Después de trabajar como reparador de calzado, carpintero vidriero y en el sector de la construcción, Luciano López Ramos encontró en el oficio de montar fotografías, pinturas, diplomas, títulos y reconocimientos en cuadros y bastidores un gusto que lo llevó a abrir un pequeño negocio en la ciudad de Tlaxcala, aunque eso no ha suplido su afición por la música.
Su trabajo de tres días a la semana le gusta porque a través de su negocio ha podido conocer a personas de todas clases sociales, pues lo mismo atiende a gente humilde que solicita montar en un cuadro una fotografía familiar de hace muchos años que a funcionarios públicos, artistas y gente de “la alta sociedad” para que proteja sus pinturas o títulos que adornarán sus hogares y oficinas, o que se exhibirán en exposiciones de carácter cultural.
En virtud de que Luciano López es policía estatal, su horario de trabajo es de 24 por 24 horas, esto es, labora un día completo y descansa otro, lo que le permite atender su negocio tres días a la semana y del resto se encarga su hijo Antonio Nicolás.
–¿Cuánto tiempo lleva en este oficio?
–Aprendí a montar cuadros y a hacer bastidores hace 20 años, pues en ese tiempo mi hermano Rodrigo trabajaba en un negocio de este tipo y su patrón le dijo que requería de otro ayudante. En ese entonces apoyaba a mi mamá en una reparadora de calzado, pero acepté la propuesta de mi hermano y me fui para allá.
Luciano es originario de San Hipólito Chimalpa y actualmente tiene 41 años de edad, de los cuales los últimos cuatro los ha dedicado a hacer cuadros y bastidores.
–¿Por qué le gusta este trabajo?–, se le pregunta.
–Porque tengo relación con todo tipo de gente, desde la persona más humilde que trae una fotografía del abuelito o del tío de hace mucho tiempo hasta la gente más refinada, como artistas, pintores, fotógrafos, que viene con sus obras para que las monte en un cuadro. También vienen funcionarios públicos.
Destaca que en este oficio tiene bastante trabajo, aunque no se ha escapado de los efectos de la crisis económica desde febrero pasado, pues desde ese mes la gente que llega a solicitar un trabajo deja pasar mucho tiempo para regresar por el cuadro o el bastidor, lo cual le genera un problema porque no tiene dinero en efectivo para comprar más material.
–¿Qué debe uno aprender para dedicarse a este oficio?
–Primero debe uno aprender a cortar y lijar la madera con la que se armará el cuadro o el bastidor, después a entintar y barnizar, para posteriormente armar el cuadro y montar la fotografía, la pintura o el documento que haya entregado el cliente.
Aclara que en su negocio sólo hace cuadros y bastidores, porque han llegado personas a solicitarle que le haga un perchero o una repisa, pero aunque los sabe armar, no es el giro al que se dedica. Lo que sí hace es reparar marcos o bastidores.
–¿Qué insumos utiliza en su negocio?–, se le inquiere.
–Utilizo madera, vidrio, solventes, cartulinas, colgaderas, clavos y a veces bisagras y remaches, estos últimos para los portarretratos.
–¿Qué parámetros utiliza para fijar el precio de su trabajo?
–El precio está sujeto a la superficie del cuadro o bastidor que voy a armar, debido a que el triplay y el vidrio lo empleo por metro cuadrado, mientras el marco lo cotizo por metro lineal. También agrego el costo del barniz y los accesorios para hacer la suma total.
–¿Cuánto obtiene de ganancia por su trabajo?
–La utilidad que tengo es del 50 por ciento por trabajo.
El pequeño espacio donde está ubicado su negocio en la ciudad capital lo renta en mil 500 pesos, más aparte los servicios de energía eléctrica y agua potable.
–¿Qué piensa cuando ve las obras o los documentos que monta en un marco o bastidor?
–Después de que se cierra el pedido, mi esposa, mi hijo y yo admiramos lo que traen, ya sea una pintura, una acuarela o una foto y a veces identificamos al pintor que lo elaboró y decimos, ya lo conocemos o no.
“Lo que le digo a mi hijo es que debe encontrarle el sentido a su trabajo, para que lo haga con amor y se encariñe con el negocio. Creo que el trabajo que uno elige es porque nos gusta”, apunta.
No obstante, Luciano revela que su mayor sueño de adolescente fue ser músico profesional, pero “mi padre siempre se opuso y me decía que los músicos eran borrachos, mujeriegos y fumadores, de tal manera que tuve que buscar un trabajo porque ya no fui a la escuela”.
Su hijo ha tenido que trabajar la mitad de la semana en su negocio, porque Luciano debe atender su responsabilidad como elemento de la Policía Estatal, aunque en el fondo aún añora su participación en los grupos musicales donde tocaba la batería y era el vocalista.
“La música era mi hobbie, como a quien le gusta el fútbol, pero después de 14 años de música me dije: mi familia me necesita, y ahora disfruto la compañía y la convivencia de mi esposa Yolanda y de mis hijos Antonio y Mitchel”