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Miércoles, 21 de octubre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Secciones
 
 
MEDIEROS
 

Ojarasca. 20 años

Ojarasca número 1
ANA LIDYA FLORES

Revisar periódicos, revistas y suplementos del domingo es un ritual para los infoadictos. No hay tanta presión como entre semana, y el lector se puede dar la licencia de extender las publicaciones sobre cualquier superficie, y regodearse durante largo tiempo en las propuestas editoriales que ofrece la prensa para el consumo regular. El domingo 18 de octubre tenía sobre la mesa las revistas y periódicos de consulta obligada, pero también estaba el dossier de Ojarasca, y tengo que reconocer que las publicaciones del día se quedaron intactas, porque dediqué varias horas a revisar una a una las revistas publicadas desde hace más de 20 años...

Me quedé varios minutos examinando el ejemplar de México indígena (septiembre 1991, número 24) y la fotografía magnífica de un mediodía en Ostula, Michoacán, así como una pestaña que a la letra dice: “Segundo aniversario. Último número. El próximo mes busque Ojarasca”. En la sección “Umbral”, se explica a los lectores que la publicación cierra un ciclo y que a partir del siguiente número, “la revista cambia de nombre, no de objetivos. En condiciones de independizarse plenamente, Ojarasca, revista de la civilización popular, deja atrás un periodo de maduración apoyado por la coedición entre el INI  y Nexos”.

Luego me estacioné en el primer número de Ojarasca, revista mensual que en octubre de 1991 costaba 6 mil pesos... En la portada aparece una luminosa aprendiz de música de Tlahuitoltepec Mixe, Oaxaca. Con saxofón en mano y la partitura desplegada en el atril, la hermosa muchacha sonríe e inevitablemente me hace pensar en Tajëëw, la princesa mixe que estudió Ciencias Políticas en la Universidad Iberoamericana Puebla. El reportaje principal está dedicado a la emblemática comunidad de músicos, pobladores del país de las nubes, y fue escrito por Hermann Bellinghausen, director de la revista y periodista emblemático, imprescindible referencia para la literatura, el cine y la prensa del México contemporáneo.

El mismo Bellinghausen sigue dirigiendo la Ojarasca que hoy es un encarte de La Jornada. Otra vez en la sección “Umbral” –equivalente de la editorial–, hace el recuento de los 20 años de la publicación. Nos recuerda que circularon 46 números hasta junio de 1996, lo que permitió cubrir con amplitud el alzamiento zapatista de 1994. “La publicación dejó de aparecer, pero el equipo editor se mantuvo ocupado acompañando el proceso de diálogo de San Andrés Sakamch’em entre el gobierno federal y la comandancia del EZLN...”

Ojarasca llegó al número 150 de los publicados en La Jornada y en coincidencia con estos 20 años, el equipo tiene un gesto invaluable: agradece a los pueblos indígenas de México y de América por sus enseñanzas, así como a  los colaboradores, especialistas y traductores. “También estamos en gratitud con los compañeros trabajadores de La Jornada (...). Y con nuestros lectores, pues tenemos la sospecha de que existen”.

Este texto va justo en la línea del agradecimiento. Una lectora que agradece la presencia de una publicación de esta naturaleza. Independiente, plural, comprometida. De un equipo que no puede ser más cercano y horizontal. Va un botón de muestra: A finales de abril de 2006, me topé con Hermann a la salida de una reunión de adherentes a la otra campaña. Él mismo estaba distribuyendo el ejemplar más reciente. Pocos directores de medios tan prestigiados hacen eso. Baste revisar la contraportada del número de aniversario para constatar la calidad de la publicación. Por la salud y el bienestar de Ojarasca, van estas líneas de una asidua seguidora que ha disfrutado los últimos 20 años de una publicación respetable y digna.

 
 

Lo importante no es la caída, sino el aterrizaje...

JOSÉ EDUARDO DÍAZ CASANOVA

Es la historia de un tipo que cae del piso 50 y mientras va cayendo se repite sin cesar para tranquilizarse “hasta ahora todo está bien”, “hasta ahora todo está bien”, lo importante no es la caída, sino el aterrizaje. Es así como empieza la película llamada El Odio (La Haine, 1995, de Mathieu Kassovitz) con la narración en off de esta anécdota y que se parece a la situación que está viviendo nuestro presidente Felipe Calderón Hinojosa.

