El investigador Francisco Hermosillo–González y Adams, autor del libro el Códice de Cholula, denunció a La Jornada de Oriente la comercialización de “hojas arrancadas” de libros de fondo antiguo que son comercializadas vía internet en la plazuela de los Sapos.
Del saqueo de archivos en Puebla, comentó hace falta una investigación a fondo. “Nosotros nos enteramos de que arrancaron de un legajo de un libro de fondo antiguo –del que no dijo su nombre–, que fue subastado en internet”.
“Esta información la sabemos porque me mandaron a dictaminar un artículo de un historiador español, donde claramente le avisan que están unos documentos de venta por la web y que vaya a verlos, que consulte por el internet. Cuando lo hace se entera que ya fueron comprados por un coleccionista de los Estados Unidos, los documentos salen fuera del país”.
“Él dice que muy benévolo el comprador se los dejo ver, bajo el argumento de querer difundir ese material, y el señor no hizó ninguna insinuación de que son robados, y certificó que son originales, además los reproduce, y resulta que son documentos de un archivo notarial y/o judicial”.
–¿Hubo una denuncia por este documento robado ante las autoridades poblanas?
–No, aunque sabe que está trabajando con documentos saqueados y promoviendo al coleccionista para que esto continúe, y parte de este tema urgente vamos a tratar en el Coloquio sobre la Defensa del Patrimonio, a realizarse del 16 de octubre al 22 de noviembre, en el Hotel Real de Naturales (6 Oriente 7), en San Pedro Cholula.
Al respecto, el maestro Manuel de Santiago, director de la Biblioteca José María Lafragua, que cuenta con uno de los acervos más importantes de fondo antiguo en Puebla, coincidió que este tipo de comercialización se realiza al amparo de las autoridades locales, y argumentó que la lamentable situación se debe en gran medida a una falta de legislación que subsane las lagunas jurídicas.
“Desgraciadamente este es un fenómeno recurrente. La venta de libros y documentos antiguos se hace a la vista de todo el mundo. No hay restricción alguna, sobre todo porque hay lagunas en la Ley de Monumentos, que considere el patrimonio documental como una propiedad protegida”.
“Hay que descubrir –consideró– los objetos de custodia; y si no sabemos qué es un libro antiguo difícilmente lo vamos a resguardar: ese es el gran problema”.
Debido a ese vacio legal, los coleccionistas andan en la caza de estos documentos originales, que puedan sacar del país sin mayor problema. También existen coleccionistas no conocedores que propician la mutilación de los libros, porque algunos de los grabados les gustó, y yo conozco o algunos de ellos”.
–Entonces, ¿la digitalización de los libros antiguos podría ser un catalogo para posibles hurtos?
–Hoy día es muy difícil o imposible sustraer libros de las bibliotecas de fondo antiguo que hay en Puebla (Franciscana, de la UDLA, José María Lafragua, de la Universidad Autónoma de Puebla y de la Palafoxiana, de la Secretaría de Cultura), por la vigilancia de cámaras y personal que hay en las salas, que registran con todo detalle las salas de consulta y lectura”
Además, el jefe de Control Bibliográfico, en el caso de Lafragua, revisa antes y después el libro solicitado por un investigador empadronado (con fotografía), asociado a que no a cualquiera se le da la oportunidad de manipular los textos.
“Los libros antiguos que ahora se comercializan en Puebla seguramente fueron sustraídos en otro tiempo, y no considero que sean vendidos ilícitamente, porque no existe una ley que lo impida”.