No resulta aventurado afirmar que buena parte de las construcciones en La Calera han violentado la lógica más elemental de racionalidad urbana. Pero no sólo eso: las edificaciones se han realizado de maneta defectuosa, al grado de que carecen de drenaje, se cuartean apenas son entregadas para su uso y no hay en muchas siquiera obras de infraestructura hidráulica.
La zona es, además, por este despropósito urbanístico, un sitio propicio para el engendro de la delincuencia.
El problema que en particular ha generado el complejo Galaxia La Calera no tiene visos de resolverse.
Todo parece hacer ver que las autoridades de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas y el síndico municipal, Román Lazcano –quien en su calidad de “abogado del pueblo”, debería estar encabezando la protesta ciudadana– están de parte de la constructora.
No sólo eso. Al parecer el Consejo Estatal de Ecología ha tenido a bien autorizar el manifiesto de impacto ambiental para la constructora, a fin de que pueda edificar con la tranquilidad que le apetezca otras 300 viviendas contiguas al fraccionamiento en comento.
Quienes lo conocen a fondo, aseguran que detrás de este infausto caso se ubica Federico Bautista O’Farrill, ex titular de la antes llamada Secretaría de Desarrollo Urbano, Ecología y Obras Públicas de Puebla y heredero de los terrenos donde se realizan estos complejos habitacionales de esperpento.
Bautista ejerce presiones en donde puede, porque ya no sabe cómo honrar los compromisos que hizo con los constructores a los que vendió los lotes
No sabemos si el ayuntamiento que encabeza Blanca Alcalá Ruiz ya autorizó la construcción del fraccionamiento, el cual, desde luego, en este momento viola los preceptos contenidos en el Programa Municipal de Desarrollo Sustentable, conocido popularmente como carta urbana, mismo que desde su promulgación, en 2007, catalogó la zona como reservada para compensar, aunque fuera mínimamente, los perjuicios que ha ocasionado la urbanización sin sentido.
Premoniciones de tragedia
Este domingo hubo muchas llamadas a la redacción del periódico de parte de aficionados enardecidos con la pésima administración que tiene el estadio Cuauhtémoc. La desorganización volvió a ser el látigo aplicado a miles de personas que pudieron entrar al inmueble cuando el cotejo entre el equipo de La Franja y los Pumas de la UNAM ya estaba en medio tiempo.
Y todo porque privó la ilógica en la activación de accesos, porque las puertas giratorias resultan inoperantes y porque nadie tuvo un poco de sentido común para prever que un partido como el de ayer desbordaría cualquier improvisación.
Algunos de quienes más sufrieron estaban en la zona de palcos, donde sólo había una ruta para entrar y salir.
Esta es la enésima ocasión en que los atropellamientos y el hacinamiento resultan de la estulticia de los administradores del estadio Cuauhtémoc. Ojalá que la próxima nota que se dé sobre el Cuauhtémoc, no sea la de una tragedia en la que miles hayan perecido o salido heridos por la estupidez de quienes manejan el edificio.