La enfermedad de Alzheimer es una carga médica, emocional y económica que está afectando a miles de familias en el mundo. Las agencias de salud mundial han proyectado una probable incidencia de millones de casos para mediados del siglo. Recientemente se han publicado varios artículos en revistas científicas señalando los beneficios que pudiera tener el café en la prevención de la enfermedad de Alzheimer (EA). En ellos se ha presentado evidencia sobre la función neuro–protectora de la cafeína, de cómo estimula la memoria y de la mejora en los procesos cognitivos.
El café es una de las bebidas que más ampliamente se consume en el mundo, y es la principal fuente de compuestos antioxidantes en la dieta occidental. El principal componente activo del café es la cafeína (un derivado de las xantinas), que muy probablemente es la principal sustancia psicoactiva más consumida en el mundo.1 Además, el café contiene una variedad de moléculas con actividad biológica que consigue efectos tales como disminución de la fatiga, aumento de la alerta y mejora el humor, lo cual podría explicar su gran consumo en el mundo entero.
A pesar de que el café es fuertemente criticado y vilipendiado por sectores sociales que consideran que su efecto psicoactivo estimula los sentidos y por consiguiente la concupiscencia, los datos sobre los efectos en la salud de los diferentes componentes del café demuestran que esta bebida puede contribuir a la prevención de enfermedades. De acuerdo al grupo de investigadores presidido por Arendash B.B., la cafeína es potencialmente un agente terapéutico contra la enfermedad de Alzheimer. Una dosis equivalente a cinco tazas diarias de café en humanos mejoró los trastornos cognitivos en ratones transgénicos tipo A_PP de edad avanzada. Al examinar el tejido neuronal de los ratones transgénicos los autores encontraron que la cafeína había disminuido los agregados solubles e insolubles de proteínas A_. 2
El principal evento patológico en la EA es la acumulación de depósitos de amieloide–beta o A–beta, una proteína pequeña que se aloja en el exterior de las neuronas y que provienen de la división de su precursor, la proteína precursora amieloide–beta (A_PP). Este conjunto heterogéneo de pequeñas proteínas forman placas que se presentan en la corteza cerebral y en el sistema límbico. Además, se presentan madejas o marañas en estas áreas del cerebro, formadas por filamentos de proteína tau, proteína que reside en el interior de las neuronas y en sus proyecciones ramificadas (axones y dendritas). Los agregados de A–beta inician una cascada de sucesos donde involucran y alteran las proteínas tau en el interior de la célula. La acumulación de A_ en el interior de las neuronas conduce a la neuro–toxicidad y finalmente a la muerte de la neurona, iniciador específico de la enfermedad de Alzheimer.
Entre los diversos estudios que se han hecho para conocer el efecto neuro–protector de la cafeína se encuentran dos que sobresalen de los demás: El estudio Rancho Bernardo, el cual encontró una relación inversa entre el consumo de café y el deterioro cognitivo entre mujeres y la investigación de casos controlados en Portugal, el cual encontró un efecto protector de la cafeína en la prevalencia de la ED. En este último estudio se comparó el desarrollo de 54 personas con la enfermedad de Alzheimer con 54 personas control durante 20 años. Los autores del estudio encontraron un promedio significativamente bajo de consumo diario de café entre las personas con ED comparado con el grupo control. Después de haber analizado otros factores como la diabetes, el consumo de vitamina E, y la historia de demencia en la familia, contrario a otros estudios, no se encontró ninguna relación con la ED.
Otro beneficio que se ha podido observar en la cafeína es su efectividad como potenciador de la cognición. Este efecto se explica a través de la relación que la cafeína tiene con los receptores cerebrales con los que interactúa. A dosis no tóxica, es decir, las habituales tras la ingesta prudente de café o bebidas con cafeína, ésta actúa como un antagonista de los receptores de adenosina, principalmente los A1 y A2A. Las sustancias tipo purinas, como las adenosina, aunque no pueden ser consideradas neurotransmisores clásicos, ejercen su acción sobre algunas áreas del cerebro. La adenosina es considerada como un regulador homeostático y se le ha involucrado en funciones como la regulación del sueño, la ansiedad, la memoria y el ejercicio cognitivo. Debido a que el efecto de la adenosina es inhibitorio al actuar la cafeína como antagonista de ésta se obtiene un efecto estimulante. Precisamente potenciando la memoria y los procesos cognitivos.
Se ha observado que el consumo de cafeína produce efectos más beneficiosos sobre la memoria cuando hay una alteración previa. Por ejemplo, la cafeína ejerce efectos claros en la cognición de personas estresadas, ya sea por fatiga o por falta de sueño. Asimismo, tiene efectos beneficiosos aún mayores en la cognición de individuos de edad avanzada y atenúa el declive asociado a la edad. En la revisión presentada por Rodrigo A. Cunha 3 resalta que la evidencia apunta a que los efectos del consumo de cafeína sobre la cognición son más evidentes cuando las capacidades ya están disminuidas, mientras que el impacto es más discreto cuando la memoria no se encuentra perturbada por factores desencadenantes. De acuerdo a Cunha, la evidencia que él ha evaluado parece indicar que la cafeína no es un potenciador cognitivo, sino un normalizador cognitivo, que proporciona efectos beneficiosos en la restauración de la capacidad cognitiva perdidas o disminuidas. Además señala que esta potencialidad de la cafeína es similar a la descrita como normalizadora del estado de ánimo.
Los efectos neuro–protectores del café pueden extenderse hacia otros trastornos cognitivos como el de la deficiencia de atención. Aunque la evidencia no es concluyente, estudios epidemiológicos han señalado que la incidencia del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es menor en países con mayor consumo promedio de café y bebidas con cafeína. 4 Por lo que, actualmente se está contemplando a la cafeína como una opción terapéutica para el TDAH.
Los beneficios asociados a la ingesta de café se remontan a la antigüedad. Una leyenda etíope cuenta que un pastor perezoso de la región de Caffa empezó a tener cuidado de su rebaño sólo cuando empezó a tomar granos de café. Según la bibliografía fueron los turcos los primeros en preparar infusiones de café, lo que se consideraba un secreto de Estado para cuyo mantenimiento se prohibió la exportación del grano. Beber café tuvo gran importancia para la civilización otomana, como atestigua una ley de 1475 que permitía a las mujeres conseguir el divorcio si sus maridos eran incapaces de proveerles una cantidad de café diaria.5
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1 Pharmacol Rev. 1999; 51: 83133
2 J. Alzheimer Dis. 17, 661680
3 Med Clin (Barc). 2008, 131 (20): 7905
4 Med Hypotheses 1985;18: 1637
5 Ibid. Cunha.