Una de las mayores críticas que se hacen a los partidos políticos es que se han convertido en un negocio, en el que familias se agrupan y conforme avanzan se reparten el poder y el dinero que permite la función pública.
El PAN, que como oposición fue uno de los mayores críticos del gasto estatal, ahora como gobierno hace de él un negocio doméstico, hogareño, íntimo, si no valga revisar la lista de los 370 consejeros que habrán de elegir al nuevo presidente nacional.
Más aún, a efecto de que no lleguen hombres y mujeres con experiencia de otros partidos, que les hagan ver chiquitos, el futuro presidente del PAN ha declarado que se acabaron las candidaturas externas, a partir de ahora van a apostar sólo por ellos mismos.
Se especializaron muy pronto en la dilapidación del bono democrático, de los excedentes petroleros, de la alternancia, del pacto federal. De la representación popular sólo admiten para sí los beneficios económicos.
Cuando eran oposición los blanquiazules criticaban todo lo criticable, entre otras cosas el excesivo gasto público, pero una vez que se han incorporado a la nómina lo más importante es asegurar el futuro, personal.
En Tlaxcala se ha iniciado el proceso de renovación del Comité Directivo Estatal y por lo que se avizora también será un asunto casero, un problema de clan, de fratria, de tribu, los nombres que se barajan para la dirigencia pertenecen a una sola cofradía.
La franquicia local del PAN ha resultado tan buen negocio que no quieren soltarla, sobre todo porque el futuro candidato al gobierno del estado no será un panista de cepa, sino de los recién adquiridos y no quieren que vuelva a peligrar su bolsillo.
Los blanquiazules locales han hecho religión el principio “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, por lo que se preparan para alquilar un sexenio más la marca, a efecto de asegurar su futuro económico.