El tema que ha generado tanta controversia esta semana en todos los medios de comunicación y la sociedad mexicana ha sido el desmantelamiento de la empresa Luz y Fuerza del Centro, controlada por el Sindicato Mexicano de Electricistas, efectuado por el gobierno federal.

Soy de los primeros en apoyar este tipo de decisiones por parte del presidente Felipe Calderón al tomar acciones contra esta empresa obsoleta e ineficaz en cuanto a proveer a los ciudadanos de un servicio de calidad; sin embargo, las principales causas del pésimo manejo de la compañía no se deben al trabajador común, sino a la ambición de los líderes del sindicato que representaban la función de una rémora al succionar el dinero del estado para intereses personales y jamás de los agremiados.

Es por esa razón que el gobierno debe responsabilizarse de un problema que él mismo se generó a través de los años al no querer enfrentarse con estas mafias sindicales por miedo a los costos políticos, y debería buscar soluciones viables en lugar de salidas fáciles como dar altas indemnizaciones y olvidarse del problema, porque recordemos que hay 42 mil familias afectadas que dependían de ese salario para cubrir sus necesidades básicas y aunque por el momento si aceptan cobrar sus cheques tendrán dinero, ¿cuánto tiempo les durará?

En este problema tan complejo me encuentro un poco escéptico, ya que sigue subyaciendo una duda que tenemos los mexicanos ¿éste es el punto de partida para ir despojándonos de estos sistemas sindicales que manejados por verdaderas lacras sociales para su propio beneficio? ¿Elba Esther Gordillo y Romero Deschamps también van a tener las mismas consecuencias o todo va seguir siendo una cortina de humo? ¿Y qué va pasar con los ex empleados de Luz y Fuerza del Centro? Sólo el tiempo lo dirá ya que no veo a nadie que lo quiera responder.

 
 

El nombramiento de nuevas comisionadas del IFAI: un paso atrás en el camino de la transparencia y la rendición de cuentas

LILIA VÉLEZ IGLESIAS

La designación presidencial de  Wanda Sigrid Arzt Colunga y María Elena Pérez Jáen como comisionadas del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) representa un paso atrás en el proceso de institucionalización de la transparencia en México, pues fue realizado al margen de la sociedad y además porque ambas mujeres tienen serios problemas para garantizar su independencia del gobierno federal.

El nombramiento deberá ser ratificado o rechazado por el Senado de la República en las próximas dos semanas. De ahí, la necesidad de exhortar a los representantes en la Cámara Alta a que realicen un análisis serio de las propuestas presidenciales, para determinar si realmente cumplen con el perfil idóneo para integrarse al IFAI, o como han señalado varias organizaciones involucradas en el tema, carecen de los conocimientos y la autonomía indispensables para ocupar estos puestos, que deben ser de ciudadanos que garanticen el cumplimiento estricto de nuestro derecho constitucional a la información.

El nombramiento de Arzt Colunga ha sido duramente cuestionado por la cercanía que ésta tiene con el presidente Felipe Calderón, pues anteriormente se desempeñó como secretaria técnica del Consejo de Seguridad Nacional y como su asesora en estos temas durante el periodo de transición. En tanto, Pérez Jáen ha sido criticada por su tendencia al protagonismo, sus gastos injustificados como comisionada en el InfoDF e incluso por no “existir jurídicamente”.

Sin duda,  la propuesta de Calderón Hinojosa despierta serias dudas sobre su intención de fomentar la transparencia y la rendición de cuentas en su gobierno.

Ante ello, es urgente impulsar la reforma, pendiente desde hace más de un año, a la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información y que en ella se establezcan criterios claros y transparentes para la selección y nombramiento de los comisionados del IFAI, que “blinden” a los mismos de las tentaciones gubernamentales de volver a la opacidad.

No podemos permitir que se den pasos atrás en el largo camino por tener un gobierno más transparente, más vigilado y más responsable.

 
 

 
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