A cualquier variante de pregunta sobre intención del voto es común que los ciudadanos respondan que sí van a sufragar; esa es una respuesta socialmente correcta; similar a la de ¿paga impuestos?, por supuesto que sí. También es común preguntarles sobre la probabilidad de sufragar el día de la elección y la certeza de modificar o no la opción manifestada. Con esta última información, los encuestadores establecen un filtro para detectar a los votantes probables y así encabezan las tablas de frecuencia sobre intenciones de voto que presentan; algunos eliminan o reasignan a los que no manifestaron intenciones y sus resultados los presentan como intención de voto efectiva, que es lo más cercano a la votación válida de las elecciones (deducido del total de votos aquellas boletas que registran candidatos independientes, anulación del voto por error , consignación de leyendas o votación en blanco). Antier se publicó una docena de encuestas electorales, tanto nacionales como locales; las coincidencias son múltiples: el PRI aventaja al PAN con cinco puntos; los abstencionistas son más que los sufragantes; los ciudadanos que votarán en blanco son más que los que lo harán por el PT, Convergencia, Panal o por el Partido Social Demócrata, y si los ciudadanos tienen una valoración crítica de la economía, la política o la gestión presidencial, la ventaja del PRI sobre el PAN se incrementa, y cuando la valoración es en sentido opuesto, disminuye esa ventaja.
Los pasados días 26 y 27 de junio aplicamos una encuesta telefónica en el municipio de Puebla (publicada el 1/07/09 en este medio); con base en ella, es posible prever que la abstención probable en ese municipio será del 63 por ciento, la votación válida del 33 por ciento y los votos nulos del 4 por ciento; todos esos porcentajes son respecto a la lista nominal de electores. A mayor edad, mayor abstención y viceversa; los mejores porcentajes del voto nulo se registran entre los ciudadanos entre 40 y 59 años. La valoración de la economía hace diferencia en la intención de sufragar y en el destino del voto; los ciudadanos que perciben una situación de bonanza económica, prosperidad macroeconómica y un rumbo acertado en la gestión gubernamental tienden a votar en mayor proporción que aquellos que perciben una situación de crisis económica aguda y generalizada y creen que el rumbo del país es incorrecto. La valoración de las instituciones políticas y electorales hace también diferencia: los que creen que el voto se respeta acuden a sufragar en mayor proporción que aquellos que manifiestan lo contrario, y a mayor interés por la política, más sufragantes, incluidos los ciudadanos que sufragarán en blanco. Los que tienen una valoración negativa de la política votan en menor proporción que los que afirman lo contrario. A mayor cuestionamiento de la marcha de la economía o funcionamiento de las instituciones, aumenta la diferencia de intención del voto entre el PRI y el PAN.
De cada 100 ciudadanos que en el año 2006 tenían 18 años o más y que en esa ocasión votaron por Felipe Calderón, hoy 53 no irán a las urnas, 46 sufragarán por algún partido, y dos lo harán en blanco. De 100 ciudadanos de esa edad que en esa ocasión votaron por Andrés Manuel López Obrador, 54 no votarán hoy, 40 lo harán por algún partido, y seis emitirán su voto en blanco. De 100 que votaron por Roberto Madrazo hace tres años, hoy 46 no votarán y 54 lo harán por algún partido. La migración del voto más fuerte se registra entre el candidato presidencial que tuvo más votos en urnas y aquel al que ungieron presidente.