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Viernes, 30 de octubre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Cuando el ferrocarril deje de pasar, estas fotos serán un tesoro, refirió Frank Barry

 

La exposición consta de 32 imágenes en blanco y negro de diversos aspectos de las locomotoras de vapor que circularon por la antigua ruta del Ferrocarril Central / Foto Cortesía del Museo de los Ferrocarriles
YADIRA LLAVEN

“Cuando el ferrocarril deje de pasar y quede sosiego para siempre el esqueleto de rieles y durmientes, estas fotos serán un tesoro. Por lo pronto son un gesto vivo que permite imaginar”, refiere Frank Barry, considerado uno de los fotógrafos de ferrocarriles más importantes del mundo, en su reciente visita a Puebla. Esta vez, a más de un año, el Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero, el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos y el Museo Ferrocarrilero de Aguascalientes abrió al público poblano la exposición “Las locomotoras de vapor de Aguascalientes”.

A lo largo de varias décadas, el fotógrafo estadounidense ha captado con su lente 200 trenes de vapor en alrededor de 20 países y cuatro continentes.

En “Las locomotoras de vapor de Aguascalientes” nos muestra, mediante 32 imágenes en blanco y negro, diversos aspectos de las locomotoras de vapor que circularon por la antigua ruta del Ferrocarril Central.

En 1947 este ferrocarril operaba sólo con máquinas de vapor. “Las máquinas diesel –asegura– no tienen el mismo carácter de una de vapor”, para él cada una de las moles que transitaban por las vías del ferrocarril “contenían un espíritu” que algunos “viejos lobos de mar” conocían manejándolas, reparándolas e incluso haciendo sonar sus silbatos.

Barry desarrolló su interés por los ferrocarriles a muy corta edad. Su familia vivía cerca de la línea principal del tren de Pennsylvania, en un suburbio de Philadelphia, y fue allí donde tomó, a los nueve años, su primera fotografía que fue una locomotora de vapor.

Su trabajo es reconocido en revistas de Estados Unidos, como Trains, Main Line y Classic Trains, así como en más de 45 libros. Actualmente apoya al foro de Ferroaficionados y Ferromodelistas de México.

El artista de la lente llegó a nuestro país en 1954, en un viaje escolar. Regresó por su cuenta tomando el tren de Nuevo Laredo, y desde entonces la mayoría de los maquinistas lo conoce como Panchito.

“En México –recuerda– había maquinistas con cierto prestigio, que mandaban a hacer un silbato para el tren con una melodía propia, y había artesanos en los talleres con tanta habilidad como los que hacen guitarras o violines. Fabricaban silbatos que daban un sonido como de órgano o trompeta”.

“Cuando acababa la corrida, el maquinista quitaba su silbato para que no se fuera con otro. Cuando se jubilaba lo pasaba a su hijo y después al nieto. Eran tesoros. Su objeto no era dar concierto, sino dar señales: vamos adelante, vamos atrás, dame órdenes ¿qué quieres que haga?, o el más famoso: avisar a los automovilistas en un crucero que se detengan”.

Actualmente, Frank no sabe cuántas fotografías integran su archivo y todavía está pensando en la posibilidad de donarlo, como sucedió recientemente con el Museo de los Ferrocarriles con sede en Aguascalientes. Por lo pronto prepara un libro sobre todos sus viajes a México, en los cuales recorrió 28 estados y, prácticamente, la totalidad del sistema ferroviario.

La magna exposición fue inaugurada ayer jueves en el coche express 12178, ubicado en la sección de andenes del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos. 11 Norte 1005, Centro Histórico. Estacionamiento sobre la 10 Poniente y 13 Norte.

 
 
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