntomas la tos puede semejar al sonido de un instrumento musical de metal, en algunos lugares le llaman “tos de perro”. Cuando el niño inhala (inspira) se puede escuchar fácilmente un sonido agudo, estridor. Es causado por la obstrucción o estrechamiento de las vías respiratorias altas. La infección por el virus de parainfluenza cursa con fiebre de hasta 400C, con una frecuencia de 50 respiraciones por minuto, lo que puede llevar a la persona a una estado hipóxico, lo que requerirá de hospitalización. 

Los casos severos y las muertes por influenza están asociados en su mayoría a complicaciones secundarias, que incluyen: neumonía viral primaria, neumonía secundaria bacteriana (particularmente con estreptococos grupo A, estafilococos áureos y estreptococos neumoniae), y con exacerbaciones de condiciones crónicas (asma, inmunodeficiencias y enfermedades autoinmune, EPOC y etc.). Clínicamente hablando, el comportamiento del virus de la influenza AH1N1 es similar al estacional y a otros de la misma cepa, hasta el momento no se ha descubierto ninguna diferencia2.

El diagnóstico diferencial de las enfermedades virales no es materia fácil. Ante la amenaza de una segunda ola del virus de la  influenza AH1N1 el médico deberá hacer uso de las pruebas de laboratorio rápido que ya se encuentran disponibles. A primera instancia, no se deberán descartar las infecciones por otros virus propios de la estación y siempre se deberá tener en mente la posible complicación bacteriana y la hiper–respuesta del sistema inmunológico ante una infección viral.

 

1 Int. Arch. Allergy Inmunol. 2007; 142: 1–10

2 NEJMoa09033810

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