En las últimas semanas, por lo menos en tres ocasiones el ex edil de Puebla Enrique Doger Guerrero, buscó entrevistarse con la alcalde de la capital, Blanca Alcalá Ruiz, para proponerle una alianza electoral. La respuesta de la presidente municipal fue no acceder a ese encuentro con su antecesor, como parte de la estrategia que ha seguido de mantenerse dentro del proceso de la sucesión gubernamental, pero sin entrar en confrontaciones o disputas directas.
Sin embargo, ha llegado el momento de que Blanca Alcalá se defina si va a entrar de lleno al proceso de selección del candidato del PRI, ya que ella se ha vuelto el principal factor para destrabar la designación del abanderado. Su posible inclusión en la segunda encuesta que levantará el tricolor –en la segunda quincena de noviembre– servirá para romper el empate en que se encuentra Javier López Zavala y Enrique Doger, o determinará si la edil tiene mayor potencial para ser ella la abanderada.
Ante ese escenario, desde la semana pasada se plantea la pregunta: ¿a quién dañaría más la inclusión de Blanca Alcalá en el segundo sondeo priista, a Doger o a Zavala?
Por el perfil que guardan Alcalá y Doger, que es muy similar, en cuanto a que ambos tienen una imagen más ciudadana y más alejada del prototipo del político priista, parecería que la alcalde le podría restar más votos al también ex rector de la UAP. Pese a esa consideración, el esquema no es tan sencillo y no todo está definido, por los siguientes factores:
De acuerdo con los sondeos que ha hecho La Jornada de Oriente en el municipio de Puebla, pero que tienen cierta similitud con el resto de la zona metropolitana que hay en torno a la capital y que se ha convertido en el principal nicho electoral del estado, de todos los aspirantes del PRI a la candidatura a gobernador, la mejor calificada es Blanca Alcalá.
Esto se debe a que Alcalá siempre obtiene una calificación de ocho puntos más que el PRI. Me explico:
En promedio el 30 por ciento de los encuestados se define porque votaría por el PRI sin importar quién sea el candidato, pero cuando se le pregunta a la gente que si sufragaría por Alcalá, responde positivamente el 38 por ciento.
Eso no ocurre ni con López Zavala ni Doger Guerrero. El primero de ellos obtiene un índice de votación de hasta seis puntos menos que el PRI y el segundo queda tres por ciento menos que las cifras del tricolor.
De la gente que se dice “anti–priista”, 3 por ciento si votaría por la presidente municipal. Lo mismo pasa con el 9 por ciento de los ciudadanos que se declaran “anti–panistas” y el 6 por ciento de la gente que se considera simpatizante del PAN.
Dicho de otra manera, la actual edil de la ciudad de Puebla resulta una priista exitosa para conseguir atraer a su favor la participación de quienes se abstienen de votar o son afines al PAN.
En ese sentido, Alcalá resulta ser una candidata más conveniente que López Zavala desde el punto de vista de que el PRI tiene que tener un candidato que ante todo le sirva para frenar un posible avance del PAN en el proceso electoral constitucional.
Lo que no ocurre con López Zavala, quien de acuerdo con la encuesta de la empresa Demotecnia, que dirige María de las Heras, tiene su principal fuerza entre los priistas, al superar en ese segmento por 14 puntos a Doger Guerrero.
Y se supone que el PRI debe buscar a quien le garantice competitividad frente al PAN, no entre los priistas.
Ahora, también queda claro que el principal potencial de Doger se debe a dos núcleos del electorado, mismos que lo colocaron en un “empate técnico” contra López Zavala en el primer sondeo del PRI, a cargo de Demotecnia:
Estos son los ciudadanos más cercanos a las preferencias electorales del PAN y los que están inconformes, aun siendo priistas, con el marinismo.
Y en ese esquema, Alcalá podría desplazar de ese empate a Doger en la segundo encuesta, que además será la definitiva.
Ahora ¿Qué pasaría si al final Blanca Alcalá no decide participar?
Eso generaría un conflicto mayor en el PRI, pues se estima que el tricolor ya llegó a su límite de simpatías. Ya no crecerá más.
Eso también implica que difícilmente subirán en los próximos días los números de Doger y Zavala, si es que no ocurre algo extraordinario y no se descartan de la competencia de los otros aspirantes, cuyas porcentajes son bajo, pero podrían ayudar a abonar el volumen de simpatías de los dos punteros de la contienda.
El problema de fondo es que no están definidos los criterios para seleccionar al candidato. Pues surgen las interrogantes:
¿El candidato será el que mejor le gane al PAN?
O, ¿el candidato será quien arrase entre los priistas?
Si se va por la primara opción, el candidato debe ser Doger.