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Martes, 3 de noviembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SOCIEDAD Y JUSTICIA  

La Hacienda pública y el nuevo paquete fiscal / I de II

 
José Valenzuela Feijóo1

I. Algunos rasgos generales

 

En la parte hacendaria del sector público mexicano primero debemos recordar cuatro aspectos centrales: a) la porción de los ingresos públicos respecto al PIB, en comparación con otros países de economía similar, es bastante baja; b) de tales ingresos, la carga tributaria gira en torno a un esmirriado 10 por ciento y casi todo el resto se asienta en los ingresos generados por el sector petrolero (Pemex). En breve hay una gran fragilidad de los ingresos respecto a las exportaciones petroleras (en precios y cantidades); c) el sistema tributario es engorroso y muy recargado de exenciones, en términos tales que propicia fraudes y manipulaciones legales que llegan a ser escandalosas; d) la creciente marginalización de la población económicamente activa, también la va transformando en un segmento difícil de gravar y/o con altas posibilidad de evasión fiscal. Por lo mismo, el por ciento de los ocupados sobre los cuales se aplica la carga tributaria se va reduciendo más y más; e) a partir de los compromisos exigidos por el TLC con EU, el equilibrio fiscal (con una mínima excepción) se ha transformado en una obligación legal. Por lo mismo, lo corto de los ingresos también se refleja en el bajo nivel del gasto público.

Veamos ahora la situación actual, lo que propone para 2010 el proyecto hacendario recién presentado. La información básica se muestra en el cuadro I, y a partir de él ensayamos algunos comentarios muy generales.

Una primera consideración se refiere al impacto de la crisis en los ingresos públicos. De acuerdo con la SHCP tendría lugar un descenso equivalente al 3.0 por ciento del PIB. Del cual una parte se debería al descenso de la actividad económica interna y otra al menor valor de las exportaciones petroleras. La pregunta que entonces surge es cómo se aborda este primer impacto.

Dejando de lado algunos movimientos, podemos indicar tres tipos de respuestas: i) se opta por reducir el gasto público en un monto igual a un 0.9 por ciento del PIB; ii) se busca ampliar la captación tributaria. Esto, en un orden del 1.5 por ciento del PIB; iii) se pasa a aceptar cierto margen de déficit, que sería programado para un monto equivalente a un 0.5 por ciento del PIB.  

 En términos reales, el nivel absoluto de los ingresos tributarios se eleva en un 1.4 por ciento. Entretanto, el gasto neto total desciende en 0.6 por ciento.

 

II. El nuevo paquete fiscal:

el lado de los ingresos

 

Entrar a examinar en detalle el impacto que provocarían los diversos cambios tributarios que plantea el nuevo paquete fiscal es algo que excede los propósitos de esta nota. Por lo mismo nos conformaremos con una apreciación muy gruesa. Nuestro afán, volvamos a decirlo, no es una estimación cuantitativa precisa, sino sacar a luz la visión o perspectiva más genérica que está a la base del paquete fiscal presentado; es decir, se trata de ensayar una apreciación de carácter cualitativo.

En el proyecto hacendario para 2010 los ingresos tributarios se elevan, en términos reales, en un 1.5 por ciento aproximadamente. Y como porción del PIB llegan a un 22.1 por ciento.

De los cambios tributarios que se proponen podemos ensayar una agrupación muy gruesa en dos diferentes mecanismos impositivos. En el primer grupo agrupamos al impuesto sobre la renta (ISR) más el IETU y el IDE. Estos impuestos elevan su participación en el PIB desde un 5.0 por ciento en 2009 hasta un 5.6por ciento en 2010. Del crecimiento total de los ingresos tributarios explican un 40 por ciento. Y como parte de los ingresos tributarios totales deberían llegar a un 52 por ciento en 2010. Si consideramos exclusivamente el ISR, éste explica un 47por ciento del incremento de la carga tributaria y como porción del PIB sube desde un 4.4 por ciento (2009) a un 5.1 por ciento (2010).

El segundo ítem importante es la aparición de un nuevo impuesto, el que grava a las ventas en un 2.0 por ciento y que se denomina “impuesto de combate a la pobreza”. El proyecto supone que generaría ingresos equivalentes a un 0.6 por ciento del PIB. O sea, estaría explicando un 40 por ciento de la mayor recaudación y casi un 6 por ciento de la recaudación tributaria total.

Si sumamos el aumento del ISR y el gravamen del 2.0 por ciento a las ventas tenemos que estos rubros estarían explicando casi un 90 por ciento de la mayor recaudación tributaria propuesta por el gobierno.

La pregunta que surge, a partir de tal información básica, es por las consecuencias del paquete fiscal de ingresos. Para efectos de análisis manejaremos algunos supuestos extremos: la idea no es una cuantificación precisa sino una apreciación de orden más bien cualitativo.

Distinguiremos tres grandes segmentos (clases) sociales: a) el empresarial capitalista; b) los trabajadores asalariados, y c) el sector informal (ambulantes, etc.) que, no olvidemos, explica más de un 40 por ciento de la ocupación total. En tal marco, nos preguntamos cómo se ven afectados: i) las ganancias capitalistas; ii) el ingreso de los asalariados; iii) la distribución general del ingreso, y iv) el nivel de actividad económica o ingreso nacional.

