La modernización que llegó con Miguel de la Madrid y que ha sido sostenida por los gobiernos priistas y panistas ha ahondado la crisis económica que no llegó de fuera y que como solución se pretende explotar más a los contribuyentes cautivos.
La caída del muro de Berlín determinó el triunfo del mercado por sobre el Estado.
Al Estado se le consideró un estorbo para el desarrollo y se procedió a su reducción hasta dejarlo con los elementos mínimos.
Cobrar impuestos, administrar la violencia y regular la vida económica, provocó una regresión, pues en lugar de caminar hacia un Estado promotor de derechos de tercera generación, se redujo a uno de tipo asistencialistaen el país.
En lo económico, las llamadas paraestatales que algunos países convirtieron en eje estratégicos para el desarrollo, en México se vendieron al mejor postor y sólo porque algunos nacionalistas se opusieron fue que no se privatizaron Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad.
Para mostrar la ineptitud del Estado como administrador a estas empresas se les condenó a ser las suministradoras del gasto publico. Pero se abre un gran boquete cuando el petróleo baja de precio y disminuyen las remesas y el turismo.
El gobierno federal propone disminuir el gasto público, aumentar impuestos y endeudarse. Las medidas dolorosas, pero necesarias, caen sobre un actor que cada vez ha visto disminuir su existencia: la clase media.
Sólo que el discurso no es coherente con la acción y en la propuesta económica de 2010, el gasto público en lugar de disminuir aumenta: es mayor al de 2009 en 1.3 por ciento, 139 mil millones de pesos más.
Los cambios de funcionarios y la reducción de secretarías son sólo una forma de cosmetología para dar la idea de que se está cambiando, aunque se mantengan todos los privilegios de un modelo económico que fracasó.