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Lunes, 14 de septiembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Estado
 
 

El homenaje a Abraham Paredes, una cascada de anécdotas y momentos conmovedores

 
MARTIN HERNANDEZ ALCANTARA

El del sábado pasado no pareció ser un día distinto en la vida de Abraham Paredes. Recibió saludos, abrazos y besos de muchos. Esta vez, sin embargo, no estaba en algún lugar del Centro Histórico o en una plaza pública de los pueblos que le fascinan. El fotoperiodista fue protagonista de un homenaje, en ocasión de su 70 aniversario, que le brindaron poco más de 200 personas que fungieron como una suerte de delegados de sus incuantificables amistades.

El agasajo fue sobre todo una avalancha de anécdotas. Difícilmente entre los convidados había alguien que no supiera algo de Paredes García. El solaz estuvo en su punto con los recuerdos que Aurelio Fernández, Eduardo Merlo, Horacio Reiba y otros compartieron al respetable. En todas, el “gran amante de Puebla”, como lo ha llamado el director de La Jornada de Oriente, apareció como un hombre transparente, entregado al oficio de la imagen, pero, sobre todo, espontáneo.

Incluso hubo congratulaciones por la existencia de Paredes que llegaron de las voces más inesperadas. Fernández dio lectura a una carta que Joan Manuel Serrat envió al festejado, quien dice que Abraham no tiene 70 años, sino que hace 50 que tiene 20. La misiva conmovió a muchos, y parte de ella quedó plasmada en un reconocimiento que, a nombre de los trabajadores de esta casa editorial, le entregaron los subdirectores Susana Rappo y Sergio Cortés.

En la hora de los reconocimientos también pasó lista la comunidad del Centro Freinet Prometeo. Su directora, Hortensia Fernández, cuatro alumnos de primaria, una de preescolar y uno más de secundaria, le dieron un documento de agradecimiento, pues este hombre ha retratado a muchas generaciones de esa escuela activa.

El Instituto Universitario de Puebla, en cuyas instalaciones se realizó el homenaje, también reconoció a Abraham como uno de sus promotores. Gustavo Santin Nieto, el rector, le entregó una onza de plata rematada con una placa.

En coincidencia, fue un asunto numismático el que generó las lágrimas más sentidas de las varias que Paredes derramo esa tarde.  Sucedió cuando el médico Antonio Cruz tomó el micrófono para dedicarle unas palabras y recordó que días antes le había obsequiado al fotoperiodista una moneda acuñada en 1940 –“¡Ya me regalaste un año!”, expresó Paredes, que nació el 7 de septiembre del 39–, porque esa era la costumbre de su padre.

Paredes anunció que haría una confesión pública, y reveló que siendo niño hurtó 10 monedas a su padre, idénticas todas a las que le entregó el parasitólogo. El recuerdo lo hizo romper en el llanto más sentido de todos los que tuvo.

El homenaje a Paredes también fue un reconocimiento para quien ha sido su compañera de toda la vida: doña Filogonia González Rosas, de quien Aurelio Fernández dijo que es la que pone en orden la vida y obra de Abraham. A ella también se le brindaron las palmas de la concurrencia.

 
 
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