El pasado lunes concluyó el desalojo de las oficinas de lo que habría sido la sede permanente del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), las cuales estaban en el Centro de Convenciones de la ciudad de Puebla.
Los 12 empleados que ahí laboraban fueron reubicados tanto en la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) del gobierno del estado, y otros más fueron a parar a la misma dependencia, pero en el ayuntamiento de Puebla. Incluso la Sedeco comenzó a expandir sus oficinas a este recinto.
Quienes no han podido ser colocados esperan encontrar empleo en alguna dependencia gubernamental, aunque en ellos persiste el temor de quedarse sin trabajo. Algunos aseguran que existe un director del ALCA en Puebla y se trata de una persona llamada Aldo Guerra, a la que reconocen como su jefe directo pero que tiene “meses” que no se aparece por las oficinas, pues está en la ciudad de México “arreglando asuntos”.
A pesar de que el proyecto del ALCA se vino abajo hace más de tres años, estas oficinas siguieron funcionando durante este tiempo sin que al parecer tuviera mayor sustento su existencia y la de los empleados que ahí trabajaron. Al menos en el directorio de la Sedeco no existe ninguna mención al ALCA, a su director, y se desconoce bajo qué partidas se mantuvo a las instalaciones y al personal.
La información del gobierno de Melquiades Morales Flores, disponible aún en internet, señala que el ALCA dejaría una derrama anual de mil millones de pesos una vez que Puebla obtuviera la sede permanente, superando a ciudades como Miami y Panamá.
Pero para ello, la administración estatal se comprometía a realizar una inversión similar tanto en la infraestructura de la ciudad de Puebla como en obras carreteras y de servicios en el interior del estado.
Tan sólo para el aeropuerto Hermanos Serdán, la administración de Morales Flores había planteado a los gobiernos extranjeros que ya existían inversiones “comprometidas” por 185 millones de dólares para la ampliación, así como 13 millones de dólares en “obras inmediatas” en el puerto aéreo; es decir, mil 980 millones de pesos según el tipo de cambio del dólar que en 2004 se encontraba a 10 pesos por unidad, esto a pesar de que sólo existía un vuelo internacional, el Puebla–Houston, que sólo era una vez a la semana, los días sábado, y que desapareció al poco tiempo.
A esas cantidades se sumaba un bono de 550 mil dólares –5 millones 500 mil pesos de entonces– que entregó la Agencia de Comercio de los Estados Unidos al gobierno estatal para financiar el estudio de factibilidad de ampliación del aeropuerto.
A la fecha se desconoce de cuánto fue la inversión total que hizo esa administración en la compra de predios y construcción de la sede de negocios del ALCA, pero desde este lunes las instalaciones de este lugar están abandonadas.
El documento “Elementos para la Evaluación de Puebla, México como Candidata a Sede Permanente del Área de Libre Comercio de las Américas”, reconoce que ese edificio fue construido en zona protegida por el Intituto Nacional de Antropología e Historia, y que cuenta con un total de 11 mil 345 metros cuadrados de superficie, ocupados para salones plenarios, oficinas administrativas, de negocios, de traductores, cafeterías, almacén, oficinas de documentos y “zona de vestigios”.