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Viernes, 11 de septiembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CINE 

Luz y cenizas; edad y sabiduría

 

Parte del equipo del filme El estudiante / Foto Abraham Paredes
ALFREDO NAIME

La semana transcurrida tuve ocasión de ver, entre alguna otra, tres películas que en distinto grado me resultaron gratificantes. Hace ocho días, justo en este espacio, me referí a ellas colateralmente, estableciendo ya el interés de su presentación en Puebla. Dichas películas son: la iraní Las cenizas de la luz, del admirado Majid Majidi; la sueca y sorprendente Déjame entrar, de Tomas Alfredson, ganadora de 56 premios internacionales en cuanto festival internacional se ha exhibido; y también, orgullosamente, la mexicana El estudiante, de Roberto Girault, a través de la cuál –gracias a la iniciativa del director y de su guionista, Gastón Pavlovich– el celuloide mexicano recupera por fin un rumbo que se le ha perdido por más o menos tres décadas: el del cine familiar. No ese de enredos o “aventuras” con personajes infantiles o cuasi–adolescentes, sino ese de rostro humano, esencialmente reconocible. Amplío hoy el comentario en torno a dos de esos tres films.

Como aquí apunté la semana pasada, El estudiante es la ópera prima de Roberto Girault, que por cierto también recupera a Jorge Lavat para la pantalla grande después de tres décadas y media de ausencia. Su papel es el de un septuagenario que, para cumplir un sueño perenne, se matricula en la Universidad de Guanajuato, al lado de compañeros de clase que podrían ser sus nietos, pero que en el desarrollo del argumento se convertirán en sus amigos, en el esencial sentido del término. Entonces, ahí está Chano, el personaje de Lavat, con su estampa de profesor sabio y docto, fungiendo en cambio con sus cuadernos (usted escoge la acepción del término) lo mismo como guía espiritual, que como ventana al mundo, que como preciso consejero, que como avezada pareja –y contrincante– en el cuarto de dominó. Lo anterior, igual para ellos que para ellas: sus “colegas” estudiantes. Suerte que para hacer menos cruda la colisión de generaciones, existe El Quijote de la Mancha (y también Agustín Lara, el flaco de oro, faltaba más).

Sensible y afectuosamente dirigida por Girault; bellamente fotografiada (sin alardes fatuos) por Gonzalo Amat, y muy bien actuada por todo el reparto –que incluye, al lado de Lavat, a Norma Lazareno, Cristina Obregón, Siouzana Melikian, Pablo Cruz Guerrero, Cuauhtémoc Duque, Jorge Luis Moreno, et alEl estudiante es un film tierno, pero no por ello blando de inteligencia; dulce, pero también punzante; sereno, pero al mismo tiempo con humor y entretenido, en el que según ciertos innobles códigos a los que el norte nos ha acostumbrado, “no pasa nada”, cuando en realidad pasa todo; todo lo que es cercano, y entrañable, e importante. A partir de esto, bien se justifica el que su director –cuando se presenta en eventos promocionales de su cinta– con rostro orgulloso y brillo en los ojos, inicie diciendo: “Soy Roberto Girault, soy director de cine, y mi película...¡está en cartelera!”. Acérquese a ver El estudiante; recupere la memoria y disfrute, otra vez, de ese cine nacional de, con y para familias que algún régimen extravió, para desgracia de todos.

En cuanto a Las cenizas de la luz, de Majidi (Los niños del cielo, El color del paraíso), la premisa es demoledora: ver no necesariamente brinda la luz de la felicidad y la plenitud. Más aún, en el caso de Youssef (el profesor universitario, ciego 38 años, que recupera la vista), dicha luz incluso puede menguar, extinguirse hasta la infelicidad, en la recuperación del acto físico de mirar (reconozco el afán simbólico aquí), o mejor dicho, en su implicación principal: el mundo y sus habitantes dejan de ser aquello que, desde la obscuridad, el personaje imaginó a luminosa voluntad. Majidi entrega pues, de nueva cuenta, una película sutil, reflexiva, que después de un primer acto poético encuentra su habitat en el drama emocional que discurre a partir de que la desilusión se convierte en personaje. ¿Cómo perdernos Las cenizas de la luz? Bueno, sólo que no alcance una segunda semana de exhibición.

 
 
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