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Miércoles, 9 de septiembre de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SUBEYBAJA 

Antes de que llegue el bicentenario, quieren cambiar la historia

 

 
RAMÓN BELTRÁN LÓPEZ

Ya casi llegamos al 16 de septiembre y estaremos a solamente un año de festejar el bicentenario, sí, 200 años del Grito de Independencia. De ese grito que, allá en Dolores, convocó a los mexicanos a luchar por la Independencia. Miguel Hidalgo y Costilla fue quien le dio inicio pero no pudo verlo concluido. Tampoco José María Morelos y Pavón, otro cura que ofrendó su vida por la libertad y la independencia de México. 

En poco más de dos meses estaremos también a un año del centenario del inicio de la Revolución. 

Y mientras la primera fecha se aproxima, nos informan que la Conquista y la Colonia desparecieron de los libros de texto gratuitos de Historia que se entregan a todos los alumnos de primaria. Libros que, entre otras cosas, se han convertido –nada  extraño en este país– en un jugosísimo botín para sus autores e impresores, sobre todo para estos últimos.

Y como dice la canción: que cosas tiene la vida Mariana. Cosas, muy extrañas, por cierto. 

¿Es la vida irónica, sarcástica, cruel, burlona, sádica...?

Porque de plano ya no logro entender lo que pasa...

Y no me refiero a los 10 mandamientos de Calderón, en los cuales se omitió o se olvidó mencionar, por lo menos, a la corrupción como uno de los problemas a atacar.

No, porque ya los otros 10, son por sí mismos demasiado grandes, importantes, poderosos, como para intentar resolverlos todos, así sea parcialmente, y menos a mitad del sexenio y con un poder ejecutivo absolutamente debilitado, sin contar con un equipo leal y eficiente de colaboradores y, además, con el Congreso en contra. Hubiera bastado con seleccionar dos o tres y dejar los demás a quien lo suceda en Los Pinos.

Pero además, tendrá que celebrar el centenario de la Revolución, y de esa revolución que fue transformada en un partido, el PNR–PRI, y lo hará a regañadientes, porque cuando el Partido Acción Nacional nació fue precisamente para oponerse a ella, y a ese, a ambos.

Baste recordar lo que escribió al respecto Gomez Morín en su libro 1915: “... una pesada tolvanera de apetitos desencadenados, de propaganda siniestra, de ideologías contradictorias, de mentiras sistemáticas, impide la visión limpia de la vida nacional....”

Para combatir todo esto se fundó el PAN. Hoy, 60 años después de su fundación, el segundo presidente surgido de ese partido se verá obligado a celebrar todo aquello que su partido intentaba combatir. 

Y no podrá tocar, ni con el pétalo de una rosa, al partido tricolor, ni sus orígenes, ni sus métodos, ni al movimiento revolucionario del cual se adueñó. Porque si con algo se identifica a la Revolución Mexicana es con el PRI; o viceversa... aunque a muchos no les agrade...

Y ahora, cuando el libro de texto gratuito es atacado, ya sea por sus omisiones, por sus inconsistencias, por sus incongruencias, el presidente Calderón deberá defenderlo, como tal, como texto único y gratuito, aunque en 1958 su partido, el PAN, se enfrentara al gobierno del presidente Adolfo López Mateos por haberlo creado. La resistencia panista fue feroz y se intentaron todos los métodos de resistencia civil para impedir su entrega.   Ahora el PAN está en el poder y ni sueña con eliminar los libros de texto gratuitos. Cuando más intentarán cambiarlos, cambiar la historia, modificar todo aquello que no corresponda con su visión pasada, presente y futura de este país.

Así, sin querer, hablando de libros y celebraciones, nos tenemos que remontar a la Independencia, al otro centenario, al bicentenario.

Y ahora sí, como Pedro Ferriz, ya no sabemos si reír, llorar o ponernos a rezar. De plano.

Porque la iglesia católica pide que se modifiquen los libros de texto para aclarar que “ni el padre Hidalgo, ni el padre Morelos murieron excomulgados”. Y esto que parecía ser una simple ocurrencia de quienes ya no desean ser anatematizados por la excomunión, persecución y muerte de Hidalgo, padre de la patria, y Morelos, siervo de la nación, y menos en vísperas de las magnas celebraciones del bicentenario, no lo es. Es en serio.

Porque según varias notas periodísticas la ocurrencia de re–escribir la historia tiene varios inspirados autores. Veamos:

“(El sacerdote Gustavo Watson) dijo que a la petición que se hizo desde el máximo tribunal del Legislativo, en octubre de 2008 y que partió de un punto de acuerdo entre los legisladores para que el cardenal Norberto Rivera iniciara una investigación sobre la excomunión de Hidalgo y Morelos, a fin de pedir a la Secretaría de Relaciones Exteriores su intervención ante el Vaticano para que levantaran los edictos de excomunión en ambos casos, inicia en una confusión sobre los acontecimientos históricos en ambos casos”.

¿Así que el Poder Legislativo mexicano le pidió, o le pensaba pedir, al Vaticano que levantara las excomuniones? ¿Y para qué? No lo puedo creer, pero merece una investigación y una aclaración puntual por parte del Legislativo.

“Watson atribuyó todo a una confusión y enumeró los diversos estudios que se han realizado desde 1823 en los que se definió que ambos sacerdotes independentistas no murieron excomulgados debido a que durante el proceso civil–eclesiástico que se les siguió, ellos tuvieron oportunidad de expiar sus culpas previo a que los fusilaran”.

Así podemos quedar más tranquilos, de ser cierto todo esto, pues entonces aunque a Morelos se le hayan raspado las manos para que ya no pudiera ejercer funciones sacerdotales, aunque los hayan fusilado, aunque se haya colgado su cabeza en la Alhóndiga de Granaditas, ya “habían expiado sus culpas”. Menos mal, muertos, pero arrepentidos. Fusilados sí, pero no excomulgados. Y así, el buen padre Watson solicita que se cambien los libros de texto para aclarar que no murieron excomulgados.

Menos mal, ya los mexicanos tendremos una preocupación menos.  

Seguramente después pedirán también que se elimine eso de que el licenciado Primo de Verdad murió ahorcado, asesinado, en las mazmorras del Arzobispado de México. ¿Por qué, para qué narrar en los libros de Historia de los niños episodios tan groseros?

Y es que, según el buen Watson, el obispo Abad Queipo, al excomulgar a Hidalgo no había sido consagrado aún, así que el edicto donde lo declaraba, junto con sus compañeros “perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros”, y los excomulgaba si quis suadente diabolo, carecía de valor.  

Con un “usted perdone” hubiera bastado.

Claro que al padre Watson se le olvida, como a sus investigadores, que la postura de la iglesia católica en México, o Nueva España, era de una activa lucha en contra la Independencia, como lo ratificaría el arzobispo Lizana (y muchos más) en su edicto del 11 de octubre, en el cual aseguró que las declaraciones del obispo de Michoacán eran válidas y emanadas de autoridad competente. El 18 de octubre, en otra pastoral, el mismo Lizana escribiría: ... “Hijos míos, no os dejéis engañar; el cura Hidalgo está procesado por hereje; no busca vuestra fortuna sino la suya... Huid del que os enseña doctrinas que reprueba con las santas escrituras nuestra santa madre iglesia...”

Entramos al siglo XXI, con crisis económicas, políticas, epidemias, y encima de todo, con loquitos que quieren re–escribir la historia 200 años después.

 
 
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