“La escuela dancística contemporánea de Cuba está basada en la extracción de su cultura africana. De ahí surge el ritmo, sabor y movimiento de sus exponentes, que nos ha convertido en referencia internacional, pues en cualquier compañía de danza del mundo, siempre habrá un bailarín cubano”, consideró en entrevista Heriberto Cabezas, coordinador artístico del espectáculo Carmina Burana, a presentarse el próximo 10 de octubre en el Complejo Cultural Universitario.
Tras el exitoso estreno mundial de la coreografía de George Céspedes –sobre la cantata de Carl Orff– presentado el año pasado en el Auditorio Nacional, de la ciudad de México, regresa el monumental espectáculo de danza, música en vivo, coros y luces, al país para participar en Puebla, la única plaza fuera del DF a donde llegará la majestuosidad del proyecto escénico, para después estar en el Festival Cervantino de esta año.
Ante tal importancia, Cabezas concedió una entrevista a La Jornada de Oriente para hablar del movimiento dancístico cubano a nivel mundial. “Cuba es un país proveedor de bailarines de nivel clásico y contemporáneo. Hay grandes estrellas, no sólo en el escenario, sino también en la docencia. En la isla existe un desarrollo enorme en expresión escénica, sobre todo a nivel interpretativo, fundado en décadas de practica y formación”.
–¿Los bailarines cubanos que conforman la Compañía de Danza Contemporánea de Cuba todos han sido formados en la isla o su educación viene de otros lugares, como Miami?
–No, todos son orgullosamente cubanos, radicados en la isla, de la Escuela Nacional de Danza de Cuba, que no precisamente es la de ballet, porque son dos cosas diferentes y estudian separados, aunque hay puntos de contacto que los complementan.
El coordinador artístico de Carmina Burana expuso que la danza contemporánea ha sido tachada de una expresión experimental, aburrida o para un grupo selecto de intelectuales. Sin embargo, aclaró que “esta coreografía es completamente física, al 100 por ciento, donde los bailarines actúan con toda su energía e inclusive incursionan, en algunos momentos brillantes, en la acrobacia”.
“No somos improvisados. Hay pasión, entrega, años dedicadas a la formación, años de mucho trabajo que inician a temprana edad”.
–Después de México regresan a La Habana, donde está la sede de la compañía. En este receso, ¿alternan temporadas en la isla o sólo trabajan para presentaciones en el extranjero?
–Tenemos temporadas normales en el Gran Teatro de La Habana y otros escenarios más pequeños, además de giras al interior de Cuba.
–¿Cuál es el sello de la danza contemporánea cubana que la diferencia de otras escuelas como la inglesa o rusa?
–Su gran tradición africana, de inmensa riqueza cultural, que evidentemente los bailarines han bebido. Además de la integración de la danza folklórica, que ha transformado en sensualidad, su particular forma de bailar.
“Las personas –arguyó– tienden a subvalorar el mundo de la danza, y el bailarín para llegar a ser profesional necesita formarse, por lo menos, a partir de los 8 años de edad”.
En entrevista, destacó que reunir este proyecto, con una gran orquesta, coros, bajo la dirección de Leo Kramer, y 40 bailarines en escena, ha sido una hazaña, como sucedió con el caso de traer a Puebla al primer bailarín del American Ballet Theatre, el cubano José Manuel Carreño, invitado especial, que “seguramente y debido a su formación clásica nos mostrará un panorama diferente y rico a nivel expresivo”.
La participación de la compañía en la Angelópolis es a propósito de la celebración del 50 aniversario de la agrupación cubana.
En la parte musical, participan las primeras voces: la soprano Irasema Terrazas; Oscar de la Torre, joven tenor radicado en Munich, Alemania, donde ha sido aplaudido en diversos espacios culturales; Jorge Lagunes, barítono de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes, en México, quien se ha presentado en el Covent Garden de Londres, con la Filarmónica de Israel, y con Andrea Chenier, en La Traviata, bajo la dirección de Plácido Domingo. En tanto, los videos que se proyectaran son de la autoría de Nelson Navarro, y el concepto escenográfico de Erick Grass.