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Viernes, 21 de agosto de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 ENTREPANES 

Pss, pa’ eso!

 
ALEJANDRA FONSECA

Entró cabizbajo a la casa. Vestía pantalón caqui, camisa verde, botas y cachucha que le tapaba el rostro. Se le veía muy triste al muchacho.

–¿Puedo hablar con usté? –le dijo a su patrona

–Si dime –contestó ella afable.

–Es por la confianza que nos da.

–Con confianza puedes hablar –reafirmó ella.

El joven empezó a sollozar. Trataba de controlarse y no podía. Traía un pedazo de papel de baño ya desgastado y hecho trizas en la mano. La patrona le dio unos pañuelos desechables que el tomó para limpiarse las lágrimas. Era su jardinero y lo estimaba mucho. Como se lo dijo, había mucha confianza entre ellos. Pasó un rato cuando la patrona le preguntó:

–¿Ya más tranquilo?

–Un poco.

–¿Qué pasó?

–¡Ay, ya me fui de mi casa!

–¿Por?

–Tomé y me puse loco. Tiré la televisión, el estéreo, rompí todo lo que tanto esfuerzo nos ha costado, a mi esposa y a mí, hacernos de nuestras cosas.

–¿Por qué reaccionó usted así?

–Por borracho.

–Pero los borrachos también tienen sus razones. ¿Cuál fue la suya?

–Que vinieron a sonsacar a mi esposa para que fuera a un baile...

–Y usted no le pudo decir que no quería que fuera al baile sin usted...

–Sí.

–Le dieron celos.

–Sí.

–Y tampoco le pudo decir que estaba celoso.

—No.

–¿Se da usted cuenta cuál es su problema?

–Que me pongo loco cuando tomo.

–No.

–¿’Tons?

–Que usted no sabe decir lo que siente. Y que su esposa no sabe que usted no sabe. Y ella, quizás, no sabe decir lo que siente y usted no sabe que ella no sabe. ¿Cómo se van a comunicar si los dos no saben que el otro no sabe? ¿Cómo, a fin, van a saber?

–¿’Tons qué hago?

–¿Sí se da cuenta?

–Sí. Nadie sabe que el otro no sabe y para saber hay que decirlo.

–Si eres bien listo. Así es. Hay que construir un puente para comunicarse y decir lo que sienten. ¿Qué siente usted?

(Lloraba)

–Me siento mal. He tratado de salir con mis amigos pero no es lo mismo. No quiero perder a mi familia.

–Eso es lo que le tiene que decir a su esposa. No lo de los amigos, pero sí que no quiere perder a su familia. Dígale todo lo que siente. Y dejarla hablar cuando ella le diga lo que ella siente. Sólo así se van a comunicar.

–¿Y cómo le hago para hablar con ella si no me contesta el teléfono y no me quiere ver?

–¿Sabe usted escribir?

–Sí.

–Escríbale. Ahí ponga con su puño y letra todo lo que sienta desde su corazón y lléveselo a su casa. ¿Qué le gusta a ella?

–Las flores. Rosas. Rojas.

–Escríbale una cartita diciendo lo que siente. Llévesela con un ramo de rosas rojas y déjesela ahí a ver qué pasa.

–Gracias doña. ¡Pa’ eso sirve leer y escribir!

–¡Pss, pa’ eso!

 
 
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