La reunión celebrada en Guadalajara por parte de los líderes de México, EU y Canadá, pasa a ser otra más de las reuniones de alto nivel, donde se desaprovecha para hacer un balance de los resultados del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), a raíz de la severa crisis que dicha área económica enfrenta. No hubo cuestionamiento alguno a dicho tratado comercial, y de la viabilidad de su operatividad, considerando que en nuestro caso, ello nos ha llevado a tener menos industria, menos sector agrícola, menos empleo formal, bajo crecimiento, que culminó en la presente recesión económica. El país no tiene condición alguna mantener la apertura comercial, pues ya no cuenta con flujo de capitales que financien el déficit comercial que se deriva de tal política económica. Dicho tratado se estableció dentro de la estrategia de crecimiento hacia fuera, considerando que la economía de Estados Unidos estaba creciendo en la década de los años 90. A pesar de las exportaciones que el país realizó a Estados Unidos, ello no se tradujo en desarrollo industrial y mayores empleos en el país, pues las importaciones crecieron más, las cuales desplazaron a la planta productiva y al empleo nacional. Ahora que la economía estadounidense está en recesión, no hay posibilidades de incrementar exportaciones a tal mercado, y la perspectiva es que éste se mantendrá estancado por varios años, y no volverá a crecer como lo hizo en el pasado. De ahí la importancia del balance que tiene que realizarse del TLCAN, como del análisis a realizar respecto a la viabilidad de continuar con el mismo, considerando que para el caso nuestro, no se han cumplido los objetivos esperados, de crecimiento económico y de mayor empleo.
La crisis que se enfrenta es consecuencia de ese modelo económico, que ha descuidado el crecimiento del mercado interno, y nos ha llevado a depender de factores externos, como las exportaciones y los flujos de capital, lo que nos coloca en un contexto de alta vulnerabilidad y nos impide tener política económica a favor del crecimiento.
En la cumbre celebrada en Guadalajara, lo económico estuvo ausente, lo que refleja que los tres líderes no quieren hacer cambio alguno a la estrategia predominante. Ni siquiera el gobierno mexicano logró acuerdo en relación a que se elimine la restricción que tienen los transportistas nacionales para circular por las carreteras de Estados Unidos. Simplemente se señaló la voluntad política del presidente Obama de trabajar con el Congreso de su país para intentar cumplir con tales obligaciones. Tal postura, el gobierno de México la ha escuchado en los últimos 15 años y sigue esperando que EUA cumpla con ello. Igual respuesta se recibió en torno a la reforma migratoria, donde se nos dijo, que las prioridades para ellos primero son la reforma en materia de salud, después la financiera y que será hasta el próximo año en que el Congreso de tal país empiece a debatir la reforma migratoria.
México no puede seguir esperanzado a que se apruebe una reforma migratoria en Estados Unidos para favorecer a los conciudadanos que emigran a dicho país, o de que Canadá quite el visado que acaba de establecer para los mexicanos que viajan a dicho país. La preocupación del gobierno mexicano debe ser la generación de empleos suficientes, dignos y bien remunerados internamente, a fin de frenar la expulsión de mexicanos del país y la separación de familias. Para ello debe erradicar la política económica predominante de libre mercado, que actúa a favor de lo financiero, y que ha actuado en contra de los sectores productivos y de la generación de empleos. Se deben colocar los objetivos nacionales en el centro de la política económica, y no subordinar ésta, a favor de los intereses externos. De igual forma, los acuerdos internacionales que el país negocie, debe preocuparse por que éstos actúen a favor del desarrollo productivo y del pleno empleo y la menor vulnerabilidad de la economía, y no como ha acontecido con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que ha actuado en contra de ello.
Reuniones internacionales van y vienen, y el país tiene cada vez mayores problemas, y cada vez nos pertenece menos. En vez de debatir el porque de la crisis, y el porque del crecimiento del crimen organizado, se llega a acuerdos internacionales de cooperación en torno al combate al crimen, ya sea transfiriendo recursos para ello, como apoyar la capacitación de los jefes policiales encargados de dicha tarea. Mientras no se analice y debata el porque de la crisis económica, y la necesidad de establecer las políticas económicas que la frenen y la superen, para poder satisfacer las demandas de los nacionales, seguiremos en más de lo mismo. Continuará el TLCAN con sus efectos negativos sobre la producción y el empleo, demandando mayores flujos de capital para financiar el déficit externo que ocasiona. El problema es que ante la caída de entrada de capitales, el gobierno ha recurrido a la deuda externa, en un contexto donde no se tiene condiciones de pago. Al déficit de comercio exterior se le sumarán los mayores pagos por el servicio de dicha deuda externa, y la economía dejará de ser sujeta de préstamos, ya que caerá en una situación de insolvencia, y los acreedores no prestarán para que con tales recursos se pague lo que se debe. Al seguir insistiendo en mantener a toda costa un modelo económico que la situación actual ha evidenciado que está fallido, nos llevará a una crisis mayor a la que tenemos.