Por alguna razón, al conocer del planteamiento de los ministros de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), trajo a mi memoria el pasaje del libro de Antoine de Saint–Exupery en el que
El Principito aprende del zorro que domesticar es crear vínculos y que crear vínculos es tener necesidad uno del otro: “tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...”, le dice.
Y es que los ministros plantearon que si un progenitor es condenado a la pérdida de los derechos sobre sus hijos ello no implica que se le impida la convivencia con el menor, porque este derecho, sin duda, también es de ellos.
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