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Jueves, 29 de octubre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

PeRDidos: desvergüeNza y cInismo

 
JOSÉ SAMUEL PORRAS RUGERIO

Quedaron al natural. No requieren de adversarios que señalen sus defectos, pues ellos mismos los exhiben orgullosos. Solo un arraigado cinismo, la pérdida absoluta de la vergüenza y su nefando pragmatismo político pueden explicar que la corriente denominada Nueva Izquierda que lidera Jesús Ortega Martínez –presidente nacional del PRD por sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación– pretenda seguir controlando los destinos del partido con base en anunciar, a los cuatro vientos y por todos los medios, su disposición “a ceder espacios y a abandonar el conservadurismo, la simulación, la mezquindad y los ataques internos” para que en el decimosegundo Congreso Nacional del PRD “se logre un nuevo partido y se consiga unificar a la izquierda de México”. Aprueban además como corriente “mayoritaria”, que el PRD se alíe con el PAN en Oaxaca y Puebla y “terminar con el presidencialismo y el caudillismo dentro del PRD”. (La Jornada, 26 de octubre 2009, pag.11).

Admitir posesión de esos “atributos políticos”, explica, sin lugar a dudas, el modo de acción política desplegado por Nueva Izquierda (NI) al seno del partido y las formas mediante las cuales ha logrado asumir su dirección y control en el ámbito nacional y de los estados; pero que digan estar dispuestos a abandonarlos, es otra simulación. Si saben con exactitud el significado de “conservadurismo”, “simulación”, “mezquindad”  y “ataques internos”, quiere decir que no tienen vergüenza alguna en reconocer la miseria moral de su praxis política, haciéndose pasar como militantes de un partido de izquierda; concepto político éste, que quizá difícilmente puedan comprender en su real dimensión. El Doctor Marcos Roitman ha sido preciso en su caracterización: sin principios no hay izquierda. Los principios, entendidos como las mínimas bases de convicción ética y política que permiten a los individuos el recto ejercicio de todos los quehaceres de su vida, incluyendo los políticos por supuesto, brillan por su ausencia en la generalidad de los dirigentes de NI; y como obligada consecuencia, toda su acción política partidaria y partidista está preñada por el conservadurismo, la simulación, la mezquindad y los ataques internos. El resultado lógico e inevitable ha sido la postración del partido al que han  convertido en la simulación oficial de “la izquierda”; una especie de franquicia donde están a la venta los servicios político–partidistas al mejor postor. Una “izquierda” de presta membrete que contiende por gubernaturas, presidencias municipales, diputaciones, senadurías, regidurías, etcétera, y que, una vez instalada en el poder político formal –con sus muy honrosas y distinguidas excepciones– no vacila en ejercer los cargos en la misma o peor forma que lo hacen el PRI o el PAN, lejos del interés social y obteniendo los provechos individuales, familiares o facciosos que sean posibles.

Por ello es prudente aclarar: ¿están diciendo que van a abandonar la rapacidad que les ha caracterizado y que tan buenos dividendos políticos y económicos les ha redituado, con el noble propósito de lograr un nuevo partido y unificar a la izquierda en México? Claro que no. Su mezquindad se los impide. Es una finta, una simulación. Esto se deduce de su poco inteligente oferta de “ceder espacios” que, en boca de NI, se traduce en ofrecer posiciones menores que sirvan de anzuelo a miembros de otras corrientes para que, aceptados esos “espacios”, puedan servirles para controlar también a esos otros grupos con el vil objetivo de que no se les desfonde un negocio que, amarrado convenientemente al transitorio calderonismo y al omnipresente salinismo, desean conservar y manejar en su beneficio. Es como ofrecer ocupar algunos asientos de un autobús que NI conduce hacia los destinos de su conveniencia.

Jesús Ortega como líder indiscutible de NI conoce, desde los tiempos en que era discípulo distinguido de Rafael Aguilar Talamantes en el extinto Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, la historia del PRI como partido representante del poder real en México; y la del PAN, como su “leal oposición” en el entramado político nacional donde con  la compra inmoral del voto, los fraudes electorales o, de plano, por decisión de Estado se impone a los gobernantes, afirmando que vivimos en democracia.

De modo que aprobar alianzas electorales con el PAN en Puebla y Oaxaca para enfrentar al PRI es mucho más que un desatino real o inducido. Es renunciar, a una visión diversa del hombre y el mundo, al camino diferente, al proyecto político propio desde una perspectiva real de izquierda. Está claro que NI no busca lograr un nuevo partido ni conseguir la unidad de la izquierda, pues tales objetivos no se consiguen aceptando ser la cola electoral de los facinerosos de la política; de los partidos que, hoy por hoy, son corresponsables de la implantación en México de un régimen cuasi fascista, predador de los bienes de la Nación y del trabajo colectivo de los mexicanos. Como si no analizaran la realidad. Como si los atracos electorales de 1988 al 2006 no significaran agravio. Como si no tuvieran memoria.  

Si NI puede hacer a un lado todo ello para privilegiar su proyecto de alianzas, es perfectamente explicable por el conservadurismo, simulación y mezquindad que confiesa poseer y le caracterizan. En ese estilo de hacer politiquería, juegan hasta con los significados del lenguaje. Por ello, si de verdad quieren terminar con el presidencialismo y el caudillismo en el PRD, como dicen, una sola acción de su parte probaría su coherencia con lo sostenido en su reunión de Oaxtepec: renuncien a dirigir el partido. Permitan que sea esa izquierda que ha demostrado ser oposición auténtica al calor de las luchas sociales la que llame a la unidad y guíe, en estos  aciagos tiempos que vive México, los destinos del PRD por el rumbo de la izquierda.

 
 
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