Él pasa el tiempo haciendo piezas ornamentales, joyas y alhajas. El arte milenario de la orfebrería es el sustento de su familia, pero también de su espíritu. Marco Aurelio Huerta Valencia tiene el ingenio, dedicación y meticulosidad que requiere el oficio que practica desde hace 20 años.
Su jornada laboral es de más de 12 horas al día, pues es su propio jefe y de él depende que su negocio sea rentable.
De lunes a sábado repara piezas, crea y diseña aretes, anillos, prendedores y demás objetos de oro y plata.
Marco Aurelio refiere que empezó como vendedor de artesanías y de algunos objetos ornamentales, pero las circunstancias de la vida lo llevaron a aprender orfebrería.
“Cuando tenía 18 años de edad me invitaron a trabajar a la ciudad de México, fui como aprendiz de carpintería, hacía el revestimiento en madera de edificios y casas, pero en una de esas me quedé con un maestro de orfebrería”, rememora el artesano tlaxcalteca.
Siempre fue hábil para las labores manuales, por varios años trabajó como empleado en una joyería ubicada en calle Palma del Distrito Federal, pero hace tres años decidió poner su propio negocio que se sitúa en la calle Guridi y Alcocer, número 31, en el centro de la ciudad capital.
Es originario de Tlaxcala y actualmente vive en la colonia La Loma Xicohténcatl con su esposa y cuatro hijos. Casi todo su tiempo lo dedica a su negocio y sólo descansa los domingos, los cuales destina para “hacer talacha en la casa y a mi Ford Cougar, modelo 1985, color azul marino”.
Dice que su piedra favorita es el zafiro por su color azul, porque para él representa la paz y la tranquilidad.
“Las piedras preciosas tienen su propio significado y energía, las blancas son pureza, por ello se les da a las novias en sus anillos de compromiso, se montan circonias o diamantes”.
Agrega que las piedras rosas atraen el amor y la armonía familiar, las verdes, como el jade, son utilizadas para el estudio y la prosperidad.
En promedio, Marco Aurelio realiza entre tres y cuatro reparaciones al día, también crea objetos ornamentales, pero su mejor pago es “que la gente se vaya satisfecha con el trabajo. Trato de ser feliz y también quienes me rodena lo sean, entre ellos mis clientes”.
Entre las piezas más costosas que ha hecho está una esclava de 90 gramos de oro, fue para un hombre que ostentaba sus anillos, “recuerdo que se fue contento con el trabajo que le hice. Para dama he hecho piezas difíciles como son los anillos con piedras montadas y gargantillas”.
Los trabajos más solicitados en el local de Marco Aurelio son las esclavas y los anillos. Uno de sus hijos adolescentes le ha dicho que quiere ser orfebre y por ello le enseña todos los sábados.
“Quisiera que mis hijos estudiaran una profesión, pero el segundo ya me dijo que quiere ser orfebre y le estoy enseñando, porque esto es bonito y da para vivir”, menciona satisfecho con su labor.
Las horas en el negocio de Marco Aurelio, que es un hombre fuerte y creativo, transcurren rápido pues la mayor parte del día está ocupado en su taller que se encuentra detrás de los exhibidores de aretes y anillos.
A sus 42 años de edad, dice en tono jovial que le gusta el rock y la salsa, y esa es la música que oye mientras trabaja. “Mis grupos favoritos son Jaguares, Linkin Park, la salsa y el rock progresivo”.
Las malas experiencias en su trabajo son cuando algunas personas quedan inconformes con la reparación y se van sin pagar. “Una vez una señora vino por sus aretes que ya estaban reparados, dijo que así no era, creo que actuó de mala fe para no pagar porque la joyería es precisa y yo siempre les pregunto detalladamente cómo quieren la pieza”.
Marco Aurelio define la joyería como una forma de vivir, primero, pero también le representa una actividad que trasciende. “Mi oficio viene desde la antigüedad, para mí es seguir la secuencia que lleva la vida”.
Si no hubiera sido orfebre, nuestro personaje dice que le hubiera gustado ser médico tradicionalista, ya que entre sus mayores pasiones se encuentra descubrir que la naturaleza es la que provee de todas las curas a los males de la gente.
“Me gusta conocer las plantas medicinales, sé un poco, me gusta ver a la gente sana y contenta”, concluye con una sonrisa mientras termina de pulir un anillo al que le acaba de montar una piedra azul.