El desencanto de los electores y el perfeccionamiento de los estudios demoscópicos permiten hacer una distinción entre proceso y jornada electoral. Hoy sabemos quien ganó la campaña, pero hasta el domingo tendremos quien gana la jornada.
Los medios impresos y los despachos que realizan estudios de preferencia electoral asumen que los tres partidos grandes se repartirán el pastel, pero ninguno de ellos alcanza la mayoría absoluta.
El PRI se mantiene en el primer lugar, aunque en sus peores momentos ha bajado hasta los 30 puntos porcentuales se le augura que los electores le confirmará el 35 por ciento de quienes sufraguen el domingo.
El partido del presidente, el PAN, arrancó con 10 puntos abajo del PRI y la confrontación que hizo el presidente del blanquiazul le dio resultado para que su presencia no baje del 30 por ciento.
La izquierda, el PRD, regresó a sus niveles históricos de antes de 2006, y a pesar de las guerras intestinas que mantiene, una cantidad importante de ciudadanos le podría dar un 15 por ciento.
En el proceso el presidente de la República y el dirigente del PAN lastimaron a sus aliados, lo que hace que los partidos en la Cámara de Diputados jueguen de una manera distinta, lo que significa que el PRI y el PRD serán más cercanos.
Los temas económicos serán el centro del trabajo legislativo y en él la presencia del Ejecutivo será marginal, lo que le obligará a concentrarse en su guerra, con lo que adelantará el fin del sexenio.
En Tlaxcala, no sin competencia, la Alianza Ciudadana, que no el PAN, se alzará con los tres distritos, lo que permitirá iniciar la sucesión gubernamental con cambios en la estructura de la administración pública.