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Viernes, 3 de julio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CINE  

Noche de brujas

 

Fotograma de la película En Brujas
ALFREDO NAIME

A veces es el solo detalle magnético o “atrapante” el que motiva a ir al cine; el que nos invita a hacer un alto en el resto de nuestras actividades, para dirigirnos a la oscuridad de una sala que ha de ofrecernos justo eso por lo que pagas boleto: la irrepetible experiencia de ver y vivir una nueva película. Ojalá que el parlamento siguiente –el primero e inmediato que se escucha en el film en cuestión– sea precisamente ese detalle magnético, la sugerencia necesaria, para que a usted se le antoje verlo. En off, es la voz de Colin Farrell, saliendo desde la garganta de su personaje Ray Cranham: “Después de matarlos, tiré la pistola en el Támesis, me lavé de residuos las manos en el baño de un Burger King y me fui a casa a esperar instrucciones. Poco después, las instrucciones llegaron: ‘Lárguense de Londres, par de imbéciles; váyanse a Brujas’. Yo ni siquiera sabía en dónde diablos estaba Brujas. (Larga pausa). Está en Bélgica...”.

La película es En Brujas, ópera prima del inglés Martin McDonagh, nominada al Oscar por mejor guión original y señalada también para otras 42 diferentes nominaciones internacionales, de las que finalmente capturó 11. Tiene que ver con dos sicarios: el experimentado Ken (Brendan Gleeson) y el novato Ray (Farrell), quienes deben esconderse en dicha magnífica ciudad medieval después de que en Londres una misión se les tuerce feo. Mientras aguarda nuevas instrucciones de Harry (Ralph Fiennes) –el patrón– el dúo dedica su tiempo a “turistear” por la ciudad, que a Ken le parece esplendorosa e interesante, mientras que para la elementalidad de Ray no es sino un infernal agujero. Eso aún y cuando conoce a la bella Chloe (Clémence Poésy) y a un par de locals más, que le hacen bastante más llevadera la estancia. Por fin, las nuevas (y absolutamente inesperadas) instrucciones llegan, para un tercer acto definitorio –el menos feliz del todo– que, curiosamente, es capaz de virar el tono de la película, pero no su espíritu fundamental: ese que juguetea por el drama de conciencia, por la vida y la muerte como ruleta azarosa, y por los “principios”(!) de sus personajes centrales como asuntos de honor y no de moral. Todo ello en Brujas...(larga pausa)...que está en Bélgica.

En Brujas es un film sobresaliente –aunque no redondo– que desde ahora, a mitad del año, ya apunta para estar entre lo mejor que estrene en Puebla en este 2009. Funciona a partir de contrapuntos (muchos), siendo el principal un casi permanente matiz humorístico sobre circunstancias factual y potencialmente violentas. Esta fórmula de polos opuestos, que por eso se atraen, es lo que de base sustenta y cohesiona a la película a partir de la rara oportunidad de otorgar volumen, carácter, substancia –alma, pues– a esos dos matones que, ¡oh sorpresa!, tienen tanto códigos de conciencia como un concepto de mundo. El de Ken, crepuscular, maduro, ya matizado; el de Ray, elemental, en ciernes, aún no asumido pero ya de peso asfixiante. De ahí que el veterano parezca más un turista jubilado; de ahí también que el impetuoso, irritable joven entre en status de suicida inminente. En Brujas, como le digo...

Lo que no le he dicho es que en En Brujas –amable a ratos, violenta en otros– hay también, así como extraordinarias actuaciones, enanos (uno al menos), media docena de bajas (de todos tamaños), drogas (de las que no venden las droguerías), mucho espíritu antiyanqui (de gozosa mala leche), una embarazada que no teme al fuego cruzado (pero sí a que le regalen 200 euros), cortos pero formidables diálogos, harta palabrota (la misma de hecho, pero pronunciada más de 100 veces) y hasta un abrupto clímax a la Orson Welles (por lo que no es gratuita la referencia a Sombras del mal). Y todo, créame, en medio de ese omnipresente humor que bien funciona, sin estorbar. ¿Es esto posible? Supongo que sí, cuando estás oculto y refundido...en Brujas.

 
 
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