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Martes, 3 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Se resiste Francisco a dejar su trabajo

 

Con un carrito que jala y una campana para llamar a la gente, Francisco Márquez vende todos los días paletas de hielo en el zócalo capitalino n Foto Alejandro Ancona
JUAN LUIS CRUZ PÉREZ

No quiere causar lástima a sus hijos y nietos ni mucho menos quiere quitarles “unos pesos” que pudiera serviles a sus familias para vivir mejor, por eso desde hace dos años Francisco Márquez Hernández se gana la vida vendiendo paletas de hielo por las calles de Tlaxcala.

Más de 45 años los dedicó a trabajar en el campo. Lo mismo hacia las veces de agricultor que de ordeñador, de segador de cultivos o como pastor de ovejas y vacas.

Sin embargo, los años “nos pasan la factura”, ya que en esta última etapa de su vida las oportunidades de empleo “son nulas, por no decir que no lo quieren a uno por estar viejito, por eso salía a buscar otro trabajo y mire usted aquí estamos”.

A sus 76 años de edad, logró una oportunidad como vendedor de paletas congeladas de reconocida marca. Como herramienta de trabajo tiene un pequeño carrito de ruedas que jala y una campana con la cual llama a sus clientes.

El originario de San Damián Texoloc se siente fuerte y sobre todo capaz de trabajar con el propósito de ganar lo que ella y su esposa, Elvira Cervantes Hernández, se coman, vistan, calcen y “si se puede hasta para una buena diversión”, explica mientras atiende a dos niños que buscan los congelados de zarzamora o mango con chile, los cuales son los productos de mayor demanda.

Aunque extraña su trabajo diario en el campo, el padre de cuatro hijos, todos ellos casados y abuelo de 12 menores, don Panchito –como lo conocen ya en los comercios de la zona céntrica de la capital del estado– es feliz por seguir trabajando, porque “nadie me regala nada. No somos una carga para los hijos”.

–¿Cómo le va ahora con esta nueva actividad?

–La verdad me sienta bien porque no cargo nada, sólo jalo el carrito por las calles de Tlaxcala y con eso me gano unos pesitos para irla pasando con mi esposa”, sostiene.

Para obtener una buena ganancia tiene que vender entre 80 y 100 paletas al día, ya que con eso obtiene de 80 a 100 pesos, pero “no siempre nos va bien, hay ocasiones que cuando el clima no nos ayuda apenas sacamos unos 30 o 35 pesitos”.

Para que su día resulte fructífero tiene que iniciar sus ventas a las 10 de la mañana “porque a esa  hora ya sale un poco el sol” y termina alrededor de las 17 horas, porque “ya después de esa hora no vendes casi nada, porque en estas fechas baja mucho la temperatura.

“Pero no se crea usted que hay que esperar a que la gente llegue a uno a comprarle, porque si así fuera no vendo ni para mis chicles”, refiere antes de soltar la carcajada, porque “hay que caminarle por las calles, afortunadamente los del ayuntamiento me dejan vender en el centro de Tlaxcala y así no me canso mucho, porque no puedo caminar mucho tiempo”, explica don Panchito.

Una lesión añeja en las rodillas le ha dificultado su caminar, debido a que se accidentó en sus años mozos en el campo. “Ahora no puedo agacharme ni cargar cosas pesadas. Aunque el bastón me ayuda mucho, pero al paso de las horas de andar por las calles no aguanto mucho y mejor me siento”.

–¿No sería mejor que sus hijos le ayudaran para su manutención?–, se le pregunta.

–La verdad es que mis cuatros hijos se enojan y no me dejan que salga a vender, pero prefiero hacerlo que estar atenido a que ellos me mantengan. He visto a mucha gente mayor que yo que todavía trabaja para cubrir sus gastos, entonces por qué yo no debería hacer lo mismo, responde.

“Mis muchachos se han ofrecido a pagarnos todo lo que necesitamos, pero no puedo molestarlos con los centavos, sobre todo porque ahora que puedo ganármelos lo hago, pero ya que no pueda hacerlo, entonces ya veremos”, sostiene.

La decisión de don Panchito por no dejar de trabajar es simple y llana, ya que “no quiero ser una carga para ellos, porque la situación económica está muy complicada, prefiero que mis hijos se gasten su dinero con su familia y que mi viejita y yo no seamos una carga, así que con esa idea todos los días salgo a la calle a jalar el carrito para ganarme unos centavos”.

 
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