Otro supuesto, un tanto heroico, apunta a lo siguiente: i) el ISR y sus semejantes, grava al capital (más adelante, corregimos esto); ii) el impuesto nuevo del 2.0 por ciento a las ventas, grava a asalariados y población marginal.

Empecemos con el impuesto a las ventas del 2.0 por ciento. Para asalariados e informales se trata de un impuesto que afectará a los precios de compra en magnitud análoga y, por consiguiente, les reducirá su poder de compra. Y suponiendo que estos segmentos no ahorran y “gastan lo que ganan”, tenemos que cae el ingreso real de estos sectores y que la demanda global no se altera: el menor gasto de asalariados es compensado por el mayor gasto del gobierno. Por supuesto, la composición de este gasto no tiene por qué coincidir con la composición del gasto asalariado, pero éste es un problema que discutiremos más adelante. En resumidas cuentas tendríamos un impacto regresivo en la distribución del ingreso y un nulo impacto anticíclico.

Pasemos al impuesto (ISR y similares) que inicialmente suponemos afecta al capital. En primera instancia conviene distinguir entre la alta burguesía (los más grandes empresarios) y la burguesía mediana y pequeña.

Para los primeros no se debe perder de vista que por vías legales o no legales operan con un muy elevado grado de exenciones tributarias; es decir, gozan de un régimen especial que les permite evitar y/o reducir el pago de impuestos. Según el SAT, “el régimen de consolidación fiscal que se contempla en la ley del Impuesto Sobre la Renta permite que alrededor de 400 grupos empresariales, mismos que en conjunto acumulan ingresos por 4 billones 960 mil millones de pesos en 2008, tengan una carga fiscal de apenas 1.7 por ciento en promedio. Esto equivale a pagar apenas 85 mil millones de pesos por concepto de ISR”.2 Se estima que se trata de 422 grandes corporaciones las que así se benefician. Estos mismos grupos, según el SAT, con una imposición normal, deberían haber pagado en 2008, “alrededor de 850 mil millones de pesos”.3 Un especialista en el tema ha también señalado que, en 2007, las pérdidas de ingresos tributarios “equivalen a 5.9 por ciento del PIB de ese año”.4

Sentado lo anterior resulta legítimo suponer que a los grandes capitalistas que la mayor carga tributaria los afecta en un grado bastante menor al que la ley indica; además, si aplicamos una óptica más o menos kaleckiana, podemos suponer que el gasto capitalista planeado (ex–ante los impuestos) en consumo e inversión, en un primer momento no se modifica ante los nuevos impuestos. En este sentido, la demanda global se podría elevar en el monto de los nuevos impuestos en tanto éstos se transformen en mayor gasto gubernamental. Aunque este juicio pudiera no ser correcto, pues: i) como ya se dijo, este sector se las arregla para pagar pocos o ningún impuesto; ii) el gasto capitalista, como consecuencia de la crisis, ya viene previamente deprimido; iii) el gasto público, respecto al período anterior, se reduce. En este sentido, lo más probable pudiera ser que la demanda global no se eleve. Mas bien, debería caer.

Para el grupo de pequeños y medianos capitalistas, la situación pudiera ser más complicada. Amén de que están gastando menos (en inversión y consumo), la mayor carga tributaria pudiera provocar un descenso en el gasto de estos capitalistas. Si suponemos que trabajan en sectores con un corto período de producción y con menos intensidad y densidad de capital, es posible que no se cumpla el supuesto kaleckiano. Luego el gasto gubernamental mayor que posibilita la mayor recaudación tributaria, pudiera tener un impacto pequeño o simplemente nulo. Más aún, si consideramos el menor gasto público global arribamos a una situación que no ayuda salir de la recesión.

Si agregamos los dos grupos, podemos pensar que el impacto de la nueva carga tributaria en las ganancias capitalistas es levemente negativo. Aunque si pasamos a considerar también el impacto del gasto, la situación puede ser más negativa para las ganancias y para los niveles de la demanda global. Con lo cual, máxime si el gasto total del gobierno se reduce, tendríamos un impacto más bien procíclico (recesivo).

Pero, ¿es correcto el supuesto de un ISR que sólo afectaría al sector capitalista? Recordemos que el impuesto (que quedaría en un 28 por ciento) se aplicará a partir de un ingreso mensual de 10 mil pesos y, por lo mismo, afectará a una alta porción de trabajadores asalariados. Y no es progresivo: el 28 por ciento afecta a todos por igual, es independiente del nivel de renta. En suma, afectará significativamente a las clases medias asalariadas y a alguna parte de los obreros de la gran industria. O sea, un efecto regresivo en la distribución y, al cabo, un impacto procíclico.

 

1 UAM Iztapalapa.

2 Servicio de Administración Tributaria (SAT), citado en La Jornada, 17/10/09.

3 Ibidem.

4 Emilio Caballero, "Los ingresos tributarios de México", pág. 116. Trillas, México,2009.

 
 
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