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Jueves, 29 de octubre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

¿Iglesia moderna?

 
ISRAEL LEÓN O´FARRIL

Lo tengo decidido, hoy no hablaré de cuestiones triviales como los benditos impuestos que desde las oficinas federales y los congresos amenazan con echar más tierra a la tumba de la economía de los de a pie; tampoco hablaré de la banalidad implícita en las sacrosantas reformas regresivas en el tema de los libros de texto. Hoy me ocuparé de temas mucho menos terrenos, más en el ánimo de la espiritualidad.

En recientes búsquedas por quitarme lo burro, encontré varias joyitas en las librerías de esta ciudad de los Ángeles. Como de costumbre, me veía como niño pobre ante los estantes repletos de cuestiones interesantes. No obstante las pobrezas, logré hacerme de algunos ejemplares primordiales para el estudio de la cultura y su expresión entendida a través de diversas disciplinas sociales. Entre ellos, uno en extremo sugerente de Felipe Gaytán Alcalá: Las semánticas de lo sagrado, editado por FLACSO y Plaza y Valdez. Y digo sugerente pues ya la premisa nos hace reflexionar. De acuerdo con Gaytán, en estos momentos finiseculares y de inicio de nuevo siglo, se han incrementado los estudios para encontrar el sentido del resurgimiento de las manifestaciones religiosas y de prácticas místicas –limpias, tetragramtrones, retiros con pseudo sacerdotes mayas (¿?) y sepa dios qué más rollos– habida cuenta de que, en apariencia la llegada de la modernidad habría de desterrar estas prácticas por no caer en el terreno de la razón, nueva religión de la ciencia. Según Gaytán, dichos estudios surgen ante el estupor que tales prácticas provocan en los estudiosos de lo social, debido principalmente a que consideraban a las religiones como simples reductos de un pasado oscuro, de la sin razón; es decir, una representación de todo aquello que con el simple arribo de la modernidad quedaría borrado, olvidado. Para los postmodernos, el retorno a estas prácticas no es más que un indicio de los fracasos cometidos por la modernidad; es decir, que ante la crisis evidente que sufren las instituciones y la tecnología modernas, al descrédito constante de líderes políticos y empresariales, los simples mortales se lanzan a abrazar cualquier imagen de santo o cualquier manifestación que les garantice que las cosas no están del todo perdidas, que más allá de este mundo superfluo repleto de inquina y malas vibras, existe un paraíso o algo más a lo que se pueda aspirar. Bien, el mundo es una mierda. Lo atestiguan los mezquinos intereses de esa masa extraña que generalmente vinculamos con el poder económico y político. Pero para Gaytán también los posmodernos han errado el camino. Ni resurgimiento, ni retorno a la religión y sus inmaterialidades; no se trata del triunfo de San Miguel sobre los demonios de la razón, o de la conquista de las buenas costumbres de un gabinetazo ejemplar y bien mocho que busca el respeto a la vida. De lo que se trata es de continuidad... sí, como lo lee el gentil lector. La premisa de Gaytán va en el sentido de que la religión y la espiritualidad también son un producto de la modernidad.

Si observamos a la religión y sus representantes como otros sistemas sociales, podemos entenderlos de mejor manera. Partiendo de ahí Gaytán comenta que “Cualquier fenómeno religioso no estaría en la indicación de lo tradicional sino de lo moderno (...) ahora se sorprenden los sociólogos del llamado ‘regreso de la religión y sus tradiciones’, que al final no representan tal regreso pues nunca se fueron.” Por supuesto, siempre han estado ahí. Ya en otras ocasiones hemos comentado el particular, y no nos sorprende que la Iglesia esté tan cercana de este gobierno panista; pero nos sorprende que la institución siempre estuvo ahí, independientemente de gobiernos liberales y republicanos desde Juárez hasta la fecha; sacramentos han sido administrados, bendiciones han sido proporcionadas y todos ellos han sido debidamente cobrados por la iglesia. Quizá la necesidad de creer es inherente al ser humano, casi casi como el respirar; quizá lo que sucede es que necesitamos algo más que lo humano pues es corruptible y eternamente nefasto para con todo lo que le rodea. Lo cierto es que este libro me deja más interrogantes que resolver: ¿acaso la iglesia es igual de moderna y ha fracasado junto con la modernidad? ¿Será que la iglesia se ha adaptado perfectamente bien al mundo liberal y su engendro el neoliberal y, por tanto, su discurso es totalmente moderno, economicista y rabón? Al ser otro actor de la modernidad ¿es cómplice de todo lo que nos ocurre? Sí, me parece que la iglesia, concretamente la católica se parece más a las instituciones de las que tanto nos quejamos, y sus representantes, simples calcas de los líderes chileros que tenemos. Me gustaba tildarlos de retrógradas y medievales, y ahora resulta que son igual de modernos que el Banco Mundial y que la OCDE. Chale... el panorama no puede ser más negro. Mejor me voy a que me echen las cartas para convencerme de que el futuro ni es tan moderno, ni es tan tradicional, sino todo lo contrario.

 
 
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