Revisar periódicos, revistas y suplementos del domingo es un ritual para los infoadictos. No hay tanta presión como entre semana, y el lector se puede dar la licencia de extender las publicaciones sobre cualquier superficie, y regodearse durante largo tiempo en las propuestas editoriales que ofrece la prensa para el consumo regular. El domingo 18 de octubre tenía sobre la mesa las revistas y periódicos de consulta obligada, pero también estaba el dossier de Ojarasca, y tengo que reconocer que las publicaciones del día se quedaron intactas, porque dediqué varias horas a revisar una a una las revistas publicadas desde hace más de 20 años...
Me quedé varios minutos examinando el ejemplar de México indígena (septiembre 1991, número 24) y la fotografía magnífica de un mediodía en Ostula, Michoacán, así como una pestaña que a la letra dice: “Segundo aniversario. Último número. El próximo mes busque Ojarasca”. En la sección “Umbral”, se explica a los lectores que la publicación cierra un ciclo y que a partir del siguiente número, “la revista cambia de nombre, no de objetivos. En condiciones de independizarse plenamente, Ojarasca, revista de la civilización popular, deja atrás un periodo de maduración apoyado por la coedición entre el INI y Nexos”.
Luego me estacioné en el primer número de Ojarasca, revista mensual que en octubre de 1991 costaba 6 mil pesos... En la portada aparece una luminosa aprendiz de música de Tlahuitoltepec Mixe, Oaxaca. Con saxofón en mano y la partitura desplegada en el atril, la hermosa muchacha sonríe e inevitablemente me hace pensar en Tajëëw, la princesa mixe que estudió Ciencias Políticas en la Universidad Iberoamericana Puebla. El reportaje principal está dedicado a la emblemática comunidad de músicos, pobladores del país de las nubes, y fue escrito por Hermann Bellinghausen, director de la revista y periodista emblemático, imprescindible referencia para la literatura, el cine y la prensa del México contemporáneo.
El mismo Bellinghausen sigue dirigiendo la Ojarasca que hoy es un encarte de La Jornada. Otra vez en la sección “Umbral” –equivalente de la editorial–, hace el recuento de los 20 años de la publicación. Nos recuerda que circularon 46 números hasta junio de 1996, lo que permitió cubrir con amplitud el alzamiento zapatista de 1994. “La publicación dejó de aparecer, pero el equipo editor se mantuvo ocupado acompañando el proceso de diálogo de San Andrés Sakamch’em entre el gobierno federal y la comandancia del EZLN...”
Ojarasca llegó al número 150 de los publicados en La Jornada y en coincidencia con estos 20 años, el equipo tiene un gesto invaluable: agradece a los pueblos indígenas de México y de América por sus enseñanzas, así como a los colaboradores, especialistas y traductores. “También estamos en gratitud con los compañeros trabajadores de La Jornada (...). Y con nuestros lectores, pues tenemos la sospecha de que existen”.
Este texto va justo en la línea del agradecimiento. Una lectora que agradece la presencia de una publicación de esta naturaleza. Independiente, plural, comprometida. De un equipo que no puede ser más cercano y horizontal. Va un botón de muestra: A finales de abril de 2006, me topé con Hermann a la salida de una reunión de adherentes a la otra campaña. Él mismo estaba distribuyendo el ejemplar más reciente. Pocos directores de medios tan prestigiados hacen eso. Baste revisar la contraportada del número de aniversario para constatar la calidad de la publicación. Por la salud y el bienestar de Ojarasca, van estas líneas de una asidua seguidora que ha disfrutado los últimos 20 años de una publicación respetable y digna.