Si viviéramos en un país de primer mundo, este lunes el titular de la SEP de Puebla, Darío Carmona García, debía haber sido despedido o éste tendría que haber renunciado, luego de que se conoció el resultado de la prueba ENLACE mediante la cual se demuestra que 94 de cada 100 alumnos poblanos de bachillerato tienen problemas de aprendizaje de español y matemáticas, lo que pone en evidencia el rotundo fracaso de las políticas educativas en el actual sexenio. Pero más allá de lamentar lo que ya ocurrió, lo preocupante es lo que viene.
Para nadie es un secreto que Darío Carmona es el integrante del gabinete estatal que es el más cercano e incondicional de Javier López Zavala, el principal aspirante a ser el próximo gobernador del estado, y que el actual titular de la SEP forma parte del grupo intimo de colaboradores del “Señor Z”.
Ante esa circunstancia vale la pena preguntarse desde ahora: ante el hipotético y muy probable escenario de que Javier López Zavala sea el próximo jefe del Poder Ejecutivo estatal ¿En que cargo colocaría a Darío Carmona García?
Se sabe que Carmona ha venido acariciando el proyecto de ser el siguiente secretario de Gobernación o presidente del Congreso, cargos que utilizaría como plataforma para que en 2013 pudiera ser el candidato del PRI a presidente municipal de Puebla.
De hecho, hace poco más de medios año Carmona creía que todavía podía colarse al actual proceso de sucesión y ser candidato a edil de la capital. Por esa razón le pidió el apoyo a las dos secciones del SNTE, la 51 y la 23, así a la dirección nacional de ese sindicato, a cambio de que la SEP contribuyera a aplastar al movimiento magisterial disidente.
Más allá de especular cuáles son los cargos que puede o no puede ocupar Carmona García en un futuro, es pertinente desde ahora señalar que si López Zavala logra ser candidato y quiere ganar la elección, tendrá que ofrecer la construcción de un gobierno eficiente y que combata la corrupción. Y en ese sentido, tiene que sacudirse a Darío Carmona, cuyo paso por la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha representado ineficiencia, corrupción, simulación, autoritarismo, mediocridad y una larga lista de dislates.
Los indicadores que miden a las políticas educativas no mienten y ponen en evidencia que en los últimos cuatro años fue una farsa las políticas públicas destinadas a mejorar la calidad académica en el sistema educativo poblano, a abatir el rezago educativo y generar mejores condiciones laborales para los docentes.
Veamos algunos ejemplos:
Según el Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA), en los dos últimos años el estado de Puebla fue la entidad que menos atendió el rezago educativo, es decir, no se hizo nada para reducir el número de habitantes del estado que no tienen terminada la primaria o secundaria, que no saben leer o escribir, ni se buscó reducir la cifra de menores de edad que no acuden a la escuela. En esas condiciones están más de dos millones de personas en la entidad.
Pero además se debe agregar que se estima que unos 46 mil niños no acuden a la primaria. Lo cual muestra que a la SEP, o mejor dicho a Darío Carmona García, le vale sorbete el contenido del artículo 3 de la Constitución en donde se establece que la educación básica es obligatoria y el Estado debe garantizar ese derecho.
Otro indicador es el que se conoció el lunes y que es dramático. Según los resultados de la prueba ENLACE el 94 por ciento de los alumnos de educación media superior no pasaron las evaluaciones de lectura y matemáticas.
La gravedad de esa cifra es que 94 de cada 100 adolescentes que van al bachillerato no están siendo preparados para aplicar conocimientos en la solución de problemas del mundo real. Lo más triste de esto, es que la mayoría de los escolares que salen mal calificados son los que acuden a las escuelas que dependen de la SEP. Eso los lleva a estar en condiciones de inequidad frente a los muchachos que van a determinados colegios particulares o las preparatorias de la UAP, que tienen una mejor formación.
De esa situación no tienen la culpa los alumnos, ni sus padres. Es una catástrofe cuya única responsabilidad es de la SEP y de quienes encabezan esa dependencia, es decir, de Darío Carmona.
Los resultados antes citados parecen lógicos, eran predecibles, si se toma en cuenta que el titular de la SEP se la pasa organizando campañas electorales, se dedica a perseguir a maestros inconformes con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y que considera que mejorar la educación es arreglar grillas de la burocracia de la SEP y el sindicato magisterial.
Hace unos días en esta columna se narró que al inicio del presente ciclo escolar los capacitadores que debían explicar los programas que se aplicarán en el próximo año no les dieron computadoras, cañones de proyecciones, hojas y lápices, es decir, no les dieron nada. Lo cual muestra que solamente se cumplió con el trámite de organizar los cursos, pero no se tuvo la intención de que los profesores llegaran preparados al reinicio de clases.
Lo que pasó en ese curso es una muestra de cómo se hacen las cosas en la SEP. También en esta columna se narró al inicio del sexenio que los centros de capacitación de maestros carecían de todo y es la fecha, que la situación sigue igual.
Darío Carmona engañó a todos, a los maestros, el gobernador Mario Marín, a la prensa, a la burocracia de la SEP, pues cuando llegó al cargo dijo que era la hora en que los funcionarios de esa dependencia dejarán de hacer política y se dedicaran al mejoramiento académico.
Todo fue al revés, Darío Carmona se ha dedicado cuatro años y medio a la grilla, a la política, a cuidar sus intereses con el SNTE, y no ha hecho nada a favor de la academia.