Cuando llegamos, tuvimos que atravesar un buen rato de milpas. Hasta eso no está tan lejos, pensé cuando bajamos de la combi atascada de cajas. Pronto cargamos todo a donde íbamos a dormir y de improviso el olor a madera, las hierbas y los animales me recordaron a la primera vez que llegué a Tlaxcala hace ya más de 20 años. Era un olor familiar y ahora agradable. En ese tiempo, con tanta mierda racista y clasista en la cabeza, lo detesté.
La cocina era bellísima. Alejada del resto de la casa, había colgada en sus paredes y en la trabe de en medio jarros, ollas y demás utensilios de barro y madera. El techo era de tejas rojas, aunque ya casi negras por el humo de la estufa de leña. Había agua del pozo guardada en varios bidones, ramos de árnica, de berros y otras hierbas en la mesa. La cocina siempre me ha parecido el .. (+)