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Viernes, 3 de julio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

El cine y la televisión le hacen mucho mal al teatro en México, afirmó Juan Tovar

 

El dramaturgo, traductor, guionista y narrador Juan Tovar / Foto Abraham Paredes
YADIRA LLAVEN

“El cine le hace tanto mal al teatro en México, porque gran parte de los dramaturgos creen que están escribiendo cine o les gustaría hacer cine, y ya no se apoyan en el teatro escénico, sino en la imagen; además, es más fácil. ¿Y qué pasó con los diálogos?, nada, son lo de menos”.

“Y no sólo daña el cine, sino también la televisión. Son una mala influencia, aunque somos seres de la imagen, vivimos sumergidos en ellas y eso es inevitable. Como maestro de dramaturgia lo que más me cuesta es que los alumnos aprendan a escribir diálogos”, aseveró en entrevista, el dramaturgo, traductor, guionista y narrador Juan Tovar (Puebla, 1941).

“En el país si se puede hacer cine, siempre y cuando se tenga un papá rico o que te subsidien los gringos, como ha pasado con muchos mexicanos que han tenido que salir de México. Por ello, la llamada nacionalización del cine fue sólo truco para acabar con él”.

Tovar, quien estuvo acompañado de su familia, fue homenajeado ayer por las XVII Jornadas Internacionales de Teatro Latinoamericano, que organiza anualmente el Espacio 1900, la Universidad de Tennessee, y la Secretaría de Cultural.

Hay que destacar que Tovar, quien ha sido autor de cuentos, novelas –Lo que tengas tú de mí y El mar bajo la tierra, entre otras– y obras de teatro, como Las adoraciones, Manga de clavo, Manuscrito encontrado en Zaragoza y Cura de locura, tuvo como maestros a Juan José Arreola, Emilio Carballido, Rodolfo Usigli, Jorge Ibargüengoitia, y Luisa Josefina Hernández.

Como parte del reconocimiento, al mediodía se desarrolló una mesa redonda donde cuatro expertos hablaron detalladamente de su obra. Los ponentes estuvieron moderados por el dramaturgo Felipe Galván. En su participación, María Torres Ponce, de la UAP, platicó sobre la Pasión y destierro, Rivas Mercado–Tovar; Martha Elba del Río, también de la UAP, le siguió con La farsa en la Hhstoria de México; después Iris García Cuevas, actriz y maestra en Literatura Mexicana, habló de Santa Ana o la búsqueda de la identidad nacional en Manga de Clavo; y finamente Galván que amenamente platicó sobre El tropo de la ironía. Genealogía en la dramaturgia mexicana.

Posteriormente, La Jornada de Oriente abordó al Premio Nacional de Dramaturgia “Juan Ruiz de Alarcón” 2007 para que nos conversara de su quehacer literario, la situación actual del teatro en México –desde su óptica–, y de la censura que sufrió por parte de la UNAM.

–Hay quienes dicen que es difícil ser profeta en su tierra

–Es muy cierto. Hoy (ayer) es el primer homenaje que me hacen en Puebla… pero más vale tarde, que nunca.

–¿Cómo ve al teatro mexicano en estos momentos?

–Creo que está mal, como todo el arte en México. Por ejemplo, el máximo recinto, el Palacio de Bellas Artes está cerrado por “modernización”, y todavía no lo han abierto. En general esto del cambio de administración fue muy perjudicial para el arte.

–De acuerdo a lo que comenta, ¿ha mermado en la reciente administración federal el apoyo a las expresiones artísticas, en especial al teatro?

–Pues Bellas Artes es el mejor ejemplo y se está muriendo por inanición.

Por otro lado, “la UNAM sigue haciendo cosas, pero ya no mías, estoy en la lista negra por culpa del guión de Fort Bliss, prisión militar donde muere Victoriano Huerta; no obstante, hay que dejar en claro que sólo las universidades son la esperanza para que no se muera el teatro en México”.

–La cartelera teatral del país es abundante, pero en obras comerciales, que son vistas como un mero espectáculo.

–Claro, antes el buen teatro en gran medida dependía del subsidio, pero ahora el gobierno piensa que el arte no es importante, por eso nos están yendo mal.

“La última obra que me estrenó la Compañía Nacional de Teatro fue El nido, en 2004, y sólo tuvo 10 funciones y hasta le develaron placa y todo, cuando antes, como mínimo, debería producir 100 presentaciones. Ese es el ritmo de trabajo de ahora, que es bastante triste”.

 

“Fui vetado por la UNAM por hablar mal de Calles”

Tovar ha sido víctima de la censura en México en dos ocasiones. La primera fue por parte de la UNAM, cuando la Dirección de Difusión Cultural de la universidad estaba bajo la responsabilidad del escritor Ignacio Solares, quien le dio la negativa verbalmente al autor, con el argumento de que no se podía hablar bien de Victoriano Huerta ni mal de Plutarco Elías Calles. La segunda se dio durante la administración de Margarita López Portillo, hermana del ex presidente José López Portillo, cuando estuvo al frente de la Dirección de Radio, Televisión y Cine (RTC). Esa ocasión, al poblano se le había asignado la realización del guión para la cinta que hablaría de Antonieta Rivas Mercado; sin embargo, la funcionaria pidió que la historia fuera abordada por un cineasta español o francés, y es así que Carlos Saura asumió la dirección del filme.

–¿Cuál fue el argumento que dio la UNAM sobre el texto Fort Bliss?

–El único argumento que Rafael Castanedo logró, presunto director de la cinta, después de recorrer varias oficinas universitarias fue: ‘es que ustedes hablan mal de Plutarco Elías Calles, cuando el general fue el fundador del Estado mexicano contemporáneo, entonces no pueden esperar que el Estado les pague la película’. Y eso se dio muy a pesar de que todo estaba ya aprobado: el presupuesto, el reparto, las locaciones, y faltando una semana para rodar, vino el veto.

“Con ese vil pretexto de la UNAM nos quedamos contentos, aunque si vemos la cinta Antonieta, de Carlos Saura, que se filmó en lugar de nuestra película, nos podemos dar cuenta que hablan mucho peor de Calles. Nosotros no hablamos de la guerra cristera, y cómo Calles fue el que se robó las elecciones que ganó Vasconcelos, algo habría que decir en su contra, pero no lo señalamos como ‘asesino de cristianos’, como lo dice Saura.

“Esa vez no dijeron nada, porque lo estaban diciendo los europeos. Y el guión era de Jean Claude Carrière, quien trabajó al lado de Luis Buñuel. Ellos podían decir lo que quisieran, pero los mexicanos no”.

 
 
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