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Miércoles, 1 de julio de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

¿Qué debo hacer por mi corazón?

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

 

Al revisar el tema del sistema cardiovascular, debemos enfocar nuestra mirada a una capa unicelular que reviste todo el sistema, el endotelio. Sin olvidar que, aunque el sistema cardiovascular se presenta como una estructura simple, un corazón, las arterias y las venas, éste es un conjunto de órganos donde interactúan varios sistemas del cuerpo. La concertación fisiológica de estos sistemas hace posible el control de la presión arterial, la hidratación del cuerpo, la alimentación y oxigenación de los tejidos, la defensa del organismo y así otras tantas funciones necesarias para la sobrevivencia del cuerpo. A nivel molecular la complejidad alcanza niveles todavía más extremos.

Los factores de riesgo que actúan directamente sobre el sistema cardiovascular son los mismos que alteran el funcionamiento de esta fina capa de células llamada endotelio. La capa endotelial reviste, en su parte interna, a las arterias y a las venas. En el corazón la capa recibe el nombre de endocardio y en las terminaciones arteriales forman los capilares. Esta capa de células detecta los cambios en las fuerzas hemodinámicas que actúan sobre la pared vascular, responde a las señales químicas que se transportan en la sangre, permite el intercambio de nutrientes y desechos y participa directamente en el mantenimiento de la integridad del sistema cardiovascular. Por eso la disfunción endotelial es la responsable de numerosas enfermedades como la arteriosclerosis, la hipertensión arterial, la trombosis, la vasculitis y otras.

El mantenimiento del endotelio parece una tarea difícil; sin embargo, hay cosas que podemos hacer y que están a nuestro alcance. Por ejemplo, el consumo de Omega–3. Los ácidos grasos poliinsaturado Omega–3 (ácido ecosapentaenoico y ácido docosahexaenoico), son el agente activo, primordialmente responsable del efecto benéfico que tiene el pescado y los mariscos sobre el endotelial. El Omega–3 reduce los niveles de triglicéridos en sangre e inhibe la agregación plaquetaria. Además, el Omega–3 podría estar actuando en la prevención de la formación de trombos a través de la disminución de la viscosidad de la sangre, lo que ayudaría a bajar los niveles de presión sanguínea.1 Junto al pescado, el aceite de oliva es de tus mejores aliados en la reducción del consumo de grasas saturadas.

La mejor estrategia para mantener un endotelial funcionalmente eficiente es el entrenamiento físico. La actividad física estimula el metabolismo de las grasas y reduce los niveles circulantes de grasa en la sangre (triglicéridos y colesterol). Al ejercitarnos físicamente el endotelio se estimula y como respuesta libera sustancias vasodilatadoras. La capacidad del endotelio para dilatarse y contraerse facilita la irrigación sanguínea y previene la hipertensión. Altos niveles de actividad física están asociados con la reducción de enfermedad coronaria del corazón, de incidencias de cáncer, de caídas, y de incapacidad física. El entrenamiento aumenta la tasa metabólica máxima y la resistencia, ya que incrementa el tamaño del corazón, el número de vasos sanguíneos, la masa muscular y la densidad de máquinas enzimáticas, además, aumenta el número de mitocondrias en los músculos.2

Recientemente se ha publicado que el té verde previene la aterosclerosis. Todo indica que los compuestos polifenoles del té verde, en especial el epigalocatequina–3–galato, son los responsables de la reducción de la tasa de mortalidad por enfermedad cardiovascular, independientemente del perfil de riesgo. La mayoría de los polifenoles muestran una potente actividad antioxidante a través de la captación de especies reactivas de oxígeno. Las especies reactivas de oxígeno son importantes moléculas de señalización en los vasos sanguíneos. Sin embargo, cuando existe un desbalance entre su formación y los mecanismos anti–oxidante de defensa se provoca una reducción en la bio–disponibilidad óxido nítrico, sustancia dilatadora, que produce el endotelio. Este proceso se llama estrés exudativo y ha sido propuesto como uno de los mecanismos involucrados en la disfunción endotelial.3

