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Jueves, 2 de julio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 VOTAR, NO VOTAR, ANULAR ELVOTO  

Votar, anular o no votar

 
GUADALUPE ESPINOZA SAUCEDA

Frente a las próximas elecciones del 5 de julio ha cobrado fuerza entre cierto círculo de analistas políticos la posibilidad de no votar, o en otros, de anular el voto, anotando a una persona no registrada o simplemente marcando un voto nulo, como una forma de protesta y hartazgo ante la actual clase política que se encuentra incrustada en las esferas del Estado.

Lo que no ven nuestros actuales políticos y representantes “populares”, que de populares no sé cuánto tengan, es el cansancio y hartazgo de la ciudadanía respecto a los candidatos de los partidos políticos, llámense estos PRI, PAN, PRD, PSD, PV, Nueva Alianza y la demás “chiquillada”, que han visto una buena forma de vivir medrando de las canonjías públicas que les dispensa el Estado a través del Instituto Federal Electoral (IFE). A los ciudadanos de a pie nos resulta muy difícil distinguir a estas alturas quién es de izquierda, quién de derecha y quién de centro. No hay un partido que realmente represente los intereses de las amplias mayorías, sólo representan facciones y grupos de interés. Es una democracia de partidos, no de ciudadanos, que usa a estos últimos para legitimar a la clase política o gobernante.

Del PRI no hay duda que es un partido de derecha que agudizó su inclinación hacia ese lado desde 1982 con Miguel de la Madrid Hurtado, a quien recientemente mataron políticamente juzgándolo demente a instancias de su sucesor, Carlos Salinas de Gortari. Desde hace casi 30 años el partido se derechizó, aunque ya desde Manuel Ávila Camacho marchaba en ese sentido. El PAN, aunque en sus orígenes se proclamaba humanista, ha caminado también más a la derecha, sobre todo con la llegada de los “bárbaros del norte”, llámense estos Ernesto Ruffo Appel, Manuel J. Clouthier, Luis H. Álvarez, Francisco Barrios Terrazas, Fernando Elizondo, etcétera. Y el PRD, que nace a raíz de un gran fraude electoral en 1988 con la fusión de diferentes grupos de izquierda, donde han coexistido a lo largo de más de 20 años, hoy parece llegar a su fin en medio de una crisis que le hace dar sus estertores, agudizada ésta con la llegada a la dirigencia del partido Jesús Ortega Martínez, de la corriente o tribu conocida como “los Chuchos”, que muchos identifican con la izquierda pactadora, negociadora, con la “izquierda moderna” o como ellos se autonombran: Nueva Izquierda. Es una izquierda alejada de los movimientos, de las demandas ciudadanas. Todo indica que después del 5 de julio este partido se fracturará más de lo que está, dividido en dos polos, uno el encabezado por los Chuchos y otro por el movimiento lópezobradorista. No sabemos qué surgirá de este choque de trenes y qué será de la izquierda mexicana. Lo que sí sabemos es que la ciudadanía está muy desencantada de ellos.

Los institutos electorales, ya sea el federal o los locales, llaman a votar. Está fuerte la campaña mediática a hacerlo, a no despreciar la oportunidad, que no decidan otros por nosotros. Pero ¿qué caso tiene votar cuando en el 2006 en la elección presidencial nos robaron la elección a favor de Andrés Manuel López Obrador? ¿Cómo confiar en el IFE? ¿Cómo confiar en el Trife cuando resuelve a favor de Felipe Calderón Hinojosa, al que con justa razón llaman “el presidente espurio”? ¿Cómo confiar en las instituciones cuando la máxima figura, la presidencial, surge del fraude y está corrompida? ¿Quién nos garantiza que ahora sí se respetará la voluntad popular? ¿Por qué ahora sí debemos de creerles?

Escenario difícil tenemos los mexicanos cuando en política no hay abstenciones, todo cuenta, no hay vacíos, todo es toma de posición política, esto retomando la herencia del gran comunista italiano Antonio Gramsci. Alguien capitalizará en términos reales nuestro voto nulo, nuestra abstención. Recordemos de nueva cuenta que en política no hay vacíos. Lo más seguro es que lo capitalice la actual clase política que está cogobernando, PAN y PRI. Y que aunque la anulación del voto esté fuerte, lo cierto es que también está fuerte la campaña mediática que trae el PAN para que voten por sus candidatos, argumentando que ellos sí saben gobernar y realizan acciones responsables.

Lo que nos queda a los ciudadanos de a pie, más que votar o no votar, es fortalecer los derechos de la ciudadanía, los movimientos sociales, más allá de los actuales partidos políticos, retornar a las bases y desde ahí crear un nuevo ente que nos represente y que sea más ciudadano. Yo no creo en ninguno de los actuales partidos políticos. Creo también que ya están en descomposición. Han corrompido la política y su mística. No creo que con ellos vaya a mejorar nuestra situación política. Pero no nos desencantemos y perdamos la esperanza: Construyamos desde la sociedad al nuevo sujeto político.

Se trata de vivir más la democracia, ser más ciudadanos, o ser realmente ciudadanos. Participar siempre en la cosa pública, no sólo el ir a votar, porque la democracia no es eso, es una práctica constante.

La real democracia tiene que encarnar, hacerse carne, vivirla cada ser humano. 

 
 
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