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Viernes, 21 de agosto de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 EPIDEMIO-LÓGICA 

La última enfermedad de Mozart

 
JOSÉ GABRIEL ÁVILA–RIVERA

En el último volumen de la revista Annals of  Internal Medicine, se publicó un artículo titulado “La muerte de Wolfgang Amadeus Mozart: una perspectiva epidemiológica” 1. Lo interesante de la noticia no es el planteamiento diagnóstico que ya se había propuesto desde hace tiempo, sino que un estudio de la frecuencia de fallecidos registrados en Viena durante noviembre, diciembre de 1791 y enero de 1792, imprime un atractivo particularmente interesante y concretamente fascinante.

Esta afirmación podría parecer temeraria; sin embargo, las razones por las que se pueden hacer esbozos diagnósticos a más de 200 años que han pasado desde que murió este músico genial, sepultado en una fosa común y cuyo cuerpo no ha sido encontrado, se sustentan en una serie de hechos extraordinarios. Bautizado como Johannes Chrysostomus Wolfgangnus Theophilus Mozart, desde muy pequeño se perfiló como un prodigio. Su padre Leopold, con una visión de cruel empresario, lo renombró como “Amadeus” (que sugería a un niño amado, evitando el abracadabrante nombre compuesto, para poder ser mejor recordado) y a los siete años de edad inició una serie de giras por toda Europa, con su hermana Ana (que iba a ser conocida con el diminutivo de “Nannerl”), desde Junio de 1763 hasta el 29 de noviembre de 1766. Tres años en carretas, por caminos terribles en donde debieron haber experimentado la sensación de ser unas sonajas, con incomodidades inimaginables pero cuyo tinte más desalmado fue haberlos separado de su mamá. Sin embargo, este sacrificio nos legó históricamente documentos invaluables pues la obsesión del padre, ocasionó que escribiera una cantidad impresionante de cartas relatando puntualmente todos los vericuetos a los que se enfrentaron en sus escalofriantes travesías.

Por esta circunstancia, muchos investigadores se han atrevido a hacer historias clínicas que difícilmente se podrían establecer incluso con cualquier individuo en la época actual. Más aún, la primera descripción clínica del Eritema nodoso, es atribuida precisamente a Leopold Mozart sin ser médico 2.

Hablar de las enfermedades de Mozart en su infancia es un capítulo aparte. Por ahora, analizando las posibles causas de su fallecimiento tomo las propuestas que más se han popularizado. En el acta de defunción, se estipula una “Hitziges Frieselfieber”, es decir, fiebre miliar aguda a causa de una erupción cutánea parecida a las semillas de mijo (que es un cereal asiático de semillas pequeñas).

Hace algún tiempo, leí un artículo en el que se proponía que padeció triquinelosis que es una enfermedad parasitaria ocasionada por consumir carne de cerdo mal cocida; confundida con la cisticercosis, que es otra enfermedad ocasionada por ingerir los huevos de una lombriz del cerdo denominada vulgarmente como “solitaria”, padecida también por humanos, que no es provocada por comer carne y que se aleja mucho de lo que pudo haber padecido. También se ha generalizado la idea de que fue envenenado por Antonio Salieri (17501825), lo que constituye una verdadera difamación a este extraordinario músico italiano que tuvo la desgracia de nacer en la misma época de Mozart y que a la postre, sería opacado como la mayoría de quienes se dedicaron a esta manifestación artística.

Se ha propuesto que al padecer una enfermedad genética de los riñones (riñón poliquístico), se puede explicar que en sus últimos días presentó una “hinchazón” generalizada (anasarca) que provocó “incapacidad de moverse en su lecho”.

 Pero la teoría más lógica y que se refuerza con el artículo que referí al principio es que tuvo una fiebre reumática, que es un problema en el que el propio sistema de defensa se “confunde” y ataca a las articulaciones, las válvulas del corazón o, como en el caso de Mozart, los riñones.

Esta enfermedad es desencadenada por la infección de una bacteria denominada Streptococcus pyogenes del Grupo A, que es muy sensible a la Penicilina, razón por la que en la actualidad es un problema de salud relativamente raro.

Muchas cosas se pueden discutir, pero cuando imagino las condiciones de salud hace más de 200 años, en que predominaba la teoría de la enfermedad por los cuatro humores hipocráticos y se proponían como tratamientos, purgantes, eméticos (sustancias para provocar vómito) y sangrías, estoy seguro de que la causa directa con la que debió firmarse su certificado de defunción fue iatrogenia, es decir, la enfermedad ocasionada por el médico.

No se trata de descalificar o desacreditar a aquellos que estuvieron atendiéndolo en sus últimos días (probablemente en el futuro, los médicos de hoy seremos fuertemente criticados). Pero vale la pena analizar con seriedad un caso como Wolfgang Amadeus Mozart, cuya música posee un poderoso encanto.

Si aderezamos su análisis con una buena dosis de su música, podremos acceder a un ambiente fascinante.

Así, siempre vivo, hasta en una forma inconciente, la humanidad recibió de él, un maravilloso regalo que nunca será lo suficientemente valorado.  

1. Zegers RHC; Weigl A; Steptoe A. The Death of Wolfgang Amadeus Mozart: An Epidemiologic Perspective Ann Intern Med.2009; 151: 274278

2. Caspar FC. Leopold Mozart and the First Description of Erythema Nodosum. Arch Dermatol. 2008;144(8):10491050. 

 
 
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