Los polifenoles se hallan ampliamente distribuidos en el reino vegetal. Forman parte de nuestra dieta a través de la ingesta de frutas y hortalizas y derivados (zumos, vinos y té). Todos estos productos están a nuestro alcance, son una fuente considerable de compuestos polifenólicos, y pueden contribuir en cantidad y variedad al ingreso de antioxidantes en la dieta y por consiguiente ayudarnos en la prevención de la arteriosclerosis.  

El café, como el té y el vino, contienen importantes antioxidantes, tales como los ácidos clorogénico y cafeico. Esta acción anti–oxidante se ha identificado con la reducción en el riesgo de desarrollar diabetes. Los niveles elevados de azúcar en sangre afectan directamente el funcionamiento del endotelio. Por consiguiente, la prevención de la diabetes tipo II es de importancia crucial en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Aunque no se conocen los mecanismos biológicos detrás de esta asociación inversa entre el café y el riego de desarrollar diabetes, se han propuesto varios mecanismos posibles que explicarían este fenómeno. El efecto protector del café podría darse gracias a la actividad del ácido clorogénico.4 Si no metaboliza correctamente la cafeína debe tomar café del tipo descafeinado ya que éste podría afectar su corazón. Además, evite el café de olla, el cual  aumenta los niveles de colesterol en sangre.5

El daño que el tabaco hace sobre el revestimiento de la parte interna de los vasos sanguíneos (endotelio) es mortal. Las células endoteliales que se exponen al humo del tabaco se distorsionan. La funcionalidad endotelial presenta cambios muy marcados, como por ejemplo, disminuye la enzima responsable de la producción del óxido nítrico (ON), lo que hace que el endotelio pierda la capacidad de inducir la dilatación arterial. Además, los productos del tabaco aumentan las sustancias que permiten la adherencia de células inmunológica y aumenta la posibilidad de formación de coágulos.  

Al igual que el tabaco, las grasas trans–saturadas son veneno para el endotelio. Las grasas trans–saturadas alteran el metabolismo de los lípidos corporales aumentando el LDL (colesterol malo) y disminuyendo el HDL (colesterol bueno). A diferencia de las grasas saturadas que sólo aumentan los niveles sanguíneos de LDL (colesterol malo), las grasas trans–saturadas no sólo aumentan el LDL (colesterol malo) sino que también disminuyen los niveles plasmáticos del HDL (colesterol bueno) y reduce el tamaño de las partículas de LDL haciéndolas más propensas adherirse a las paredes de las arterias. Además, estimula la actividad inflamatoria lesionando las células de la pared de las arterias (endotelio), lo que hace que aumente el riego de trombosis, aumentando así el riesgo cardiovascular en general.

No es difícil llevar un estilo de vida saludable. El incluir el pescado y los mariscos en la dieta puede salvar nuestra vida. Incorporar el ejercicio a nuestra rutina diaria estimulará el buen funcionamiento del sistema cardiovascular. Una alimentación con frutas y verduras, baja en grasas saturadas y trans–saturadas, acompañadas de bebidas energizantés como el café y el té verde, no es costosa y mantendrá las especies reactivas de oxígeno en balance. En nuestro plan de vida saludable sólo nos faltaría añadir el control de los niveles de azúcar, de colesterol y de triglicéridos en sangre, así como una vigilancia estricta de la presión arterial. No olvidemos que el tabaco es incompatible con la vida.

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx

1 JAMA Vol 287, No.14 ; Adv Stud Med. Vol 5, No 8. 

2 Nature Reviews, Neuroscience; 9,

January 2008, 65

3 JAMA Vol. 296, No 10.

4 JAMA Vol. 294, No 1.

5 JAMA Vol. 296, No 10

 
 
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