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Jueves, 29 de octubre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Romería de cruces adornadas en las calles y carreteras más transitadas de Puebla

 

En la imagen, una ofrenda floral en una de las avenidas de la ciudad
YADIRA LLAVEN

Una cruz tras otra es el sui generis paisaje de la carretera federal que une a la ciudad de México con Puebla, y que sólo en esta temporada veremos adornado con flores de cempasúchil, crisantemos, rosas y hasta silvestres, además de curiosas y bien elaboradas coronas de muerto. Se trata de la conmemoración a los muertos caídos en accidentes o por homicidio. Con esta tradicional ofrenda comienza el festejo grande de Todos Santos, que durará hasta el próximo lunes 2 de noviembre.

Cientos, miles de familias poblanas salieron ayer por la mañana al lugar donde por última vez estuvo vivo el hijo, la madre, el padre o los nietos.

Crucifijos yacen a la orilla de las carreteras, cruceros y calles peligrosas, y caminos rurales, que nos anuncia que ahí murió un accidentado. Cruces que entretejen tristes historias y recuerdos.

En el recorrido por los límites entre Puebla y Tlaxcala, encontramos a la familia Robles limpiando y adornando el lugar donde fallecido uno de los hijos. “Mi Román murió hace cinco años, atropellado por un camión de telas que venía a Covadonga (la ex fábrica textilera)”, comenta doña Josefina; mientras Julio, el menor de los cuatro hijos, lleva una pequeña grabadora con un viejo cassette de Los tigres del norte.

Soy el jefe de jefes, señores/ me respetan a todos niveles/ mi nombre y mi fotografía nunca van a mirar en papeles/ porque a mí el periodista me quiere y si no mi amistad se la pierden, se escucha a lo lejos.

Aunque la postal es melancólica, también pareciera que todos están alegres. “Venimos a acompañarlo un rato. Le traje un poquito de pipián verde. Cuando llegaba de la secundaria hasta dos platos se comía, también le traje una botellita con agua miel... como le gustaba”, rememora visiblemente conmovida.

–¿Se le llora o se le festeja? –le preguntamos indiscretamente a doña Jose.

–Pues las dos cosas. Lo extrañamos, pero por eso venimos a verlo, de vez en cuando, para que no crea que nos olvidamos de él. En la casa le pongo su altarcito con sahumerio y también le rezamos.

“Yo vengo dos veces por año a ponerle flores a mi hijo, el 23 de mayo y hoy 28 de octubre”, aunque la familia visita el panteón de Barranca Honda, donde está enterrado.

Unos kilómetros adelante, sobre la carretera que une a La María con Panzacola hay otra familia arreglando su cruz, pero no accede a charlar con nosotros. Son más celosos de sus sentimientos. Al parecer, el pariente falleció hace unos meses, así lo indica un pedazo de madera al frente de la cruz de herrería.

Para conmemorar a la muerte, los poblanos no escatiman recurso alguno. Para nuestra sorpresa, de regreso por el bulevar Hermanos Serdán nos encontramos a dos jóvenes que le llevaron mariachi a una cruz que lleva el nombre de Guillermo Galán, quien murió al incrustarse en uno de los árboles que custodian la avenida, cuando iba de regreso a su casa, en su automóvil, después de dejar a la novia en una noche de juerga.

Como estas historias existen muchas que contar en Puebla, y de esto podemos dar cuenta con la romería de cruces instaladas en las calles más transitadas de la ciudad, como el bulevar 5 de Mayo, el Periférico Ecológico, la avenida 11 Norte–Sur, la 25 OrientePoniente, la avenida Juárez, entre muchas que, desde ayer, lucen arregladas con flores de la temporada.

Hoy jueves 29 de octubre, la gente recordará a los niños muertos no bautizados.

 
 
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