Le gustan las motocicletas desde adolescente, pero no pensó que serían su vehículo de trabajo. Invariablemente, durante 12 horas al día, Alex Esparragoza Hernández se desplaza en las calles de la capital del estado y sus alrededores para repartir pizzas a tiempo.
Como motociclista y con sus compañeros de trabajo se divierte mientras se gana la vida; “me gusta el relajo”, dice con una sonrisa al referirse a lo que más le agrada de su empleo.
Tiene 30 años de edad y desde los 18 anda en motocicleta, lo mismo ha sido “cobrador que tortillero; hace cuatro años atendía una tortillería, pero me pasé a trabajar aquí”.
De las 11 a las 23 horas Alex tiene que estar en la sucursal del centro de la pizzería Tony’s, donde se desempeña como repartidor de pizzas, en promedio su horario se respeta, pero en ocasiones sale hasta media noche, refiere.
“Los días que más hay ventas son los martes, porque son dos por uno y a veces salgo a las 12 de la noche, pero como me llevo la motocicleta de la empresa no tengo que pagar taxi”, menciona de buen humor, porque sus compañeros lo chancean mientras es entrevistado por La Jornada de Oriente.
Alex dice que lo que menos le gusta de su trabajo son las lluvias, pues termina empapado y es más peligroso desplazarse para repartir el producto. “En esta época, el agüita es peligrosa”.
Menciona que los accidentes en carretera son la panorámica más común en sus trayectos, sobre todo los fines de semana, por ello es precavido, aunque no se ha escapado de sufrir algún percance abordo de la motocicleta.
Es entonces cuando el joven de complexión robusta y mirada serena que es resguardada por unos anteojos, cambia el tono de su voz y borra su sonrisa: “yo mismo tuve un accidente hace dos años, un carro se me atravesó, me patiné, choqué con éste y me zafé la clavícula, lo bueno es que estoy bien”.
Celebra que en su empresa no se aplique la promoción de tiempo, “que si en media hora no llega la pizza es gratis”, pues eso le permite no ponerse nervioso, pues ese producto tendría que pagarlo él si no lo entrega y por lo tanto maneja con mayor precaución.
“Yo no voy contra el tiempo, si no encuentro el domicilio no pasa nada, sólo tengo que reportar que se regresó la pizza”, agrega al tiempo que recupera de nueva cuenta la sonrisa que parece permanente en su rostro.
–¿Te has perdido al repartir pizzas?–, se le pregunta.
–Sí, lo más lejos que he ido es Acuamanala, Santa Cruz Tlaxcala, San Miguel Contla y Acuitlapilco, aunque la mayoría de los domicilios los identifico, sí me he perdido y me regreso con la pizza.
–¿Qué haces en esos casos?
–Nada, lo reportó, pero ha pasado después que (el cliente) habla por teléfono, nos orienta y regreso con la pizza, responde el originario de Puebla que radica en Panotla
–¿Por qué te hiciste repartidor de pizzas?
–Para tener dinero, para mantener a mi familia, tengo dos hijos, de 7 y 8 años de edad.
–¿Y qué te gusta más de tu empleo?–, se le inquiere.
–Andar en la ciudad y el ambiente de trabajo, también que conozco casi todas las calles de los municipios ubicados en el centro del estado.
–¿Qué es lo que menos te gusta de tu trabajo?
–Lo que no me gusta es que cuando llueve mucho, como en está época del año, el agüita es muy peligrosa.
–¿Desde cuándo manejas motocicletas?–, se le cuestiona.
–Desde hace 12 años, siempre me han gustado las motos; no tengo una, sólo las uso para el trabajo, sí quisiera comprarme una moto propia, pero ahora no tengo para eso.
–¿Cuántos repartos haces en promedio al día?
–Cuando está baja la venta son unos tres, pero cuando hay promociones hasta 15.
–¿Qué tal ganas en propinas?
–La propina no es ninguna obligación y depende siempre del cliente si te quiere dar, me ha tocado que en las calles más humildes sí me dan.
–¿Cuál es tu plan de vida?
–Quiero tener mi propia tortillería porque mi mamá tiene una y le “va muy bien”.