Una de las tareas más importantes que tienen los diputados locales y federales es la de iniciar leyes y decretos, pero también la de reformar, abrogar, derogar o adicionar las existentes. Frente a tan alto compromiso, ¿en qué fundan sus decisiones?
Cuando se aprueba el incremento de los impuestos, el aumento en los costos de los servicios, la modificación hacia juicios orales, la entrega de las frecuencias a particulares, la distribución de los recursos públicos, ¿en qué apoyan sus argumentos?
Todos los ciudadanos sin discriminación pueden aspirar y logran llegar a ser parte de lo que se considera una asamblea en la que están representados todos los pobladores de un territorio, estado o nación, ¿en nombre de quién toman las decisiones?
Ser diputado requiere invertir tiempo, dinero y trabajo para realizar una carrera al interior de un partido que se ve reflejada cuando lo convierten en candidato y la ciudadanía le otorga el voto convirtiéndolo en diputado, ¿a quién responde con sus decisiones?
En el Congreso de la Unión y en los de los estados participan personas, pero no actúan por intereses individuales sino por la representación que le otorga la población en un distrito local o federal o una circunscripción, ¿en nombre de quién participa?
En los congresos existen, han existido y existirán personas que hacen de la palabra un oficio y de la tribuna un altar, por su boca o su pluma desfilan conceptos importantes, transcendentes, que cambian el rumbo de las cosas, ¿en nombre de quién hablan o escriben?
Todo lo que hacen o dejan de hacer los diputados no es producto de una acción individual, sino de la representación popular que los ciudadanos les otorgan a través del voto, en ese sentido resulta conveniente preguntar a los diputados: ¿en qué basan sus decisiones?
Porque una vez que son electos, no hay instancia que permita preguntar o influir para que un diputado rinda cuentas de su actuación.