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Martes, 28 de julio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SUBEYBAJA 

¿Nos hundimos en la mediocracia?

 
RAMÓN BELTRÁN LÓPEZ

 

“México tiene todo para despegar; pero está condenado a la mediocridad por la mezquindad de su clase política”

Andrés Oppenhheimer

 

Politólogos, filósofos, filólogos y demás estudiosos de la política y del lenguaje utilizan la misma palabra, el mismo término, para describir dos fenómenos distintos.

Por una parte, y desde hace bastante tiempo, el escritor argentino José Ingenieros se refirió a uno de estos en su libro El hombre mediocre, obra que encendió la pasion de muchos jóvenes allá por la mitad del siglo pasado. Cuando los jóvenes todavía desfilaban por las calles convencidos de que era posible lograr una sociedad más justa y equitativa. Cuales eran las características, y como era el gobierno de los mediocres, fue descrito por Ingenieros en un lenguaje preciso, corrosivo, incisivo, ardiente.

Actualmente Raúl, Trejo Delarbre ha investigado otro fenómeno actual utilizando el mismo término; únicamente que con este se refiere al poder de los medios para controlar al gobierno y a la sociedad, para beneficio de unos cuantos: sus propietarios y usufructuarios. Es este un gobierno al servicio de uno de los poderes fácticos, el de los medios utilizados políticamente para manipular a los ciudadanos. Ambas aplicaciones parecen válidas, porque tanto los medios como los mediocres pueden llegar, y de hecho llegan, a dominar a un conglomerado social. Y es que el poder de los medios ha crecido conforme ha avanzado el progreso tecnológico de las comunicaciones. La revolución de las comunicaciones  ha favorecido esta nueva mediocracia y seguramente este mismo avance acabará sepultándola. Tal vez el primer indicio de esta decadencia lo hayamos tenido durante el proceso electoral estaduonidense cuando el equipo de Obama pudo contrarrestar el enorme poder mediático existente en ese país mediante sistemas de comunicación paralelos, principalmente del internet. Aunque es necesario mencionar que en el país del norte no existe un duopolio televisivo como el que sufrimos en México. El sueño de Goebbels, el estratega propagandístico de Hitler, quedaría materializado en un país con medios de comunicación tan limitados, con tan escasos contrapesos y tan acotados por quienes pagan la publicidad que estos difunden como nos está sucediendo en la actualidad.

¿Pero que hay de la otra mediocracia, la antigua, la de el poder político en manos de los mediocres? A juzgar por los resultados parece que se ha efectuado ya una nueva alianza, una entente cordiale, una estrecha asociación mutuamente beneficiosa entre medios y mediocres; entre los mediocres y los medios. 

Los unos son ambiciosos y manipulables, precisamente por ser tan ambiciosos como mediocres; mientras que los otros son aún más ambiciosos, pero sobre todo más manipuladores. Así ambos se utilizan mutuamente, se complementan, se ayudan y se benefician de los resultados. Y finalmente el país termina por ser gobernado por los mediocres y por los medios de comunicación (o sus propietarios), todos ellos cada día más ricos, cotidianamente más poderosos, permanentemente insaciables.

 

Las consecuencias están

a la vista de todos...

 

“No hay nada peor que un mediocre con poder.”

Leonardo Sternberg

Y aunque esta mediocracia doble pueda parecer anti–darwiniana porque en teoría, por la simple selección natural, los más aptos deberían ser quienes asumieran el liderazgo, así fuera parcialmente, como ya sucedió en la época juarista, o en la pos revolucionaria, en la del 29, o en alguna otra de las crisis que igualmente parecieron servir como  elemento galvanizador para que los mejores acudieran en auxilio y salvación de la patria, esto hasta ahora no ha sucedido.

Y mientras tanto el desaliento cunde por todos los estratos sociales. La clase adinerada abandona el país o se prepara para hacerlo, como consecuencia de la inseguridad, de la inestabilidad política y de la ausencia de figuras y de programas que marquen rumbos, que convenzan, que ofrezcan soluciones, que galvanicen voluntades. La clase media ve como se esfuman sus ahorros junto con sus esperanzas de mejoría, mientras que sus jóvenes tocan puerta tras puerta en busca de empleo, y los otros, los pobres, y los aún más pobres, la inmensa mayoría, únicamente cuenta con un sueño, el sueño americano, cada día más lejano, más distante, más inasible... Unos y otros se van, abandonan el barco. Canadá se ve obligado a exigir visas a quienes viajan como turistas para después solicitar asilo político en ese país. ¡Que vergüenza! Eso pasaba antes con los cubanos y era materia de alarmantes y amarillistas notas periodísticas dictadas y festejadas desde el Departamento de Estado. Los balseros de ahora son mexicanos; los que huyen ahora son paisanos; huyen del hambre, de la inseguridad, de la mediocracia...  

Porque parece que sexenio tras sexenio nos vamos hundiendo cada vez más en el pantano de la mediocridad, mientras que  los medios de comunicación fabrican a su antojo, y de acuerdo a sus necesidades, a la medida, a figuras de oropel cuyo único propósito parece ser el obtener votos en el siguiente proceso electoral, para inmediatamente demostrar su inmensa ineptitud, su crasa ignorancia, su falta de visión de estado, su corrupción... y desaparecer. Remember Montiel, remember Chente Fox... y muchos, muchos otros...

Porque...  

En política: el poder apendeja a los inteligentes y vuelve locos a los pendejos”

Dicho popular

Y ya tenemos y hemos padecido muchos locos, a demasiados, los que minimizan las más profundas crisis económicas para tratar de convertirlas en simples “catarritos”, o los que parecen estar convencidos de que gobernar es salir bravuconamente a retar a los delincuentes; o quienes piensan que la muerte de 48 niños por negligencia y corrupción puede quedar impune y sin consecuencias, o quienes ignoran o festinan el voto nulo y el abstencionismo intentando transformarlos en un cheque en blanco para quienes resultaron  triunfadores. Ejemplos sobran... Porque somos un país en crisis profunda y el votar no es suficiente, y tampoco basta con que haya elecciones para que seamos un estado democrático...

El estado democrático es el

imperio de la ley. Ya que la ley

regula las libertades y los derechos

y equilibra las desigualdades.

N. Bobbio.

En el México actual no existe el imperio de la ley, sino el de la impunidad. Las libertades y los derechos se encuentran acotados por las circunstancias del momento y del lugar, y las desigualdades de todo tipo, a cien años de la revolución mexicana,  lejos de disminuir, aumentan.

 
 
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